El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha remitido al presidente del Consejo Europeo, António Costa, una carta con un decálogo de iniciativas para reforzar la economía del bloque comunitario “en un momento crucial para el futuro de la Unión Europea”, centradas en la transición ecológica, la autonomía estratégica, el fortalecimiento del mercado único, la cohesión social y el impulso de la tecnología digital y la innovación.
En su misiva, el jefe del Ejecutivo subraya que el contexto global que sustentó el modelo de crecimiento europeo ha quedado atrás. “El entorno internacional sobre el que se construyó el modelo de crecimiento europeo ha cambiado radicalmente. Ahora nos enfrentamos a una intensa competencia por parte de las principales potencias económicas, industriales y tecnológicas, pero la aplicación de las recomendaciones clave de los informes Draghi y Letta sigue siendo limitada”, expone en la carta enviada a Costa.
Sánchez reprocha que la UE todavía no ha recuperado plenamente su competitividad, que el mercado único continúa “fragmentado” y que los ahorros del continente siguen saliendo al exterior en lugar de financiar la economía productiva europea. Avisa, además, de que el ritmo actual de reformas ya no basta para responder al desafío.
“Los avances graduales ya no son suficientes. Si nos tomamos en serio el crecimiento, la resiliencia y la autonomía estratégica, Europa debe avanzar más rápido, actuar con mayor decisión y centrarse en prioridades claras”, insiste el presidente, que reclama un cambio de escala y de ambición en las decisiones comunitarias.
Al mismo tiempo, advierte de que el refuerzo de la competitividad no puede hacerse sacrificando los principios fundacionales de la UE, sus metas climáticas ni su modelo social. “No debemos aceptar la simplificación y la desregulación de las normas laborales y la protección social, que son, y deben seguir siendo, un sello distintivo de nuestro modelo económico”, recalca.
Diez ejes para una nueva agenda estratégica europea
Para responder a estos retos, Sánchez propone una agenda estratégica articulada en diez grandes líneas de actuación: simplificación mediante mayor integración y armonización normativa; descarbonización como palanca de competitividad a largo plazo; el capital humano como motor del crecimiento; un marco de competitividad con base social; más inversión pública en bienes públicos europeos; desbloqueo de la inversión a gran escala; refuerzo de la soberanía financiera; una economía abierta dentro de un sistema comercial adaptado al siglo XXI; una política industrial europea inteligente; y un salto en tecnología digital e innovación.
Entre estos puntos, otorga un papel central a la transición ecológica, que, a su juicio, solo prosperará si las instituciones europeas no lanzan mensajes contradictorios a los inversores. “Tenemos el potencial de electrificar alrededor del 50% de nuestra economía para 2040, lo que reduciría nuestra dependencia del petróleo, el gas y el carbón en dos tercios”, sostiene el presidente.
Con este horizonte, reclama un esfuerzo inversor masivo en renovables —incluido el hidrógeno verde y los combustibles sostenibles—, en sistemas de almacenamiento y flexibilidad, en redes e interconexiones, así como en acelerar y simplificar los procedimientos de autorización de proyectos.
El presidente también pone el foco en la necesidad de derribar las barreras que aún persisten en el mercado interior europeo, con el objetivo de contrarrestar mejor los efectos de la política arancelaria de Estados Unidos y de otros grandes actores globales.
Riesgos de la inteligencia artificial y Unión de las Competencias
En el terreno tecnológico, Sánchez alerta de que el despliegue acelerado de la inteligencia artificial puede “agravar las desigualdades y deteriorar las condiciones de trabajo” si no se acompaña de políticas adecuadas. Por ello, plantea que, además de atraer talento y facilitar su movilidad dentro de la UE, es imprescindible hacer realidad una auténtica Unión de las Competencias.
En concreto, propone ampliar y armonizar el reconocimiento automático de las cualificaciones profesionales en toda la Unión y adaptar las políticas educativas y de formación de capital humano a las prioridades industriales y tecnológicas fijadas a nivel europeo.
Fiscalidad justa y lucha contra la evasión
Otro de los pilares que defiende el presidente del Gobierno es una agenda de competitividad asentada en una base social robusta, lo que, a su juicio, exige un sistema tributario equitativo y unas capacidades fiscales reforzadas en los Estados miembros.
En esta línea, sostiene que la “lucha contra la evasión y el fraude fiscales” resulta esencial para mantener la confianza ciudadana en los estados del bienestar y garantizar los recursos necesarios para financiar inversiones estratégicas de largo plazo.
Canalizar el ahorro hacia sectores clave
Sánchez considera igualmente que, para que la UE mantenga su peso económico, debe movilizar recursos “a gran escala” hacia ámbitos prioritarios como la tecnología y la inteligencia artificial, la seguridad y la defensa, la energía y las industrias verdes. Y subraya que este esfuerzo no puede descansar solo en el gasto público, sino que debe apoyarse en una utilización mucho más activa del ahorro privado europeo.
Recuerda que, aunque los ciudadanos europeos ahorran más que los estadounidenses, cada año alrededor de 300.000 millones de euros se canalizan hacia Estados Unidos, mientras unos 12 billones de euros de ahorro privado permanecen “en su mayor parte inactivos”.
Ante esta situación, reclama avanzar “de forma decisiva” hacia una Unión del Ahorro y la Inversión (SIU, por sus siglas en inglés) y sostiene que un impulso decidido al paquete de integración de los mercados permitiría acelerar la creación de “un auténtico mercado único” para los valores.
Euro digital y soberanía financiera
En el terreno monetario y financiero, el presidente sitúa el euro digital en el centro de la agenda de soberanía económica de la UE. Precisa que no debe verse únicamente como “un instrumento de pago”, sino como “una herramienta de macro soberanía” que garantiza que el sistema de pagos europeo permanezca vinculado al dinero público bajo control del Eurosistema e incremente su resiliencia gracias a funcionalidades ‘offline’.
“Debemos adelantar su lanzamiento a 2028”, reclama Sánchez, que insiste en que el desarrollo del euro digital tendrá que complementar, y no sustituir, a los sistemas de pago privados ya existentes, asegurando su interoperabilidad.
Más allá de los medios de pago, el presidente defiende que la UE reduzca su exposición a la “coacción financiera extraterritorial”, especialmente cuando la dependencia de infraestructuras ajenas a la Unión pueda llevar a empresas europeas a acatar de facto sanciones dictadas por terceros países.
Para mitigar este riesgo, aboga por reforzar “vías financieras autónomas europeas” en campos como la compensación, la liquidación, la mensajería financiera y la identidad digital, con el fin de que las operaciones transfronterizas se realicen bajo legislación y supervisión de la UE.
Reforma de la OMC y decisiones difíciles
En materia comercial, Sánchez reafirma el compromiso de la Unión con un sistema internacional basado en reglas, pero reclama una posición “más firme” a la hora de impulsar una reforma profunda de la Organización Mundial del Comercio.
En un escenario de “crecientes desequilibrios y parálisis por consenso”, defiende que preservar la relevancia de la OMC pasa por explorar “nuevas vías”, entre ellas el uso de acuerdos plurilaterales “más flexibles” dentro del marco multilateral existente.
En la parte final de su carta, el presidente advierte de que reforzar la competitividad y la autonomía estratégica de Europa implicará asumir costes políticos. “La profundización del mercado único, el avance de la transición ecológica y la aplicación de la política industrial exigen decisiones difíciles, también a nivel nacional. Pero el coste de la fragmentación, la parálisis o el retroceso continuados sería mucho mayor”, concluye.