El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha reivindicado a España como modelo de “que el pragmatismo verde vence al dogmatismo de los combustibles fósiles” y ha vuelto a instar a Bruselas a implantar un gravamen específico sobre el petróleo en el actual escenario de crisis derivado del conflicto en Oriente Próximo.
Durante su intervención en la apertura del foro organizado por WindEurope en Madrid, Sánchez recordó que la guerra en Irán está “costándole a la Unión Europea más de 22.000 millones de euros” por el encarecimiento del crudo.
Ante esta situación, defendió la puesta en marcha de nuevas herramientas fiscales y regulatorias, reiterando su petición a la Comisión Europea para aplicar un recargo a las grandes energéticas mediante la creación “de un impuesto especial para el petróleo, para los beneficios inesperados y extraordinarios de las empresas petrolíferas y gasísticas”.
El jefe del Ejecutivo subrayó que la meta de España es convertirse en el proveedor para Europa de “la electricidad más barata del mundo”, apoyándose en el despliegue masivo de las energías renovables.
“No nos vamos a conformar con tener la electricidad más barata de Europa. Estamos trabajando para que Europa tenga la electricidad más barata del mundo. Ese es nuestro objetivo. Ese debe ser nuestro objetivo”, afirmó.
La transición energética “no es un eslogan”
Sánchez señaló que la crisis energética global actual pone de manifiesto la fragilidad de las economías que siguen ligadas a los combustibles fósiles y urgió a “acelerar” el cambio hacia las renovables. “Así que tenemos que ser muy claros. La transición energética no es un eslogan, es el billete al futuro. Es la mayor oportunidad económica que existe”, sostuvo.
Asimismo, destacó el impacto económico positivo de esta transformación, al resaltar que en marzo los precios de la luz en España fueron un 20% más bajos que en el mismo mes del año anterior, en contraste con el repunte del gas y del petróleo.
Recordó también que, “como muchos europeos, no contamos con grandes reservas de petróleo o de gas, pero tenemos el sol, tenemos el viento, un tesoro realmente. Un tesoro que, por razones que cuesta de entender, fue menospreciado hace una década. ¿Dónde estaríamos hoy si no hubiésemos perdido esa década?”, dijo, aludiendo al conocido ‘impuesto al sol’ aprobado por el anterior Ejecutivo del PP.
Del mismo modo, remarcó que la transición energética es un motor para el crecimiento y el empleo, al apuntar que España registra cifras históricas de afiliación, y defendió que avanzar en la descarbonización supone “más empleos para nuestros hogares, más riqueza para nuestras regiones y más competitividad para nuestras industrias”.
Sánchez reiteró el compromiso de que en 2030 el 81% de la generación eléctrica en España “tiene que proceder de energías renovables” y aseguró que el país va a “acelerar las renovables, sobre todo la energía eólica, y al mismo tiempo vamos a reforzar las redes de transmisión y distribución”.
“Les doy mi palabra hoy aquí. La conexión en la red no va a ser el obstáculo que impida que sus proyectos sean una realidad en mi país”, aseguró, aludiendo a la propuesta de planificación de la red eléctrica que contempla inversiones históricas de 13.600 millones de euros hasta 2030, que se complementarán con 1.300 millones de euros del Plan de Recuperación y 2.300 millones de euros destinados a proyectos de almacenamiento.
España, “mejor país para que sus inversiones sean rentables”
Con este marco, invitó al sector eólico internacional a apostar por España como destino de sus proyectos, al recalcar que “es el mejor país para que sus inversiones sean rentables”.
En el contexto de la crisis ligada al conflicto en Irán, Sánchez reflexionó sobre la complejidad de la cadena de suministro del petróleo, recordando que “desde un yacimiento petrolífero en el Golfo Pérsico hasta los depósitos de gasolina de los coches, una gota de petróleo viaja casi 10.000 millas náuticas”, atravesando múltiples países y rutas clave.
En esta línea, incidió en que “si se rompe un único eslabón de esta cadena tan larga, colapsa el sistema y las consecuencias son impredecibles”, evocando episodios similares vividos en las crisis de 1973 y 1979.
El presidente alertó de que estos episodios se repiten cada vez que se desencadenan tensiones geopolíticas y añadió que “la invasión de Ucrania ha demostrado que estos shocks energéticos pueden suceder allí donde menos lo esperamos”.
“La guerra con Irán ha sido la última advertencia. Una carestía diaria de 10 millones de barriles de petróleo. Un tercio de la infraestructura energética de la región ha quedado destruida. No estamos hablando de cuellos de botella. Estamos hablando de sogas que nos ponen al cuello”, manifestó.
En su opinión, esta dependencia seguirá generando inestabilidad, ya que “esto es algo que va a seguir pasando mientras se siga dependiendo de los combustibles fósiles”, en referencia a los efectos sobre el suministro mundial provocados por los cierres en el estrecho de Ormuz.
Sánchez, que describió la coyuntura actual como especialmente crítica y recordó que, según la Agencia Internacional de la Energía (AIE), “esta crisis es peor que las crisis del año 1973, 1979 y 2022 juntas”, planteó la disyuntiva a la que se enfrenta el mundo: “Y una elección muy clara, o turbinas o turbulencia”.
En clave europea, defendió —con un juego de palabras en inglés vinculado al foro— que “ganar Europa es el camino para que Europa gane”, reclamando reforzar la autonomía energética del continente mediante el aprovechamiento de recursos como el sol y el viento.
No obstante, reclamó una mayor integración de los sistemas energéticos europeos y criticó la lentitud de las interconexiones, al denunciar que “la electricidad española no puede tardar 10 años en cruzar los Pirineos”, e instó a profundizar en la solidaridad entre los Estados miembros.