El 20% de los viajeros de la Generación Z (jóvenes nacidos entre 1997 y 2012) ya dedica más de 5.000 euros al año a sus vacaciones y escapadas, de acuerdo con el último informe de HBX Group elaborado en colaboración con la Universidad de Nueva York.
Según este análisis, los desplazamientos se han convertido en un gasto prioritario para este grupo de edad. Un 31% de los encuestados destina entre 855 euros y 2.140 euros anuales a viajes, mientras que otro 24% afirma invertir entre 2.140 euros y 4.300 euros en turismo de ocio y visitas a familiares.
El estudio de este marketplace tecnológico B2B indica además que el 66% de los jóvenes se muestra dispuesto a recibir ofertas personalizadas, siempre que exista claridad sobre cómo se gestionan y utilizan sus datos personales.
Desde la óptica comercial, el 75% de los participantes valora de forma positiva las sugerencias sobre servicios locales y propuestas gastronómicas en destino. Asimismo, el 64% se declara partidario de recibir promociones segmentadas de vuelos y alojamientos adaptadas a su nivel de gasto y a sus intereses concretos.
En el terreno de la estrategia digital, el informe constata que un 55% de la muestra rechaza la publicidad intrusiva y los mensajes genéricos, que perciben como poco relevantes o invasivos.
El responsable de estrategia y transformación de HBX Group, Javier Cabrerizo, subraya que esta generación demanda marcas capaces de combinar la precisión tecnológica con una relación auténtica y humana, dando prioridad al control sobre sus propias decisiones frente a la recogida automatizada de datos por parte de algoritmos.
El documento concluye que la línea que separa una personalización “útil” de otra “molesta” es extremadamente delgada y depende de tres elementos centrales: autenticidad, empatía y contexto. Los jóvenes viajeros reaccionan mejor ante propuestas que anticipan sus necesidades, respetan su presupuesto y les permiten conectar con la cultura local del lugar que visitan.
Para lograr la fidelidad de la Generación Z, las compañías turísticas deben diseñar experiencias flexibles, con carga emocional y un propósito claro, evitando la opacidad en el manejo de la información y aquellas fórmulas publicitarias que puedan interpretarse como una intromisión en la privacidad del usuario.