Los analistas internacionales calculan que la cotización del barril de crudo podría escalar hasta una horquilla de entre 100 y 120 dólares si el paso por el estrecho de Ormuz continúa restringido durante un periodo de entre cuatro y cinco semanas.
“Si el estrecho sigue bloqueado, no hay ninguna fuente fiable de suministro de petróleo sustitutivo rápido, lo que deja al mercado expuesto a un déficit significativo”, advierte Malcolm Melville, gestor de fondos de energía de Schroders.
Por el momento, el precio del oro negro ya se ha disparado y este mismo viernes el Brent, referencia en Europa, ha tocado los 87 dólares, un nivel que no se veía desde junio de 2024, cuando la invasión de Israel en Gaza y los problemas en el Canal de Suéz alteraron de forma notable la logística de las materias primas.
En esta ocasión, toda la atención se centra en el estrecho de Ormuz, un corredor marítimo situado entre el norte de Omán y el sur de Irán y Emiratos Árabes Unidos, por el que transita alrededor del 20% del petróleo que se consume en el planeta, además de una quinta parte del gas natural licuado y una cantidad relevante de fertilizantes. Ahora, como resultado del enfrentamiento entre Israel y Estados Unidos, por un lado, e Irán, por otro, el paso se encuentra prácticamente cerrado.
Los especialistas recuerdan que otras crisis en la zona ya habían provocado repuntes puntuales en el precio del crudo, pero insisten en que el escenario actual difiere del de episodios anteriores.
En esta línea, el estratega de LBP Asset Management (AM), accionista de LFDE, Xavier Chapard, explica que “a tenor de los objetivos bélicos más bien vagos de Estados Unidos y el hecho de que el régimen iraní está luchando por su supervivencia, los combates y el impacto negativo en el suministro energético mundial podrían durar algo más que en anteriores conflictos con Irán”.
Alternativas de suministro y respuesta de la OPEP
Ante este contexto, se intensifica la búsqueda de rutas alternativas para mantener el flujo de crudo. Arabia Saudí, que vende al exterior entre 7 y 7,4 millones de barriles al día, analiza desviar parte de esos volúmenes mediante su oleoducto este-oeste. No obstante, desde Schroders recuerdan que la infraestructura “nunca ha funcionado a plena capacidad” y admiten que rediseñar las rutas marítimas exigiría tiempo.
En el lado de la oferta, la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) ha comunicado recientemente un incremento de 200.000 barriles diarios para tratar de amortiguar el impacto del cierre de Ormuz, aunque Melville sostiene que el aumento “es insignificante en comparación con la magnitud de la posible interrupción”.
Entre los flujos más expuestos figura la producción de Irán. La República Islámica bombea 3,4 millones de barriles al día y exporta aproximadamente la mitad, en su mayoría con destino a China. De este modo, tanto el gigante asiático como la India “podrían intentar sustituirlos por petróleo ruso, sujeto a sanciones”, apunta Melville.
Escenario de precios extremos y efecto macroeconómico
“Cada semana adicional de corte probablemente aumentaría la preocupación del mercado por la pérdida sostenida de suministro. Un bloqueo más prolongado podría llevar los precios a niveles históricamente altos”, reivindican desde Schroders.
En este contexto, la gestora de inversiones contempla que, si la crisis se extiende durante varios meses, las cotizaciones podrían superar los máximos previos y situarse en una franja de entre 150 y 200 dólares por barril.
Por su parte, Chapard considera que el riesgo de un shock energético equiparable al de 2022 “sigue pareciendo limitado, habida cuenta de los fundamentales favorables del mercado del petróleo antes de esta crisis y de los intereses políticos en juego”.
En consecuencia, adelanta que mantienen una visión constructiva sobre el panorama macroeconómico y la evolución de las bolsas en los próximos tres-seis meses, ya que “los mercados se recuperan con mucha rapidez en cuanto los riesgos geopolíticos empiezan a remitir”.
En lo que respecta al impacto sobre la economía mundial, un encarecimiento prolongado del crudo incrementa el riesgo de una segunda oleada inflacionista. Sin embargo, David Rees, responsable global del equipo económico de Schroders, matiza que “los precios de la energía tendrían que mantenerse altos durante semanas o meses antes de que viéramos un aumento significativo del IPC --Índice de Precios del Consumo--”.