El economista jefe de Tressis, Daniel Lacalle, ha descartado que se esté gestando una burbuja en el ámbito de la inteligencia artificial y ha subrayado que “esa visión apocalíptica no tiene ningún sentido”.
Durante la presentación de las perspectivas de la firma para 2026 celebrada este jueves, Lacalle ha argumentado que el nivel de deuda de las compañías centradas en IA es “muy bajo” y que su modelo de negocio no pasa por encarecer sus productos para recuperar las inversiones, sino por invertir precisamente para abaratar y ampliar el acceso a sus soluciones.
“Las empresas de inteligencia artificial invierten en IA para bajar el precio, para que Perplexity, en vez de costar 30 dólares al mes, cueste 15. No necesita subir a 55 dólares para repagar la deuda”, ha señalado, poniendo como ejemplo el impacto de estas inversiones en los precios finales.
También ha cuestionado la equiparación con la burbuja de las 'puntocom', un episodio que, a su juicio, “no existió”. “Lo que hubo fue el fraude de Enron y de WorldCom”, ha recordado, remarcando que gigantes tecnológicos como Microsoft continúan operando y son hoy “muchísimo mayores” que a comienzos de los años 2000.
En su opinión, el temor a una burbuja de la inteligencia artificial se utiliza como distracción frente a lo que considera el verdadero foco de riesgo. “¿Por qué se lanza al mercado el miedo a la burbuja de la inteligencia artificial? Esto ocurre, al igual que con otros casos, siempre que aparece la evidencia de la verdadera burbuja, que es la de deuda soberana”, ha defendido.
El consejero delegado de Tressis, José Miguel Maté, ha coincidido en que la tecnología está actuando como un elemento “muy potente” de cambio de paradigma en las valoraciones bursátiles y está impulsando unas expectativas particularmente exigentes de cara a 2026.
Maté detalla que las previsiones de crecimiento del beneficio empresarial en Estados Unidos para este año se sitúan en un “doble dígito alto”, por encima del 16%, y que para Europa también se manejan tasas de incremento de dos dígitos.
“Esto es un factor de riesgo porque, si no se cumplen las expectativas, en cualquiera de los dos casos, puede ser una fuente de volatilidad y de frustración”, ha advertido, recomendando a los inversores vigilar de cerca la evolución de los beneficios, que junto con la liquidez han sido el “claro motor” del buen tono de los mercados en 2025.
El ejecutivo admite que pueden producirse “correcciones o momentos de volatilidad” en el sector tecnológico, pero considera que, desde la óptica de inversión, investigación y desarrollo, generación de caja y beneficios, el riesgo es “muy limitado”. En este sentido, no se ha mostrado inquieto por la trayectoria ni por la concentración de las denominadas 'Las 7 magníficas' (Alphabet, Amazon, Apple, Meta, Microsoft, Nvidia y Tesla).
De cara a 2026, Maté se pregunta hasta qué punto la fuerte inversión en inteligencia artificial se extenderá a otras actividades. “Uno de los factores que consideramos para 2026 es si toda esta inversión masiva en inteligencia artificial tiene mayor amplitud y se va contagiando a otros sectores. Si todo el ecosistema relacionado con la IA, que no tiene solo que ver con la investigación y desarrollo de los semiconductores, sino con la mejora de la productividad para muchos sectores, empieza a dar resultados en términos de crecimiento de resultados empresariales. Parte de esas expectativas están recogidas en ese más del 16% para el S&P en el 2026. Y son exigentes”, ha remarcado.
Riesgo de inflación y escenario macro en 2026
Según Tressis, 2026 vendrá marcado por un crecimiento mundial “débil” pero sin recesión, condicionado por “elevados niveles de deuda, un entorno fiscal exigente y un escenario monetario que seguirá siendo acomodaticio”.
