Los Estados miembro de la Unión Europea han dado este lunes su visto bueno definitivo a un nuevo reglamento que fija la retirada escalonada, desde 2027, de las importaciones de gas ruso por gasoducto y de gas natural licuado (GNL) hacia el territorio comunitario. Se trata de un movimiento clave para que la UE ponga fin de manera permanente a su dependencia de la energía procedente de Rusia.
El texto ha salido adelante por mayoría cualificada, con el voto en contra de Hungría y Eslovaquia y la abstención de Bulgaria. La norma establece que las compras de GNL ruso quedarán vetadas a comienzos de 2027, mientras que las importaciones de gas canalizado se bloquearán a partir del otoño de ese mismo año. Al mismo tiempo, se contempla un periodo transitorio para los contratos ya firmados con el fin de “limitar el impacto” de la medida sobre los precios y el funcionamiento de los mercados.
“A partir de hoy, el mercado energético de la UE será más fuerte, más resiliente y más diversificado. Estamos rompiendo con la dependencia perjudicial del gas ruso y dando un paso importante, en un espíritu de solidaridad y cooperación, hacia una unión energética autónoma”, ha afirmado Michael Damianos, ministro de Energía, Comercio e Industria de Chipre, país que ejerce la Presidencia rotatoria del Consejo de la UE.
Los Veintisiete han introducido además una nueva obligación: los Estados deberán comprobar el país de origen de cualquier suministro de gas antes de autorizar su entrada en la Unión. Con ello se pretende impedir que el gas ruso llegue de forma indirecta mediante operaciones de compraventa con terceros países.
El incumplimiento de estas disposiciones, que empezarán a aplicarse el 2 de febrero, fecha prevista para su publicación en el Diario Oficial de la UE, podrá conllevar sanciones máximas de al menos 2,5 millones de euros en el caso de personas físicas y de un mínimo de 40 millones de euros para empresas. También se fija un umbral de, como mínimo, el 3,5% del volumen de negocios anual total mundial de la compañía o del 300% del volumen de negocios estimado de la operación afectada.
Sistema de salvaguarda y planes de diversificación
De aquí al 1 de marzo de 2026, los países de la UE tendrán que diseñar planes nacionales para diversificar sus fuentes de suministro de gas e identificar “los posibles desafíos” que plantea la sustitución del gas ruso. Las compañías deberán informar a las autoridades nacionales y a la Comisión de cualquier contrato pendiente relacionado con gas ruso, mientras que los Estados que todavía adquieran petróleo ruso estarán obligados a presentar sus propios planes de diversificación.
El reglamento incorpora una cláusula de salvaguarda que permite reconectar con el gas ruso “en caso de declaración de emergencia” o si la seguridad del suministro “se ve seriamente amenazada en uno o más países de la UE”. En tal supuesto, la Comisión podría suspender temporalmente la prohibición de importación por un periodo máximo de cuatro semanas.
Paralelamente, la institución encabezada por la alemana Ursula von der Leyen prevé impulsar nueva normativa para poner fin de forma gradual a las compras de petróleo ruso a finales de 2027.
El respaldo de los Veintisiete constituye el último trámite para culminar el abandono de las compras de gas ruso, después de que el pasado 17 de diciembre el pleno del Parlamento Europeo aprobara el acuerdo alcanzado en Estrasburgo (Francia) con 500 votos a favor, 120 en contra y 32 abstenciones, quedando únicamente pendiente la ratificación formal de los Estados miembro para su entrada en vigor.
Pese a que, tras la invasión rusa de Ucrania, los líderes comunitarios se comprometieron a reducir cuanto antes la dependencia de los combustibles fósiles procedentes de Rusia, el gas ruso sigue representando en la actualidad el 13% de las importaciones energéticas de la Unión en 2025, frente al peso del petróleo ruso, que se situó por debajo del 3% en 2025.