Madrid, Barcelona y Valencia concentran la mayoría de sedes de grandes empresas en España

Madrid, Barcelona y Valencia concentran la mayoría de sedes de grandes empresas en España, mientras muchas provincias quedan como vacíos corporativos.

3 minutos

Publicado

3 minutos

Madrid (454), Barcelona (157) y Valencia (49) se sitúan a la cabeza en número de sedes de compañías con más de 1.000 empleados, según la radiografía empresarial elaborada por Tinsa.

En particular, solo las provincias de Madrid y Barcelona alcanzan un nivel de concentración “muy alta”, al superar el umbral de 50 sedes, consolidándose como los dos grandes polos corporativos del país.

Madrid actúa como un potente núcleo empresarial en el centro de la Península, configurándose como el principal imán de sedes. Barcelona, por su parte, se erige en el noreste como el segundo gran foco, y la provincia se consolida como capital corporativa del arco mediterráneo.

Centros de gravedad del tejido corporativo

El informe destaca que estos territorios operan como auténticos centros de gravedad del tejido corporativo español, al concentrar sedes de grandes grupos nacionales e internacionales y reunir servicios avanzados (finanzas, consultoría, tecnología, jurídico), además de captar talento procedente de todo el país y del extranjero.

Junto a ellos, Tinsa identifica “La España de las segundas potencias”, integrada por capitales regionales y ejes económicos como Bizkaia y A Coruña, que sobresalen en la ratio de “Top empresas por cada 100.000 habitantes”, llegando incluso a situarse por delante de Barcelona. El ‘top 5’ de este indicador lo encabeza de nuevo Madrid, con 6,61 grandes compañías por cada 100.000 habitantes, seguida de A Coruña (3,1), Bizkaia (3,03), Barcelona (2,68) y Zaragoza (2,43).

En el grupo de provincias con entre 15 y 49 sedes aparecen varias capitales autonómicas y territorios costeros con fuerte peso industrial, logístico o turístico, como Bizkaia y A Coruña, con 35 sedes cada una, o Sevilla, con 33. En estas áreas, el análisis apunta a la formación de corredores económicos y a que la gran empresa desempeña un “papel doble”.

Grandes vacíos empresariales en el mapa

Ese papel se define, por un lado, como “Ancla económica local”, al sostener empleo cualificado, cadenas de suministro y servicios profesionales, y, por otro, como “Conectora global”, al enlazar territorios periféricos con mercados y centros de decisión ubicados a menudo en otras provincias.

“Son territorios que no lideran el volumen absoluto de sedes, pero sí actúan como segundas potencias”, señalan desde Tinsa, que inciden en que estas zonas contribuyen a equilibrar el mapa corporativo, favorecen la innovación sectorial y mantienen nodos clave de cadenas de valor como automoción, energía, turismo o agroindustria. No obstante, la clasificación refleja que la mayoría de provincias se encuadran en niveles de concentración muy baja (1-5 sedes) o incluso inexistente, como sucede en Ciudad Real o Badajoz.

“Esta distribución genera una ‘España de grandes vacíos empresariales’ con varias implicaciones”, apuntan, precisando que se traduce en menos centros de decisión local y menor empleo directivo y especializado, ya que la ausencia de servicios centrales reduce la presencia de perfiles de alta cualificación.

Estos elementos dificultan la captación y retención de talento y, a medio y largo plazo, influyen en el dinamismo demográfico. Además, esta realidad implica una menor capacidad de influencia, de modo que la voz económica de estos territorios tiene menos peso en los grandes foros empresariales, financieros o regulatorios.

“No solo importa qué se decide, sino desde dónde se decide”, ha subrayado Tinsa, que matiza que ello no significa que estas provincias carezcan de tejido empresarial, pues muchas cuentan con pymes sólidas, cooperativas, clústeres sectoriales o plantas industriales relevantes. La diferencia radica en que no concentran sedes de gran tamaño, lo que marca una brecha estructural en términos de poder corporativo.

En esta línea, el documento insiste en la relevancia de esta concentración, ya que la localización de sedes de grandes empresas va mucho más allá de una mera curiosidad cartográfica.

“Tiene consecuencias tangibles como en la competitividad territorial, ya que las provincias con alta presencia de sedes atraen más inversión en servicios avanzados, ofrecen más oportunidades laborales de alto valor añadido y tienden a desarrollar ecosistemas de innovación más densos (‘startups’, proveedores tecnológicos, ‘hubs sectoriales’)”, detallan. A su juicio, las provincias con baja o nula concentración requieren estrategias específicas para conectar mejor sus compañías con estos centros de decisión o especializarse en nichos donde puedan aportar ventaja competitiva, aunque el consejo de la empresa se ubique en otra provincia.