La vicepresidenta para una Transición Limpia, Justa y Competitiva de la Comisión Europea, Teresa Ribera, ha recalcado este jueves que la Unión Europea no debe responder a las tensiones de la economía global recortando sus niveles de protección laboral, social o medioambiental, advirtiendo de que una rebaja en estos ámbitos alimentaría la desigualdad y la fragmentación interna.
“No creo que nadie en esta sala, ni en Europa, y probablemente en ningún lugar del mundo, pudiera aceptar reducir estos estándares: los estándares laborales, sociales o medioambientales”, ha afirmado durante el foro “Limpia, Justa y Competitiva: un modelo para las economías y sociedades de Europa”.
Ribera respondía así a una pregunta sobre si sostener reglas exigentes puede convertirse en un “lujo”, dado que “los estándares cuestan dinero” y requieren recursos públicos para sostenerlos.
En esta línea, ha remarcado que la prioridad de la UE debe ser asegurar “una prosperidad duradera” y “oportunidades duraderas para la gente”, en lugar de limitarse a perseguir “beneficios a corto plazo”.
Durante su intervención, la vicepresidenta ha alertado además de que ciertos debates actuales se están utilizando “como excusa para hacer menos o para aumentar la brecha”, y ha relacionado el incremento de la desigualdad con el auge del populismo y la erosión de la confianza en la política.
“La parte de la riqueza atribuida al trabajo ha caído de forma dramática. ¿Qué significa esto? Significa enfado, significa populismo, significa desconfianza en las instituciones, desconfianza en la democracia”, ha expuesto.
Ribera ha señalado también nuevas formas de desigualdad ligadas a la concentración de poder en sectores estratégicos, como las materias primas o el ámbito digital, defendiendo que las autoridades deben vigilar “el abuso de posición dominante” y “la imposición de condiciones injustas”.
Asimismo, ha reiterado la relevancia de proteger el Estado de derecho como pilar del proyecto europeo, también en el terreno económico, y ha avisado de que la simplificación normativa no puede implicar “deshacer los elementos básicos de lo que consideramos el acervo comunitario”.
“Volver a 27 regímenes diferentes no tiene sentido”, ha enfatizado, aludiendo al riesgo de fragmentación regulatoria dentro de la UE. Ha concluido que los estándares europeos no solo reflejan los valores sociales del bloque, sino que constituyen además un activo competitivo: “Creo que nuestros estándares son grandes fortalezas, también grandes fortalezas económicas”.