María Jesús Montero vuelve a casa. Deja el Gobierno y Madrid ser candidata del PSOE, su PSOE, y batirse con Juanma Moreno Bonilla por la Junta de Andalucía.
Con su marcha, ya sólo quedan de aquel primer Gobierno de Pedro Sánchez, aquel Gobierno ‘bonito’, Fernando Grande-Marlaska, Margarita Robles y Luis Planas. Curiosamente, los tres ministros con más edad del Consejo de Ministros.
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Voz del Gobierno, voz del PSOE
El salto de Montero es el último, dentro de una carrera en Madrid que le llevó a ser portavoz del Gobierno durante año y medio. Lo siguió siendo de forma oficiosa. Le cuesta resistirse al 'corrillo' con los periodistas, dispuesta siempre a afrontar preguntas de la prensa o a explicar tecnicismos de una forma más accesible y pedagógica.
No se le caen los anillos para explicar con unas 'juanolas' por qué no cargaba a Presupuestos los impuestos y las medidas del decreto 'anticrisis'. O quitarle hierro a un posible ajuste de las cuentas públicas por un menor déficit, ante la pregunta de una periodista en el patio del Congreso. "Chiqui, son 1.200 millones. Eso es poco".
Su último ‘corrillo’ con los periodistas parlamentarios, este miércoles, duró casi una hora. El jueves, día de su despedida, fue de las pocas veces que no parar a hablar, no sin antes darse la vuelta y lanzar, algo emocionada, un beso a la multitud congregada, como la mejor de las folclóricas.
Cercanía y calidez
Montero es sevillana, médica y, desde que en junio de 2018 Pedro Sánchez la eligió para integrar su primer Gobierno, ha sido la responsable del Ministerio de Hacienda. Durante estos años ha demostrado ser una inagotable negociadora, presupuestaria y programática.
Presente en toda negociación de alcance en la que estuviera el PSOE. Una soldado del Gobierno o del partido, férrea defensora de las posiciones de su equipo en primera línea. Y siempre con moral de victoria.
El paquete fiscal, ¿punto de inflexión?
Algo cambió, no obstante, en la negociación del paquete fiscal. Montero priorizó a Junts para introducir cambios en el sistema tributario, fundamentalmente rebajas fiscales, confiando en que ERC y Bildu acabarían aceptando.
Pero el precio de los de Puigdemont fue, como siempre, elevado: suprimir el gravamen energético. Los socios se plantaron y amagaron con tumbar el paquete fiscal del que el Gobierno dependía para cuadrar sus cuentas. No era la prometida reforma fiscal pero sí lo más cercano a unos Presupuestos.
Tras horas de negociación y ya de madrugada, el Gobierno salvó el proyecto, que fue aprobado días después. Varias fuentes sitúan a Félix Bolaños como la figura clave que tomó los mandos y supo desbloquear la situación.
La figura de la vicepresidenta quedó ‘tocada’ tras esa negociación. Meses después, el presidente acabaría lanzando a Montero a la secretaría general del PSOE andaluz, anticipándola como candidata para batirse con Juan Manuel Moreno Bonilla.
Siempre había estado en las quinielas para liderar la 'reconquista' en Andalucía, pero nunca había llegado a el salto. Sánchez la había mantenido siempre en el Consejo de Ministros, hasta que decidió lanzar a sus pesos pesados contra los barones del PP, sin que hasta ahora los resultados le hayan acompañado.
De la Junta a defender los Presupuestos del PP
Sánchez la escogió para dirigir el Ministerio de Hacienda cuando formaba parte de otro gobierno, el andaluz, presidido por la que había sido máxima contrincante para hacerse con la secretaría general del PSOE, Susana Díaz.
Otra paradoja es que una de sus primeras intervenciones como ministra en Madrid fuese en el Senado para defender unos Presupuestos del Partido Popular, aprobados días antes de la moción de censura que desalojó al Gobierno de Mariano Rajoy. Ella no lo sabía en ese momento, pero no sería hasta dos años y medio después cuando pudo contar unos Presupuestos Generales del Estado de su propia autoría.
