La subida del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) a 1.221 euros brutos mensuales en 14 pagas en 2026, acordada por el Ministerio de Trabajo con los sindicatos, tendrá un impacto directo sobre los autónomos que tienen trabajadores a su cargo, al elevar el coste salarial mínimo por empleado, aunque no afectará de forma automática a la cuota que pagan a la Seguridad Social.
Para los autónomos empleadores, el incremento del SMI supone un aumento inmediato de los costes laborales, no solo por el salario bruto, sino también por las cotizaciones sociales asociadas. El efecto es especialmente relevante en sectores con márgenes ajustados y alta dependencia de salarios mínimos, como comercio, hostelería, cuidados o pequeños servicios, donde muchos negocios ya operan con estructuras muy contenidas.
En cambio, los autónomos sin empleados no verán un impacto directo en sus cotizaciones, ya que en 2026 no se ha aprobado una subida general de cuotas vinculada al SMI, manteniéndose el esquema vigente. El efecto, en este caso, sería indirecto y dependería de la evolución de precios, consumo y relaciones comerciales.

ATA alerta del impacto en los pequeños negocios
Desde ATA, la principal organización de autónomos, se advierte de que la subida del SMI presiona la viabilidad de miles de pequeños negocios con plantilla, especialmente aquellos con uno o dos trabajadores. La asociación considera que el incremento es difícil de absorber para el autónomo empleador, puede frenar nuevas contrataciones y agravar la situación de quienes ya afrontan costes elevados en energía, alquileres o financiación.
ATA sostiene que el aumento del salario mínimo debería acompasarse a la realidad económica de las microempresas y reclama medidas de compensación o alivio fiscal para evitar que el ajuste recaiga íntegramente sobre los autónomos con empleados.
UPTA defiende la subida y el efecto sobre el consumo
En una posición opuesta, los autónomos de UPTA defienden que la subida del SMI no perjudica de forma generalizada a los autónomos y que su impacto positivo sobre el poder adquisitivo de los trabajadores puede traducirse en un mayor consumo, beneficiando a muchos pequeños negocios.
UPTA subraya que mejorar los salarios más bajos refuerza la economía local, especialmente en actividades orientadas al consumo interno, y rechaza que el SMI sea el principal problema de los autónomos, apuntando más bien a la necesidad de estabilidad normativa y apoyo al pequeño tejido productivo.
La subida del SMI en 2026 supone un reto claro para quienes tienen empleados y operan con márgenes reducidos, mientras que para otros puede generar efectos indirectos positivos si se traduce en más demanda. El debate entre ATA y UPTA refleja esa dualidad y anticipa una discusión abierta sobre cómo repartir el coste del aumento salarial en la economía real.