La falta de química entre Abascal y Feijóo: ¿pondrá en peligro la gobernabilidad de España?

Tras el éxito en Aragón, ¿podrán PP y Vox superar sus diferencias? Expertos analizan las claves del pacto, la agenda verde, la inmigración y las rebajas fiscales. Lee el análisis completo

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Feijóo y Abascal en una sesión de control del Gobierno, se verán las caras este próximo miércoles. Foto: Europa Press

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El aplastante triunfo de la derecha en Aragón este pasado domingo abre algunos interrogantes, entre ellos, qué puede suceder si persiste la falta de química que hoy hay entre Santiago Abascal y Alberto Núñez Feijóo.

Entre sus votantes, y de cara a unas elecciones generales -también de las andaluzas y antes de las castellanas-, la pregunta es si estas dos formaciones lograrán ponerse de acuerdo para establecer gobiernos y, si de hacerlo, tendrán continuidad o no se vendrán abajo en poco tiempo, como así ha sucedido en Valencia, en Extremadura y en Castilla y León.

La pregunta es más amplia y con mas peso. ¿Pueden entenderse Feijóo y Abascal y gobernar juntos si, como las previsiones demoscópicas apuntan, es muy posible que entre las dos fuerzas políticas pueden llegar a sumar más de 200 escaños, de los 350 que tiene el Congreso de los Diputados?

El voto joven

Ni la bruja Lola ni las casas de sondeo están en disposición de responder a esta cuestión. De momento, las claves políticas se centran en observar qué ha pasado hasta ahora y, qué podría cambiar entre estos dos partidos.

El desarrollo de las campañas y los mensajes lanzados pueden arrojar alguna información. En el caso de Aragón, el más reciente -explican expertos politólogos a Demócrata-, la incorporación del voto joven y el apoyo incontestable del sector primario, unido a indecisos y cabreados, tanto con PP como con el PSOE, han sido elementos concluyentes en el explosivo resultado de Vox, duplicando su número de escaños, de 7 a 14.

Liderar la agenda política en asuntos como la inmigración, Mercosur, acompañar a la tractorada que se despliega este martes por las principales arterias de la capital de España, también ayuda. Como el hecho en sí -remarca un experto desde Bruselas-, de que, tanto en Vox, como en el PSOE, el liderazgo es parecido al del Partido Comunista Chino, lo que no permite disidencias ni críticas, concentrando todo el poder en su secretario general o presidente.

Un ciclo electoral o viene para quedarse

A Vox no le pesa su trabajo en las administraciones. No tiene responsabilidad. Y para él es más fácil hacer labor de oposición a cualquier partido, a diestra y siniestra. Vox no tiene que rendir cuentas a sus votantes, y, hasta la fecha, salirse de los gobiernos regionales, no solo no les ha penalizado, les ha impulsado aún más.

Por el contrario, el Partido Popular ha decidido defender que, aquel gobierno que no consiga un pacto de presupuestos, debe dar voz a los ciudadanos, por lo que siempre que esto sucede, convoca elecciones, a riesgo de que las urnas no te respalde, y te reste escaños como pasó este domingo.

Más allá de que el fenómeno de Vox puede corresponder a un ciclo electoral -hay que mirar hasta dónde llegó Podemos, y dónde está ahora, convirtiéndose en un partido irrelevante-, la formación liderada por Abascal empieza a verse de una manera normalizada, y se asemeja a lo que ocurrió en Italia con la presidenta del Consejo de Ministros de la República, Giorgia Meloni, presidenta de Hermanos de Italia. La prueba es que Vox se nutre ya de votantes, no solo del Partido Popular, sino también del PSOE y de Podemos.

El muro del votante de derechas

Los ‘fallos’ por los que el PP no ha conseguido conectar con antiguos votantes, que no se quieren mover de Vox, apuntan al liderazgo tranquilo e institucional de Alberto Núñez Feijóo -con más experiencia de Gobierno que de oposición-. Además, también se achaca la nacionalización de los debates, la tardanza en llegar a los temas de agenda; a veces a la confusión y dobles mensajes y, a una percepción de que estamos ante un partido de personas mayores, que no transmite la emoción que requiere unas elecciones a cualquier nivel institucional.

A medio plazo, para la gobernabilidad en España, PP y Vox están condenados a entenderse si quieren que Pedro Sánchez deje de ser el jefe del Ejecutivo español. Feijóo se ha adelantado ya en este terreno, y este lunes ha afirmado que, “la mayoría se debe entender con responsabilidad” no sea que -dejando recado a Vox-, “castiguen también a quien no deja gobernar”. 

Vox, por su parte, ha adelantado que, para sentarse a negociar, quiere que estén sobre la mesa la agenda verde, los temas de inmigración y las rebajas de impuestos. 

En cualquier caso, el triunfo de este domingo de las dos fuerzas políticas de derecha es incontestable. Con el 62% de los votos, obtienen un triunfo histórico, en una comunidad en la que tradicionalmente ha gobernado la izquierda, desde el año 1983, y en la que el PP solo ha ostentado la presidencia de Aragón durante 11 años. Ninguna de los dos partidos ha ejercido la presidencia con mayoría absoluta.

De ahí la importancia de este resultado. Porque es -explican fuentes políticas a Demócrata-, “es como si el PSOE ganara ahora en Galicia, aunque no fuera por mayoría absoluta, pero sumara con los nacionalistas y la izquierda. Nadie -recalca- podría decir que no es un triunfo histórico”.