La IA y las industrias emergentes añadirán hasta 48 billones de dólares a la economía mundial en 2040

Un grupo de 18 industrias lideradas por la IA podría sumar hasta 48 billones de dólares a la economía mundial para 2040, según McKinsey.

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Representación visual de la Inteligencia Artificial ANDRE M. CHANG / ZUMA PRESS / CONTACTOPHOTO

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Un bloque de 18 industrias consideradas estratégicas, definidas como 'arenas' e integradas por ámbitos como la inteligencia artificial (IA), el comercio electrónico, el software, los vehículos eléctricos, los semiconductores, el espacio o la robótica, se consolida como el gran motor del crecimiento futuro, con potencial para aportar hasta 48 billones de dólares en ingresos de aquí a 2040.

Así lo detalla el último informe de McKinsey Global Institute, “The race takes off in the next big arenas of competition” (La carrera se traslada a las próximas arenas del crecimiento), que subraya que su peso es ya tan relevante que están tirando del avance económico mundial. Desde 2022, el valor bursátil de estas industrias de futuro ha crecido cuatro veces más deprisa que el del resto de sectores y su facturación se ha multiplicado por diez.

El documento examina, entre otros elementos, la rápida expansión del ecosistema de la IA y la irrupción de los “omniscalers”, megaempresas tecnológicas que están redefiniendo la pugna por el liderazgo corporativo a escala global. El informe pone el foco en la aceleración del ámbito de la IA, que abarca semiconductores, servicios en la nube y software especializado.

En los últimos tres años, este entramado tecnológico ha generado 500.000 millones de dólares adicionales en ingresos y ha sumado cerca de 11 billones de dólares a la capitalización bursátil mundial. En conjunto, conforma la infraestructura que sostiene el desarrollo de la denominada “IA física”, gracias a la cual sistemas como drones y robots autónomos pueden interactuar con su entorno mediante capacidades avanzadas de percepción y toma de decisiones en tiempo real.

La consultora remarca que “la magnitud de esta inversión no tiene precedentes”. Detalla que siete grandes compañías del sector -Amazon, Alphabet, Meta, Microsoft, TSMC, Oracle y Nvidia- habrán elevado su inversión conjunta en I+D y bienes de equipo (CAPEX) hasta los 750.000 millones de dólares en 2025, una cifra superior al gasto público anual total de Estados Unidos en infraestructuras hídricas y de transporte. Con las proyecciones actuales, este volumen podría aproximarse al billón de dólares a finales de 2026.

El análisis incide en que se ha desatado una carrera inversora sin parangón que está construyendo la base tecnológica sobre la que se apoyarán el resto de sectores. Según McKinsey, las compañías que diseñan y ponen en marcha esta capacidad de computación a gran escala son las que están capturando hoy la mayor parte de los beneficios.

Nuevas palancas de crecimiento

Mientras los negocios digitales, como el comercio electrónico y la publicidad online, siguen acaparando cuotas récord de la economía, varias industrias de carácter físico han alcanzado ya un punto de inflexión. El informe cita hitos de adopción masiva que ilustran este giro, como los vehículos autónomos compartidos o robotaxis, que operan comercialmente o en fase piloto en unas 30 ciudades de Estados Unidos, China y Emiratos Árabes Unidos.

Este dinamismo ha consolidado la aparición de los “omniscalers” como un nuevo tipo de actor global. Este grupo, integrado por nueve grandes corporaciones -Alibaba, Alphabet, Amazon, Apple, Huawei, Meta, Microsoft, Samsung y Tesla-, se apoya en su dominio de la IA y el software para escalar en múltiples industrias físicas y competir de forma simultánea en distintas “arenas” estratégicas.

En conjunto, estos gigantes generaron un flujo de caja operativo de 700.000 millones de dólares en 2025 y destinaron más de 800.000 millones a I+D y gasto de capital ese mismo año, una intensidad de inversión tres veces mayor que la del resto de sectores.

A diferencia de los conglomerados clásicos, los “omniscalers” explotan su tamaño para reutilizar infraestructuras clave -como la computación en la nube, las redes logísticas o sus enormes bases de datos- en cada nuevo mercado al que se expanden.

Según McKinsey, esta ventaja estructural les permite recortar de forma drástica los costes marginales de expansión y acelerar su curva de aprendizaje. Actualmente operan, de media, en seis “arenas” de crecimiento a la vez y, en casos como Alphabet, generan ingresos en hasta nueve sectores distintos.

Europa ante el reto global

El informe sostiene que la pugna por el liderazgo en las industrias del futuro tiene dos polos claros: Estados Unidos y China, que concentran en torno al 90*% del valor de mercado de las 18 industrias clave.

Las compañías estadounidenses encabezan 14 de estas 18 áreas por capitalización bursátil, mientras que China domina la electrificación, con el 70*% del valor global en baterías y fisión nuclear, y lidera el mercado de vehículos eléctricos, cuyas ventas superaron a mediados de 2025 a las de automóviles de combustión.

En contraste, la presencia de las empresas europeas en estos sectores de alto crecimiento apenas llega al 7% de su capitalización total. Aunque Europa conserva posiciones fuertes en biotecnología no médica, con el 45*% del valor mundial, y en equipos para semiconductores, el estudio calcula una brecha anual de inversión tecnológica de unos 880.000 millones de euros respecto a Estados Unidos.

El documento advierte de que el éxito en estas nuevas industrias no depende solo de disponer de la tecnología, sino de quién es capaz de escalarla globalmente con mayor rapidez. Europa cuenta con fortalezas en nichos concretos, pero necesita movilizar capital con más ambición y agilizar sus marcos regulatorios si quiere competir con el empuje de los “omniscalers” estadounidenses y el avance de China, según el análisis.

La importancia de un “radar de arenas”

El informe concluye que la dimensión y el alcance de estas 18 industrias han alcanzado ya una masa crítica, hasta el punto de que prácticamente cualquier organización se ve afectada por sus dinámicas. Para las empresas tradicionales, la proximidad a estas “arenas” puede transformar de forma radical tanto su estructura de costes como su capacidad de crear valor.

En este escenario, las compañías deben activar un “radar estratégico” que les permita determinar si su negocio compite de forma directa en una arena, si actúa como proveedor esencial o si se sitúa en la periferia.

En este contexto, McKinsey considera que “no reaccionar con agilidad ante estos ciclos de inversión acelerada implica el riesgo de quedar fuera de la dinámica del crecimiento económico global”.