La productividad en España avanza un 1,4% anual desde 2020 y se desmarca del bloqueo europeo

España lidera el avance de productividad en la UE desde 2020, pero arrastra menor PIB per cápita y una preocupante caída en la creación neta de empresas.

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La bandera de España en una visual de los  tejados de Madird desde la Torre Colón.  Eduardo Parra - Europa Press

La bandera de España en una visual de los tejados de Madird desde la Torre Colón. Eduardo Parra - Europa Press

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La productividad total de los factores (PTF) en España ha registrado desde 2020 un crecimiento medio anual del 1,4%, en contraste con el estancamiento de la UE-27 y las caídas de economías como Alemania (-0,3%) y Francia (-0,6%). Este avance ha reforzado el papel de la productividad en el impulso del Producto Interior Bruto (PIB) nacional.

Estas conclusiones proceden del último informe del “Observatorio de Productividad y Competitividad en España”, difundido este viernes por la Fundación BBVA y el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (Ivie).

Según el documento, los fuertes shocks sufridos por la economía mundial en los últimos años apenas han desviado la trayectoria española, ya que desde 2020 el crecimiento del país supera al promedio europeo.

En particular, el PIB per cápita de España es el segundo que más progresa entre las economías europeas avanzadas desde la pandemia, con un incremento anual del 3,78%, solo por detrás de Italia (3,87%) y claramente por encima de la media de la EU-27 (2,42%) y de países como Alemania (0,65%).

“La fuerte creación de empleo, con un 11,7% más de ocupados entre 2020 y 2024 (2,4 millones más de trabajadores), y las mejoras en la eficiencia productiva, que crece un 1,4% anual en el mismo periodo, explican estos resultados positivos”, señalan los expertos en el estudio.

Los últimos datos del Observatorio de 2025 indican que la PTF española avanzó casi un 2% en 2024 (último ejercicio completo disponible), frente al descenso del -0,7% en la media de la UE. Desde 2020, el aumento medio anual del 1,4% supone la mejor marca desde 1995, mientras que en la Eurozona la productividad permanece congelada en el 0%.

No obstante, los autores subrayan que estas ganancias deberán sostenerse en el tiempo para compensar los retrocesos acumulados en los años 90 y durante la Gran Recesión, cuando se evidenció el problema de la baja utilización de una intensa inversión en activos inmobiliarios de escasa productividad durante el ‘boom’ de la construcción.

En la etapa posterior al covid-19, el estancamiento de la inversión total en torno al 20% del PIB se ha visto equilibrado por una mejor utilización del capital existente y por un giro hacia activos más productivos, en especial intangibles como el software, la I+D, la formación de capital humano en la empresa, la inversión en mejoras organizativas, el diseño, la publicidad o los datos.

En los últimos cuatro años, la mayoría de ramas de actividad han mejorado de forma clara su eficiencia productiva (PTF). Sin embargo, el grueso de las ganancias de productividad agregadas procede de los sectores de mercado (fundamentalmente empresas privadas), mientras que en los sectores de no mercado (educación, sanidad, servicios sociales públicos y privados, inmobiliario y actividades de la Administración pública) apenas se observan avances.

El informe destaca también que las compañías exportadoras impulsan la productividad nacional por su especialización en actividades de mayor intensidad tecnológica y por ser, a menudo, organizaciones muy eficientes. Aun así, los autores alertan de la ralentización de las ventas exteriores de bienes desde 2022, con especial preocupación por el automóvil, a diferencia de ramas como la industria química y farmacéutica o la alimentaria, que mantienen un desempeño positivo.

Diferencias territoriales en eficiencia productiva

En el plano regional, el estudio constata que tras la pandemia se produce una mejora evidente de la productividad en casi todas las comunidades autónomas, salvo en Extremadura, donde la eficiencia productiva ya permaneció prácticamente inmóvil en el periodo 1995-2020 y pasa a terreno negativo (-0,87%) entre 2020 y 2023.

De este modo, Extremadura es la única región que registra una pérdida de eficiencia en los años posteriores al covid-19. El resto de comunidades experimenta un avance significativo, con un salto especialmente notable en Baleares y Canarias, que han pasado de situarse a la cola de la productividad entre 1995 y 2020 a encabezar las mejoras de eficiencia en la etapa reciente. “Este resultado puede estar muy influido por el efecto de la intensa caída de su actividad económica durante la pandemia y la posterior recuperación”, han explicado los expertos.

Junto a Baleares y Canarias, también muestran un comportamiento especialmente favorable desde la covid-19 el País Vasco, Cataluña, Castilla y León, Galicia y la Comunidad Valenciana.

PIB per cápita aún por debajo de la media comunitaria

Pese al avance, el informe concluye que el nuevo patrón de crecimiento español, apoyado ahora en mejoras de productividad, solo permite acortar parcialmente la brecha con el PIB por habitante de la UE-27, que sigue siendo un 18% superior al español.

“A pesar de que seguimos por debajo de la media europea en PIB per cápita, ahora crecemos más gracias a las mejoras en eficiencia productiva”, han destacado los autores.

Menor dinamismo empresarial y creación de compañías

Los especialistas advierten, sin embargo, de que la dinámica empresarial se ha convertido en un freno para las mejoras agregadas de productividad, ya que la creación de empresas se ha debilitado en los últimos años.

La tasa de creación neta de empresas (diferencia entre las compañías que nacen y las que desaparecen cada año, en relación con el total existente) es sistemáticamente negativa desde 2008.

En 2022, último ejercicio con datos, ya en plena recuperación pospandemia, la creación neta de empresas de 2 o más trabajadores se situó en el -2,9%, por debajo de la mayoría de países del entorno. Lo más preocupante, según el informe, es que este indicador acumula valores negativos desde el inicio de la Gran Recesión.

El estudio señala que la caída de la tasa neta de creación afecta de forma generalizada a casi todos los sectores y se concentra sobre todo en las microempresas y, en menor medida, en las pequeñas compañías.

Ante este escenario, el informe propone reforzar el dinamismo empresarial y mejorar las competencias de la población para consolidar los avances en productividad.

En esta línea, los autores apuntan que el despliegue de la Inteligencia Artificial puede convertirse en un motor de productividad si se acompaña de inversión en activos intangibles, en particular en la formación de trabajadores y empresarios, de forma que las empresas puedan aprovechar plenamente el potencial de la IA.