El consejero delegado de Moeve, Maarten Wetselaar, ha avisado de que, si la escalada bélica en Oriente Medio se mantiene en el tiempo, Europa podría afrontar no solo un encarecimiento de la energía, sino también dificultades reales para disponer de combustibles, por lo que ha pedido una reacción conjunta a nivel comunitario para esquivar una nueva crisis de suministro.
Durante su participación en el foro “Wake Up Spain”, organizado por “El Español”, Wetselaar apuntó que ya existen mercados en el mundo donde la disponibilidad física de producto “es problemática” y advirtió de que esa tensión “va a venir a Europa” si el conflicto no se encauza.
En este escenario, resaltó que España mantiene una posición relativamente “privilegiada” gracias a conservar una base industrial energética que otros países del entorno europeo han ido perdiendo.
El directivo defendió que la transición energética solo podrá convivir con la seguridad de suministro y la competitividad si el continente cuenta con una industria energética “organizada y optimizada de forma europea”.
A su entender, la generación renovable debe ubicarse allí donde resulte más eficiente: en el sur de Europa, con abundancia de sol y espacio para grandes instalaciones fotovoltaicas y eólicas, y en el norte, aprovechando el potencial hidroeléctrico escandinavo, para después transportar esa energía hacia el centro del continente, no solo en forma de electricidad, sino también como hidrógeno y biocombustibles.
Wetselaar cargó contra el enfoque fragmentado de los últimos años, ejemplificado en que “cada alcalde en Alemania quería su planta de hidrógeno”, pese a que producir hidrógeno en el centro de Europa resulta mucho más caro que hacerlo en la península ibérica.
Según su visión, la energía no debe organizarse “de forma nacional”, sino “europeizarse”, y recordó que, cuatro años después de la crisis de Ucrania, las interconexiones entre Francia y España apenas han progresado, salvo el proyecto de ducto de hidrógeno entre Barcelona y Marsella.
Un “campeón” ibérico con Galp
El responsable de Moeve enmarcó en esta estrategia europea la alianza con Galp en el negocio de ‘downstream’, que ambas empresas confían en cerrar definitivamente este verano antes de remitirla al examen de los reguladores en Bruselas.
Wetselaar detalló que la meta es integrar las actividades de refino y comercialización en la península ibérica para levantar un “campeón” inicialmente ibérico, con la solidez financiera necesaria para mantener competitiva la industria del refino en la zona e invertir “mucho dinero” en las moléculas verdes del futuro.
En la parte final de su intervención, el directivo expuso las condiciones que, a su juicio, deben darse para que el hidrógeno verde, el biometano y otros biocombustibles despeguen en España y en el conjunto de Europa.
En primer lugar, reclamó más interconexiones e infraestructuras que hagan posible trasladar el hidrógeno producido a unos 5 euros por kilo en la península ibérica hacia mercados como el alemán, donde los costes pueden ser muy superiores. En segundo lugar, exigió “agilidad regulatoria” y en la tramitación de permisos, denunciando que su proyecto de hidrógeno ha necesitado tres años y medio para lograr una simple conexión a la red.
Por último, remarcó que estas industrias de moléculas verdes solo captarán capital si cuentan con una “perspectiva de rentabilidad” clara.
Para ello, consideró clave diseñar bien los mercados y asegurar un marco regulatorio y fiscal estable que proporcione visibilidad a largo plazo, especialmente en un contexto en el que Moeve se ha fijado metas como desarrollar hasta 60 plantas de biometano en España antes de 2030 y, por ahora, apenas ha puesto en marcha la primera.