Los analistas discrepan sobre cuánto se alargará la guerra en Irán, pero auguran un abaratamiento del petróleo

Los analistas discrepan sobre la duración de la guerra en Irán, pero coinciden en que el petróleo bajará tras el histórico repunte del 60% en marzo.

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Los expertos discrepan sobre la duración del conflicto en Irán, pero prevén que el precio del crudo descienda. -/ZUMA Press Wire/dpa

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Los analistas mantienen posturas distintas sobre cuánto tiempo puede prolongarse el conflicto en Oriente Próximo, que comenzó el pasado 28 de febrero, aunque sí comparten la previsión de que la cotización del crudo acabará retrocediendo tras haber repuntado un 60% en marzo, su mayor subida mensual registrada, hasta los 107 dólares actuales.

Para la gestora estadounidense Muzinich & Co, los inversores dan por hecho un desenlace del conflicto en “un horizonte finito de entre cuatro y ocho semanas”.

En términos similares se expresa el director de Investigación Económica y Next Generation de Julius Baer, Norbert Rúcker, que subraya que, en un contexto de cambios constantes en las negociaciones y en el posicionamiento de las partes, el momento de máxima tensión “podría estar cerca”.

“El enfrentamiento militar ha demostrado ser más duradero y los impactos económicos regionales más pronunciados. Actualizamos nuestros escenarios, pero mantenemos el caso base de un aumento repentino y muy intenso de los precios de la energía”, agrega.

Con todo, una parte relevante del consenso ve más factible una vía de desescalada. Así lo defiende el presidente y CIO de renta variable de Neuberger Berman, Joseph V. Amato, quien considera que en los próximos días, semanas y meses habrá numerosos giros e imprevistos, pero que “es más probable que se produzca una desescalada del conflicto en Oriente Medio que la opción de que no se produzca”.

“El estrecho de Ormuz”, por donde pasa aproximadamente una quinta parte del crudo mundial, “es, sencillamente, demasiado importante desde el punto de vista geopolítico y económico como para que persista su cierre efectivo”, apunta.

Mientras, el responsable global de macro y asignación estratégica de activos en Fidelity International, Salman Ahmed, sostiene que la escalada y la resolución “ya no son mutuamente excluyentes”, por lo que el escenario más plausible sería aquel en el que “una mayor escalada se utiliza para forzar un desenlace, aunque sea incompleto, desordenado o inestable”.

El Pentágono señaló este martes que las conversaciones con Irán para alcanzar un acuerdo que ponga fin a la guerra “son reales” y “ganan fuerza”, remarcando que se trata del “esfuerzo principal” de Estados Unidos, si bien ha acompañado este mensaje de nuevas advertencias militares a Teherán y sigue sin fijar un calendario para la operación.

“El esfuerzo principal es lograr un acuerdo. Queremos que ese acuerdo se materialice, si es posible”, ha destacado afirmado el secretario de Defensa, Pete Hegseth, en rueda de prensa sobre las conversaciones con Irán para poner fin a la guerra, quien ha recalcado que Washington “prefiere mucho más alcanzar un acuerdo” a continuar la guerra, aunque ha vuelto a situar que Irán renuncie al “material” nuclear que posee y a “las ambiciones que tiene”.

COSTES ECONÓMICOS

En sus proyecciones a corto plazo, los expertos sitúan el estrecho de Ormuz como referencia clave para evaluar el alcance económico del conflicto sobre las distintas economías.

El jefe del grupo internacional de renta variable de Federated Hermes, Martin Schulz, insiste en que este corredor marítimo no puede permanecer bloqueado de forma indefinida y que los repuntes del precio del petróleo “sean temporales” una vez se normalicen las rutas de transporte y se utilicen los inventarios.

En cuanto al impacto en precios, Fidelity International anticipa que el barril de Brent, referencia en Europa, se sitúe alrededor de los 85 dólares para el resto del ejercicio, lo que, a su juicio, refleja “una prima geopolítica persistente más allá de una resolución inmediata de la guerra”.

Desde Neuberger Berman también ponen el foco en la curva del petróleo, que descuenta un Brent en 82 dólares y un WTI, referencia en Estados Unidos, en 76 dólares, ambos para diciembre de 2026.

Sin embargo, los mercados de gas natural licuado “son más vulnerables” por su fuerte dependencia de infraestructuras específicas y por los mayores plazos necesarios para reactivar la producción y el transporte. En consecuencia, añade Schulz, “cualquier prolongación de la interrupción afectaría de manera significativa a los importadores netos de energía en Asia y Europa”.

En lo relativo al crudo, el analista de Julius Baer considera que el Ejecutivo estadounidense “es consciente” de la presión que supone un petróleo caro y de las implicaciones políticas que conlleva.

“Una escalada más duradera --y una crisis de los precios de la energía más prolongada-- requeriría una combinación de graves daños en las infraestructuras energéticas, restricciones comerciales fuera del Golfo o un mayor caos político, incluido un cambio de régimen en Irán o divisiones entre las naciones del Golfo, lo que provocaría perturbaciones más duraderas en el comercio y el suministro energético”, especifica Rücker.