La presidenta del Banco Central Europeo (BCE), Christine Lagarde, ha subrayado que los bancos centrales deben estar listos para adoptar las decisiones que exija el contexto económico, justo cuando las previsiones para la economía de la eurozona se mueven entre la “situación base” y el “escenario adverso”, dos de los tres supuestos contemplados por el BCE, que se completan con un “escenario severo”.
“(Los banqueros centrales) tenemos que ser completamente ágiles y estar preparados para actuar en la dirección que sea necesaria”, ha defendido Lagarde en un entrevista realizada en ‘Bloomberg TV’, para luego añadir que cualquier paso debe estar basado en los datos disponibles.
De acuerdo con estos escenarios, las proyecciones de inflación en la zona euro se situarían en una horquilla de entre el 2,6% y el 4%, aunque la institución seguirá fijando su objetivo en el 2% y responderá de manera “fuerte y decisiva” para mantener el proceso de desinflación.
Pese a ello, la máxima responsable del BCE ha evitado anticipar el rumbo de la próxima decisión sobre los tipos de interés, que se abordará en la reunión del 30 de abril. “Esto no implica que vayamos a ir en una dirección u otra y, desde luego, no determina una trayectoria que yo pueda controlar”, ha indicado, rehusando ofrecer pistas sobre el próximo movimiento de la autoridad monetaria.
Al mismo tiempo, Lagarde ha rechazado que el BCE tenga un sesgo sistemático hacia el endurecimiento de la política monetaria. “Tenemos una brújula que indica la estabilidad de precios basada en la estabilidad financiera. Esos son los dos factores. No los denominaría como sesgos”, ha aseverado Lagarde, reivindicando que las decisiones se toman en función de estos dos pilares.
La presidenta del banco central ha advertido de que el peor escenario para la inflación y la actividad económica sería “la guerra” y, trasladando este análisis al contexto actual, ha señalado como principal riesgo el bloqueo del estrecho de Ormuz, corredor por el que transita aproximadamente una quinta parte del crudo mundial.
En esta línea, ha expresado su confianza en que se alcance una solución duradera al conflicto en Oriente Próximo y ha evitado responsabilizar a la Administración Trump de las repercusiones económicas derivadas del inicio de la ofensiva en Irán.
“Soy optimista y espero sinceramente que la gente pueda sentarse a la mesa, entrar en razón y comprender que redundará en beneficio de la economía global y de la gente que se alcance una solución al conflicto, y que no se trate solo de un alto el fuego, y que se pueda navegar por los estrechos del mundo”, ha declarado.
Lagarde alerta del impacto laboral de la inteligencia artificial
En otro orden de cuestiones, Christine Lagarde ha expresado su inquietud por las consecuencias que la inteligencia artificial (IA) puede acarrear para la economía y, en particular, para el empleo, ante el riesgo de que provoque un aumento de las tasas de paro a escala global.
“¿Cuántas personas quedarán desempleadas? ¿Cuántas necesitarán reciclarse profesionalmente, arriesgando su vida laboral? ¿Quién pagará?”, ha reflexionado la presidenta del BCE, planteando las dudas que, a su juicio, todavía no se han abordado con suficiente profundidad.
Según Lagarde, los gobiernos de todo el mundo apenas están incorporando a su agenda cómo la IA transformará la estructura económica de los países, más allá de sus efectos positivos sobre la productividad y la eficiencia.
“Lo realmente difícil es centrarse en el día a día, pensar en las próximas elecciones, respetar el programa o las expectativas de los votantes, y al mismo tiempo anticipar el efecto de los grandes avances, las innovaciones y los desarrollos significativos. Y creo que, en esa categoría, la IA es algo que debemos tener muy presente, porque avanza a pasos agigantados”, ha relatado, reclamando una mayor anticipación política ante esta revolución tecnológica.