La paradoja del oro: ¿por qué se vende mientras Irán tensa el Estrecho de Ormuz?

La tensión en el Estrecho de Ormuz dispara la volatilidad y los expertos advierten de un escenario de riesgo extremo para el oro y los mercados

5 minutos

Lingotes de oro. Foto: JINGMING PAN

Publicado

5 minutos

La total falta de certeza sobre la situación en Irán -con una tregua frágil, el tira y afloja en torno a la apertura del Estrecho de Ormuz y un cruce constante de acusaciones entre actores regionales- está devolviendo la volatilidad y el miedo a los mercados. Y ese miedo, en esta fase, está teniendo un efecto especialmente llamativo: es tan intenso que incluso el oro vuelve a venderse. Sí, incluso el oro, el activo refugio por excelencia, está siendo liquidado en determinados momentos.

Este diagnóstico -al que ha tenido acceso Demócrata- coincide con el análisis de Charlotte Peuron, gestora de renta variable temática en Crédit Mutuel Asset Management, que describe un “revuelo a gran escala” en los mercados tras el último episodio de tensión en Oriente Medio. En particular, señala el impacto del ataque de Irán contra instalaciones gasísticas en Qatar, un evento que desencadenó ventas masivas de activos de riesgo y arrastró también al oro, en un contexto en el que los inversores buscan liquidez de forma inmediata.

El oro también se vende cuando domina el pánico

El resultado -expone esta gestora- es una dinámica contraintuitiva: sube el miedo, pero el oro cae. Y las mineras de oro lo amplifican todavía más, porque sufren tanto la caída del metal como el ajuste de sus propias cotizaciones tras un año excepcional. El sector acumula subidas muy significativas —en torno al 65% en el oro y cerca del 165% en el índice de mineras en lo que va de año—, lo que ha favorecido la toma de beneficios.

El detonante reciente ha sido el recrudecimiento del conflicto en Oriente Medio, con ataques a infraestructuras energéticas en Qatar que han intensificado la percepción de riesgo global. En este contexto, el petróleo también ha repuntado con fuerza, añadiendo presión sobre las economías y reforzando la sensación de inestabilidad.

A corto plazo, el oro se ve afectado además por factores financieros. Según la misma gestora, el enfriamiento de las expectativas de recortes de tipos en Estados Unidos, la fortaleza del dólar y las salidas de capital en vehículos como los ETFs respaldados en oro están presionando el precio. A esto se suma la recogida de beneficios tras las fuertes subidas recientes.

Pero más allá del corto plazo, el diagnóstico de fondo es distinto. La demanda física de oro tiende a debilitarse cuando los precios suben con fuerza, pero suele recuperarse si hay correcciones. Y, sobre todo, siguen vigentes los factores estructurales: la diversificación de reservas globales fuera del dólar y un entorno geopolítico persistentemente inestable.

En el caso de las mineras -añade esta gestora francesa-, aparece además una variable clave: los costes. La subida de la energía afecta directamente a la producción, aunque de forma desigual según el país y la estructura de cada mina. En las estimaciones de gestión para 2026, el coste de producción se sitúa entre 1.700 y 1.800 dólares por onza, frente a los 1.540 dólares por onza de 2025.

Pese a la volatilidad actual, la visión de medio y largo plazo sigue siendo constructiva. En palabras de Peuron, el oro continúa respaldado por fundamentos sólidos, y las empresas mineras podrían mantener su capacidad de generación de caja si se confirma un entorno de precios sostenido. En este escenario, el Estrecho de Ormuz sigue actuando como uno de los puntos críticos que condicionan el pulso del mercado global.

Mapa en el que aparecen la isla de Jark, el Golfo Pérsico, Irán, el estrecho de Ormuz y el golfo de Omán. Gráfico: Europa Press-Andre M. Chang.

Riesgo durante las dos próximas semanas

En este contexto, los analistas de Aberdeen Investments, a través de Michael Langham, interpretan la situación geopolítica en torno al alto el fuego como un avance frágil y aún condicionado. Aunque consideran que el conflicto podría encaminarse hacia una desescalada por el elevado coste económico global, advierten de que las posiciones de Estados Unidos, Israel e Irán siguen muy alejadas, lo que dificulta la viabilidad de un acuerdo duradero.

El informe subraya que la sostenibilidad de cualquier alto el fuego es limitada, especialmente por la falta de consenso sobre las condiciones planteadas por Irán y las dudas en torno a la verificación del programa nuclear. En este contexto, los riesgos extremos permanecen elevados en el corto plazo, lo que mantiene el petróleo bajo presión alcista por la prima de riesgo geopolítico y la incertidumbre sobre el estrecho de Ormuz.

En un escenario de estabilización temporal, los expertos apuntan a que el impacto macroeconómico global sería gestionable. Una eventual normalización de los precios energéticos permitiría a los bancos centrales retomar sus trayectorias previas de política monetaria, mientras los mercados podrían experimentar repuntes de alivio, incluso en un entorno aún marcado por incertidumbres estructurales.

De cara al medio y largo plazo, Aberdeen anticipa un reajuste estructural de los mercados globales, con mayor gasto en defensa y seguridad energética, especialmente en regiones dependientes de las rutas de suministro como Oriente Medio y Asia. En paralelo, Ray Sharma-Ong destaca que los mercados pueden reaccionar con fuertes subidas ante la simple reducción del riesgo extremo, con especial potencial en Asia, mientras el petróleo tendería a estabilizarse en niveles superiores a los previos al conflicto debido a fricciones logísticas y primas de riesgo persistentes.

Pasarán semanas, incluso meses

El análisis de Malcolm Melville, gestor de fondos de materias primas en Schroders, sostiene que los acontecimientos en Oriente Medio han provocado una disrupción sin precedentes en los flujos energéticos, tras el cierre casi total del estrecho de Ormuz. Según el informe, el tránsito de crudo se ha reducido drásticamente desde los niveles habituales de unos 20 millones de barriles diarios, mientras que alrededor de 10 millones de barriles diarios de producción han quedado suspendidos. Esta contracción de la oferta, junto con las limitaciones logísticas y el uso parcial de oleoductos alternativos, ha impulsado los precios del petróleo hasta niveles significativamente elevados.

El estudio subraya que la normalización del mercado no será inmediata incluso si mejora el tránsito marítimo. Aunque el aumento del número de buques en las próximas semanas será clave para que el mercado perciba el fin de la crisis, Melville advierte de que la recuperación real de la producción llevará semanas o incluso meses, debido a los 10 millones de barriles diarios de producción suspendida y a los daños sufridos en algunas instalaciones. En este contexto, la idea central del análisis es clara: pasará un periodo prolongado antes de que los niveles de producción vuelvan a la normalidad, lo que mantendrá la tensión en el equilibrio global del mercado petrolero.

De cara al futuro, el informe concluye que esta situación hará poco probable una caída rápida de los precios del crudo a niveles previos al conflicto, debido a la persistente incertidumbre sobre el ritmo de recuperación. Además, el episodio ha puesto de relieve la vulnerabilidad del sistema energético global y la insuficiencia de reservas estratégicas en muchos países, lo que podría sostener la demanda estructural en los próximos años. En el escenario más bajista, solo una eliminación total de sanciones a Irán alteraría significativamente el equilibrio, aliviando la prima de riesgo geopolítico en el mercado del petróleo.