“El mundo entra en una fase de crecimiento estructuralmente más pobre, en el que la abundancia de liquidez convive con una inflación que no termina de desaparecer y con niveles de deuda que limitan el margen de actuación de gobiernos y bancos centrales”, sostiene Maté al describir el nuevo entorno económico.
En el plano macroeconómico, la firma prevé que Estados Unidos continúe a la cabeza del crecimiento entre las economías avanzadas, apoyado en su dinamismo empresarial y su capacidad de generación de beneficios. Europa, por su parte, afronta un contexto más frágil, condicionado por tensiones fiscales y políticas en varios países clave, mientras que en los mercados emergentes el mayor dinamismo se concentra en Asia, con un enfoque de inversión más selectivo.
Uno de los ejes conceptuales que maneja Tressis para 2026 es el del “tsunami monetario”, que combina “años de políticas expansivas, déficits elevados y balances públicos sobredimensionados”. A juicio de la entidad, esta mezcla prolonga un periodo de abundante liquidez y tipos reales contenidos, pero “mantiene vivo el riesgo de inflación persistente”, especialmente en los servicios.
“La inflación ha bajado, pero no ha desaparecido como riesgo”, apunta Lacalle, quien considera que el nivel general de precios debería situarse hoy en el 0% o incluso en terreno negativo, para compensar la inflación acumulada en los últimos años, que ha cuantificado en el 24%.
“Todos los gobiernos de la Unión Europea se han puesto la medalla de una reducción de la inflación que ha venido entera de la caída del petróleo y del gas”, ha añadido, restando mérito a la gestión política en este ámbito.
En materia de política monetaria y fiscal, Tressis no descarta que el Banco Central Europeo acometa una nueva bajada de tipos en 2026, al entender que el mercado de deuda ha asimilado los recortes del actual ciclo mediante mayores rentabilidades exigidas. En Estados Unidos, la casa de análisis prevé al menos tres recortes adicionales este año, en la medida en que el IPC continúe moderándose.
Estrategia de inversión y posicionamiento por activos
Ante este escenario, la entidad propone una estrategia de “prudencia activa”, articulada en torno a “la selección, la calidad y la flexibilidad” como pilares de la gestión.
En cuanto a la asignación por activos, Tressis señala que la renta fija ha recuperado un papel “relevante” en las carteras. No obstante, alerta de que la creciente inquietud por la sostenibilidad de las cuentas públicas ha incrementado la volatilidad de la deuda soberana y ha elevado las rentabilidades exigidas en los tramos largos de la curva.
Por ello, la firma se inclina por duraciones intermedias, entre tres y cinco años, y muestra una “clara preferencia” por emisores de alta calidad crediticia.
En deuda privada, la visión es “más favorable”, apoyada en la “solidez” de los balances corporativos y en unas rentabilidades a vencimiento que siguen siendo “atractivas”, especialmente en el mercado europeo.
En el ámbito de la renta variable, Tressis continúa sobreponderando Norteamérica y Europa frente a los índices globales. La gestora se muestra prudente con las valoraciones y apuesta por una diversificación sectorial más amplia.
Entre las temáticas que prioriza figuran salud, tras constatar una mejora en los resultados; tecnología y comunicaciones con beneficios, con especial foco en compañías rentables; industriales, donde anticipa una recuperación de la actividad manufacturera a escala global; y un enfoque muy selectivo en consumo, aprovechando las correcciones registradas en algunos nichos.
La firma también se decanta por las economías desarrolladas frente a las emergentes, aunque la debilidad del dólar empieza a generar “oportunidades interesantes”. Al mismo tiempo, mantiene una postura cautelosa con la inversión en materiales y en bienes raíces, al menos hasta que se disipen los riesgos de inflación.
Por último, Tressis insiste en su enfoque prudente respecto a “algunos actores” vinculados a la inteligencia artificial, “por el peligro del exceso de endeudamiento”, a pesar de que no ve una burbuja generalizada en el sector.