La presidenta del Banco Central Europeo (BCE), Christine Lagarde, ha avisado este jueves de que, pese a que la inflación se redujo hasta el 1,7% en enero, una parte importante de la población sigue notando que los precios suben con más rapidez de lo que indican los indicadores oficiales. Esta diferencia, estrechamente ligada al encarecimiento de los alimentos, puede influir de forma directa en las decisiones económicas de hogares y empresas.
“Esta brecha entre la inflación medida y la percibida no es una mera curiosidad estadística: es una regularidad histórica y global. Y tiene implicaciones para las decisiones económicas y para la confianza en las instituciones, una confianza que ayuda a anclar las expectativas de inflación”, ha señalado Lagarde ante la comisión de Asuntos Económicos y Monetarios del Parlamento Europeo.
Durante su intervención en Bruselas, ha puesto de relieve que, aunque la inflación ha caído con fuerza desde el máximo del 10,6% alcanzado en octubre de 2022 y se sitúa ya cerca del objetivo del 2%, las encuestas siguen mostrando que la ciudadanía percibe una subida de precios superior a la que recogen los datos oficiales.
“Las percepciones de la inflación describen las creencias de las personas sobre los cambios recientes en los precios. Aunque estas percepciones suelen evolucionar en consonancia con la inflación medida, por lo general son más elevadas. Se trata de un fenómeno global, no exclusivo de la zona del euro”, ha añadido.
Lagarde ha precisado que no existe una única visión sobre la inflación, ya que las respuestas dependen de la experiencia concreta de consumo de cada persona. En este sentido, los bienes que se adquieren con mayor frecuencia, en especial los alimentos, influyen de forma desproporcionada en cómo se siente el encarecimiento del coste de la vida.
“Las dinámicas de precios de los productos adquiridos con frecuencia pesan más que los movimientos generales de la cesta de consumo”, ha señalado, recordando que la inflación alimentaria se ha situado por encima de la inflación general desde mediados de 2022.
Según las proyecciones del BCE, la inflación de los alimentos seguirá moderándose y se estabilizará ligeramente por encima del 2% a finales de 2026, pero su persistencia ha contribuido a mantener elevadas las percepciones de inflación. A ello se añade un componente psicológico: los consumidores tienden a recordar más las subidas que las bajadas de precios, lo que introduce un sesgo al alza en su valoración.
“Estas experiencias cotidianas se ven además influidas por el entorno económico general. El reciente repunte de la inflación, la elevada incertidumbre, en particular en relación con la geopolítica y las políticas comerciales, y la atención sostenida de los medios de comunicación pueden amplificar la percepción de la inflación”, aclara.
La presidenta del BCE ha recalcado que estas percepciones son clave por tres razones: condicionan directamente el comportamiento de consumo y ahorro, influyen en cómo se forman las expectativas de inflación a futuro y repercuten en el grado de confianza de la opinión pública en el banco central. “La confianza ayuda a anclar las expectativas de inflación”, ha subrayado.
Respecto al contexto macroeconómico, Lagarde ha indicado que la economía de la zona euro registró un avance del 0,3% en el cuarto trimestre y del 1,5% en 2025 en su conjunto, impulsada sobre todo por la demanda interna y el dinamismo del sector servicios.
En lo que se refiere a los precios, ha recordado que la inflación general se moderó al 1,7% en enero, frente al 2% de diciembre, mientras que la inflación subyacente, que excluye energía y alimentos, retrocedió hasta el 2,2%.
En este escenario, ha reiterado que el Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo decidió mantener inalterados los tres tipos de interés oficiales. Ha precisado además que las próximas decisiones se tomarán con un enfoque “dependiente de los datos” y de reunión en reunión, sin fijar de antemano una trayectoria concreta de tipos.
Educación financiera y comunicación del BCE
Para reducir la distancia entre la inflación que muestran las estadísticas y la que perciben los ciudadanos, Lagarde ha defendido una estrategia basada en tres pilares: cumplir el objetivo del 2% a medio plazo, mejorar la comunicación para hacerla más clara y accesible, y reforzar la educación financiera en toda Europa.
“Explicar no solo qué hacemos, sino por qué y cómo lo hacemos, es esencial”, ha afirmado, al tiempo que ha señalado que un mayor conocimiento financiero permitiría a los ciudadanos interpretar mejor los datos económicos y tomar decisiones más informadas.
En su conclusión, Lagarde ha apelado al Parlamento Europeo como “puente” entre el BCE y la ciudadanía y ha defendido que reforzar la legitimidad democrática del euro es una responsabilidad compartida entre las instituciones europeas.