Montero encadenó después tres Presupuestos consecutivos y otros tres ejercicios sin ellos. No ha sido capaz de presentar unas nuevas cuentas esta legislatura. El último contratiempo ha sido la guerra de Irán, si bien el Gobierno tampoco contaba con los números para sacarlos adelante. La presentación de las cuentas y su tramitación iba a ser casi más una performance ante el rechazo anticipado de ERC y Junts de validarlos.
Tándem con Calviño, “hermana melliza”
Sus socios parlamentarios y de Gobierno han criticado su resistencia en varias negociaciones a cerrar 'agujeros' en el Impuesto sobre Sociedades y el abanico de beneficios fiscales, o apretar más a las rentas del capital.
En las disputas en el Consejo de Ministros durante los días de la pandemia para definir el alcance de la respuesta económica, no era Montero,militante comunista en su juventud, la que más se acercaba en los debates a las propuestas de Unidas Podemos, sino José Luis Escrivá y otro antiguo militante comunista, José Luis Ábalos.
Pese a tratarse de perfiles bien distintos, la responsable de Hacienda hizo tándem en las batallas internas de la coalición con la vicepresidenta de Economía, Nadia Calviño, que se despidió de ella como su "hermana melliza".
Munición ideológica para el debate económico
María Jesús Montero llegó a Madrid con dos objetivos fundamentales: acometer una profunda reforma fiscal y renovar los caducados sistemas de financiación autonómica y local. En seis años como ministra no ha conseguido ni una cosa ni la otra. Y, sin embargo, su capacidad y liderazgo han conseguido que esas faltas no destaquen en su trayectoria política.
Desde su primera comparecencia parlamentaria, Montero no dudó en ir al choque ideológico contra el PP en el terreno económico. En criticar, sin ambages, las políticas de austeridad y recortes, y defender un mayor gasto público, particularmente, social.
No ha tenido complejo alguno en combatir la supresión de impuestos por parte del PP, acusando directamente al PP de Madrid de encabezar esa estrategia y poniendo en duda la connivencia del resto de barones 'populares' con ella.
Tampoco se ha cansado de defender un sistema tributario más progresivo, con impuestos más altos para aquellas personas con mayores ingresos y patrimonio, y tapar las brechas del Impuesto sobre Sociedades para las grandes empresas.
Gravámenes a banca y energéticas, pero sin reforma
Las palabras, no obstante, no se han traducido en la esperada reforma fiscal. En la pasada legislatura se supeditó a un análisis de una comisión de expertos nombrados por ella misma. Y en esta, los equilibrios parlamentarios lo dejaron en un modeste paquete de medidas.
Sí que impulsó dos nuevos gravámenes a las entidades financieras y a las grandes energéticas, en forma de prestación patrimonial pública no tributaria, una figura que le permitió sortear trabas jurídicas o la minoración de la cuota a través de ingeniería fiscal.
Junto a ellos nació un nuevo impuesto de solidaridad a las grandes fortunas, como complemento al Impuesto sobre Patrimonio para aquellas comunidades que no lo aplicaran. Montero pudo colgarse la medalla de que la Comunidad de Madrid volviera a aplicar Patrimonio, aunque fuera para evitar que la recaudación quedara en Hacienda.
Tarea del siguiente
El que no ha visto la luz es el esperado sistema de financiación. Lo presentó hace unos meses, con la esperanza de poder tramitarlo a lo largo del año, junto con la condonación de deuda autonómica, una de las banderas con las que hará campaña en Andalucía.
Su aprobación en las Cortes, sin embargo, quedará en manos de su sucesor, Arcadi España, que llega al Ministerio de Hacienda a tratar de llenar el enorme vacío que deja Montero tras casi ocho años como ministra.