McKinsey reclama un salto inversor histórico en Europa para recuperar su competitividad

McKinsey alerta: Europa debe disparar la inversión para evitar otra década de estancamiento y cerrar la brecha de competitividad global.

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Imágenes Ilustrativas De Una Calculadora, Billetes Y Monedas. SAULO ANGELO / ZUMA PRESS / CONTACTOPHOTO

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Europa precisa un incremento “rápido y sostenido” de la inversión si quiere esquivar otra década de estancamiento económico y volver a ser competitiva a nivel mundial. De no hacerlo, “el continente corre el riesgo de entrar en otra década de “estancamiento secular, con un crecimiento del PIB de apenas el 1% anual”.

Así se recoge en el informe de McKinsey ‘Transformando Europa: movimientos audaces para escalar el continente’, presentado durante el Foro Económico Mundial de Davos. El documento sitúa la competitividad europea en el centro de la discusión y plantea si el Viejo Continente será capaz de evitar un nuevo periodo de “estancamiento secular” y de duplicar su ritmo de crecimiento del PIB.

El estudio analiza el desafío de competitividad que afronta Europa y el rol decisivo que debe asumir el sector privado para desencadenar un nuevo renacimiento económico “en un momento en el que nunca han estado tan en juego el crecimiento, la productividad y la relevancia global”.

Según el informe, Europa necesita movilizar cada año, durante los próximos cinco ejercicios, 1,2 billones de euros adicionales de inversión pública y privada para cerrar su brecha de competitividad. Esta cifra es un 50% superior a la calculada en el informe Draghi de hace unos meses y evidencia “la rapidez con la que se está ampliando el desfase inversor”.

La escasez de inversión ya se percibe en sectores clave. En los últimos cinco años, las compañías estadounidenses han destinado 2 billones de euros más que las europeas a tecnologías digitales, mientras que China invierte en industrias manufactureras tradicionales a un ritmo tres veces mayor que Europa.

Al mismo tiempo, las empresas europeas dedican cerca de un 40% menos a gasto de capital y a I+D que sus rivales de Estados Unidos.

El papel decisivo del sector privado

Aunque las reformas regulatorias y la profundización del mercado único resultan imprescindibles, el informe recalca que el sector privado debe situarse en primera línea para activar un nuevo ciclo de crecimiento.

La investigación constata que el avance de la productividad suele estar impulsado por un grupo reducido de “empresas destacadas” que realizan apuestas estratégicas de gran calado: en Estados Unidos, más de dos tercios del crecimiento de la productividad entre 2011 y 2019 procedieron de solo 44 compañías, y en Alemania bastaron apenas 13.

Si las firmas europeas consiguieran igualar los niveles de inversión y el esfuerzo en I+D de sus equivalentes estadounidenses, el continente podría entrar en una fase de aceleración de la productividad capaz de duplicar su crecimiento económico y elevar de forma notable la riqueza de los hogares.

El documento detalla diez grandes proyectos de iniciativa pública orientados a crear un entorno más propicio para la inversión y el crecimiento. Entre ellos, propone fomentar el emprendimiento mediante un ‘28º régimen’ con normas empresariales homogéneas, sencillas y radicalmente simplificadas en toda la UE.

Otro eje es ganar escala. Para ello, defiende una política claramente pro-inversión en materia de fusiones y adquisiciones europeas, con el fin de generar tamaño, mejorar los retornos y acelerar los flujos inversores.

Asimismo, plantea agilizar los trámites mediante autorizaciones digitales, de ámbito europeo y con plazos definidos, con el objetivo de reducir la complejidad y los costes administrativos; y aboga por aligerar la carga normativa, adoptando un enfoque basado en el coste de oportunidad para evitar que Europa quede rezagada frente a otras regiones.

Entre las prioridades figura también canalizar más capital hacia el riesgo, reforzando los sistemas de pensiones para dirigir mayores recursos al venture capital y al private equity; crear nuevos mercados con el sector público actuando como cliente ancla a gran escala para abrir nuevas fuentes de ingresos; y atraer talento de élite mediante el desarrollo de ‘CERN tecnológicos’ que conviertan a Europa en un polo de atracción en ámbitos estratégicos.

El informe propone, además, reducir la brecha de capacidades a través de la recualificación de un millón de europeos y el refuerzo de la base de talento tecnológico; garantizar el know-how impulsando la transferencia global de capacidades para consolidar ecosistemas y competencias industriales europeas; y “pasar a la acción” mediante la creación de un centro de coordinación (nerve center) y una estructura de gobernanza de la ejecución que acelere la puesta en marcha de estas iniciativas y refuerce la competitividad.

Avances recientes, pero aún insuficientes

El estudio también detecta señales positivas. La inversión extranjera directa prevista en Europa se ha incrementado un 40% respecto a los niveles anteriores a la covid-19 y los fondos de capital privado focalizados en Europa captaron alrededor de 300.000 millones de euros en los primeros nueve meses de 2025.

Además, destaca que grandes inversores internacionales están intensificando su presencia en la región. En este sentido, apunta que KKR desplegó más de 20.000 millones de dólares en Europa en 2025, Blackstone prevé invertir hasta 500.000 millones en la próxima década y Apollo apunta a inversiones de hasta 100.000 millones de dólares solo en Alemania. No obstante, McKinsey avisa de que “este impulso debe acelerarse y consolidarse”.

“Con un consenso creciente sobre lo que hay que hacer, ahora es el momento de actuar con urgencia y a escala”, concluye el informe, que insiste en que “la combinación de acción pública decidida y liderazgo empresarial audaz será clave para que Europa recupere crecimiento, competitividad y relevancia global”.