Muzinich & Co considera atractiva la deuda emergente por su mayor rentabilidad y el dólar débil

Muzinich & Co ve una oportunidad en la deuda de mercados emergentes por sus diferenciales, el dólar débil y unos fundamentales más sólidos.

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Warren Hyland, gestor de fondos emergentes de Muzinich & Co. MUZINICH & CO

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La gestora de inversión privada e independiente Muzinich & Co apunta en un informe publicado este martes que el actual escenario de incertidumbre constituye un momento “atractivo” para incorporar deuda de mercados emergentes en cartera, apoyado en unas valoraciones interesantes y en un sólido potencial de ingresos y de rentabilidad ajustada al riesgo.

Al mismo tiempo, la firma incide en que la debilidad del dólar refuerza las perspectivas de una clase de activo que, a su juicio, continúa “infravalorada”.

“Ahora es un momento atractivo para plantearse una asignación a deuda de mercados emergentes, ya que el crédito de los mercados emergentes ofrece diferenciales más elevados que los mercados desarrollados para niveles de riesgo comparables, lo que respalda un sólido potencial de ingresos y de rentabilidad ajustada al riesgo”, ha señalado el gestor de fondos de mercados emergentes de Muzinich & Co, Warren Hyland.

En la misma línea, Hyland subraya que los factores técnicos resultan también “favorables”, dado que esta clase de activo sigue infraponderada y respaldada por la dinámica entre oferta y demanda, sobre todo en Asia, donde la emisión continúa siendo “limitada”, precisa.

El experto remarca igualmente la fortaleza de los fundamentales, con economías que muestran un crecimiento más dinámico, mejoras en los balances y, en determinados casos, apoyo soberano. En este contexto, indica que la debilidad del dólar estadounidense ayuda a relajar las condiciones financieras y actúa como viento de cola para los mercados emergentes.

Impacto desigual del conflicto en Irán

En el plano geopolítico, el gestor explica que la guerra con Irán ha tenido un efecto “desigual” sobre los mercados de deuda, generando principalmente episodios de volatilidad, repuntes en los rendimientos y una mayor dispersión entre países, en lugar de provocar una venta masiva generalizada.

A corto plazo, el conflicto ha empujado al alza las rentabilidades de los bonos soberanos por el temor a presiones inflacionistas ligadas al encarecimiento de la energía y por la revisión de las expectativas sobre los tipos de interés.

Este movimiento, según detalla, ha lastrado los precios tanto de la deuda soberana como de la corporativa, al tiempo que se han ampliado los diferenciales, sobre todo en las economías más expuestas o dependientes de rutas comerciales estratégicas como el estrecho de Ormuz.

No obstante, Hyland recalca que los emisores de mayor calidad, especialmente en el Golfo, han mostrado capacidad de resistencia gracias a unos fundamentales sólidos, elevados ingresos procedentes del sector energético y el respaldo regional. En conjunto, el analista considera que los mercados están interpretando el conflicto como una “perturbación geopolítica contenida”, que provoca revalorizaciones y volatilidad en el corto plazo, pero no un “deterioro sistémico de las condiciones crediticias”.

Compensación por riesgo y papel de las divisas

El especialista insiste en que la deuda de mercados emergentes ofrece una compensación más atractiva por el riesgo asumido y resalta el apoyo estructural de estas economías, caracterizadas por un crecimiento más elevado, balances más saneados y beneficios más resistentes.

Además, Hyland pone en relieve la capacidad de diversificación de esta clase de activo, con un amplio abanico de emisores soberanos y corporativos, frente a unos mercados desarrollados que, en su opinión, presentan un potencial de rentabilidad más limitado y un mayor grado de saturación.

En el plano de las divisas, adelanta que la deuda en moneda local incorpora riesgo de tipo de cambio, aunque también puede ofrecer un mayor potencial de retorno gracias a tipos de interés más altos y a posibles apreciaciones de las monedas, especialmente en un contexto de debilidad del dólar.

Por su parte, la deuda denominada en moneda fuerte se perfila como una opción más adecuada para los inversores que priorizan estabilidad y generación de rentas, además de facilitar el acceso a emisores corporativos. En este escenario, el gestor se decanta por un enfoque mixto que combine ambas modalidades con el objetivo de lograr una exposición más equilibrada.