Los empleados suman hoy ocho años más de vida laboral potencial que en 1970, según un informe

Un informe del Instituto Santalucía revela que los españoles tienen ocho años más de capacidad laboral, pero se jubilan antes pese a gozar de mejor salud.

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Un repartidor carga con varias cajas. Carlos Luján - Europa Press

Un repartidor carga con varias cajas. Carlos Luján - Europa Press

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Los trabajadores en España disponen en la actualidad de unos ocho años más de capacidad potencial para seguir en activo que a finales de los años setenta, de acuerdo con el informe “Evolución de la capacidad adicional para trabajar en España” elaborado por el Instituto Santalucía.

Desde el Instituto Santalucía señalan que, pese al avance en el estado de salud de la población de mayor edad, esa mejora no se ha traducido en carreras laborales más largas. Los datos muestran que, con un mismo nivel de salud, los empleados abandonan hoy el mercado de trabajo antes que décadas atrás.

El estudio detalla que, en el caso de los hombres, la tasa de empleo a los 64 años —edad inmediatamente anterior a la jubilación durante muchos años— se ha mantenido prácticamente invariable, en torno al 31% desde los años noventa. No obstante, el porcentaje de varones que declara mala salud a esa edad se ha reducido con intensidad: del 46,8% en 1993 al 36,3% en 2023. Es decir, aunque la salud ha mejorado, la proporción de ocupados no ha crecido.

Este comportamiento se observa con mayor claridad en edades más avanzadas. En 2023, entre los hombres de 57 a 69 años, la mala salud auto percibida se mantiene casi estable, cerca del 35%, mientras que la tasa de empleo cae desde el 76,9% hasta apenas el 4,3%. A igualdad de condiciones de salud, los trabajadores reducen notablemente su participación laboral a medida que cumplen años.

En el caso de las mujeres, a pesar de que su incorporación al mercado de trabajo ha sido muy intensa en las últimas décadas, se detecta una pauta similar. A partir de los 60 años, y con niveles de salud comparables, la ocupación femenina se desploma de forma abrupta, incluso más que en los años noventa, lo que sugiere que las mejoras en salud tampoco se están aprovechando plenamente para alargar las trayectorias laborales de las mujeres de más edad.

El informe añade que, para una misma tasa de mortalidad —y, por tanto, un nivel de salud equivalente—, los trabajadores actuales son más mayores, pero registran tasas de empleo claramente más bajas. A comienzos de la democracia, un hombre con una mortalidad del 2% tenía algo más de 63 años y una tasa de empleo cercana al 60%, mientras que hoy, con esa misma mortalidad, ronda los 71 años y apenas presenta una tasa de empleo del 3%.

Así, aunque los indicadores de salud —mortalidad, esperanza de vida y salud auto percibida— han experimentado un fuerte avance, la participación en el empleo se reduce con intensidad a partir de ciertas edades, según remarcan los autores del análisis.

Avanzar hacia modelos de jubilación flexible

Ante este panorama, el Instituto Santalucía defiende la necesidad de impulsar fórmulas de jubilación gradual que permitan compatibilizar, de manera voluntaria, el empleo remunerado con el cobro parcial de la pensión, disminuyendo de forma paulatina la jornada laboral.

Para los responsables del estudio, el esquema actual no refleja ni la mejora en la salud ni las preferencias de una parte de los trabajadores de más edad, que podrían continuar activos si existieran modalidades más flexibles de retiro.

“El problema no es la falta de capacidad para trabajar, sino las barreras que dificultan hacerlo. Entre ellas, destaca el actual modelo de jubilación, basado en una transición rígida y abrupta desde el empleo a la inactividad”, se apunta en el informe.

Según subrayan los autores, una jubilación más flexible permitiría ajustar la salida del mercado de trabajo al estado de salud y a las circunstancias de cada persona, reduciendo los posibles efectos adversos de una retirada brusca sobre el bienestar físico y mental.

Para las empresas, estas modalidades facilitarían la retención del conocimiento y de la experiencia acumulada, impulsando la transmisión intergeneracional del capital humano. Y, a escala agregada, contribuirían a aliviar la presión sobre el sistema público de pensiones en un contexto de rápido envejecimiento demográfico.

“En una sociedad que vive más y mejor, prolongar de forma flexible y voluntaria la vida laboral puede beneficiar a los trabajadores, a las empresas y al conjunto de la economía”, ha subrayado el director del Instituto Santalucía, José Manuel Jiménez.