Con 82 procuradores en juego y la mayoría absoluta fijada en 42, la pregunta no es solo quién gana, sino con cuánta autoridad política sale de las urnas y quién paga el precio de la gobernabilidad.
La cifra que manda: los 32 procuradores de Mañueco
El primer dato a seguir no es un porcentaje, sino una referencia muy concreta: 32 procuradores. Es decir, mejorar el resultado del PP, aunque sea testimonialmente, en las elecciones de 2022 las últimas, por cierto, en la que fue presidente de los populares Pablo Casado. Ese resultado, mejorar el 31,4% de los votos es lo que se vigila con lupa, especialmente tras los resultados de Aragón y sigue siendo hoy la vara de medir de Alfonso Fernández Mañueco.
Superar con nitidez esos 31 procuradores -irse a 32 o 33- permitiría a Mañueco vender una noche de consolidación, reforzar el relato de campaña tranquila y presentarse como el único eje estable del sistema político castellano y leonés. No le evitaría negociar, pero sí le daría una posición mucho más fuerte frente a Vox. En cambio, quedarse clavado en 31 o bajar a 30, 29 o 28 tendría una lectura bastante más áspera: significaría que el PP gana, sí, pero no ensancha realmente su espacio, que el voto útil no ha funcionado del todo y que Feijóo no logra domesticar el ascenso de Abascal ni siquiera en un territorio estructuralmente favorable.
El 29% de Carlos Martínez: resistencia o derrota útil
Los socialistas llegan a estas elecciones, aparentemente, en mejor forma que en las dos anteriores carreras regionales. Muy tocados tras los malos datos de Aragón, aquí la referencia es clara: conseguir un 29% que sería sinónimo de resistencia numantina.
En un territorio histórico del PP, los socialistas afrontan aquí la segunda batalla tras el recambio de barones regionales mirando los datos logrados por el anterior líder en Castilla y León: Luis Tudanca. En concreto, un 30% del voto y 28 procuradores. Mantenerse en estos registros se podría vender como una victoria que además capitalizarían desde la organización regoinal socialista, tras los intentos de Carlos Martínez de territorializar la campaña como desde Ferraz, que está totalmente volcada en la nueva esttetiga del 'No a la Guerra' con la ofensiva de Donald Trump en Israel e Irán.
Aquí hay optimismo contenido entre los socialistas, que además corren el riesgo del manejo de expectativas. Al vender mejor forma en las encuestas a lo largo de esta campaña, corren el riesgo de que una pérdida clara de tracción -un 26 o 27% o 25 procuradores- sea visto como una contestación a cualquiera de las estrategias puestas en marcha. Ya no estaríamos, pues, ante una derrota contenida sino otro paso atrás en un territorio donde el PP gobierna desde 1987 y donde la incapacidad socialista para construir una mayoría alternativa se ha convertido casi en una anomalía permanente.
Además, en el PSOE habrá otra lupa: la distancia con Vox. Que el partido de Martínez termine a nueve o diez escaños del PP es asumible; que acabe viendo a Vox demasiado cerca, no. Ahí se jugará una parte importante del relato nacional de la noche.
El 20% de Vox: de socio incómodo a poder de bloqueo
El tercer termómetro de la jornada es Vox. Y su frontera psicológica es conseguir, por primera vez en unas elecciones, romper el 20% del voto. Este, de todos, es el inidcador más importante de si algo se está moviendo a nivel nacional en las encuestas en el global de España.
Recordemos que Castilla y León fue el primer territorio donde Vox consiguió una cifra realmente competitiva en unas elecciones -13 prcuradores y un 17,6% de los votos en 2022- y donde tuvo los primeros problemas de gobernabilidad y a nivel interno. Tras una campaña muy tensa con el PP, a cuenta de los pactos aún pendientes de cerrar en Extremadura y Aragón y diversas informaciones sobre problemas en los niveles orgánicos del partido, Vox se juega aquí más de lo que parece.
El partido de Abascal obtuvo 13 procuradores en 2022 y hoy los sondeos lo sitúan en torno al 20% del voto y en una horquilla de 16 a 20 escaños. Eso significa que prácticamente todas las encuestas lo dibujan creciendo con claridad. La cuestión no es si sube, sino cuánto.
Si logra superar el 20% o rompe los 18, 19 o 20 procuradores, la lectura será muy más potente: no solo habría consolidado su espacio rural y agrario, sino que volvería a colocarse como fuerza capaz de marcar el precio de la investidura, de captar votos transversales y ayudaría a erosionar el discurso de Feijóo contra el “bloqueo” de Abascal. Mejorar solo ligeramente puede emitir el mensaje de que hay un techo electoral claro para los de Abascal.
Los regionalistas: pequeños en escaños, grandes en relato
En una Cámara de 82 escaños, los regionalistas pueden volver a valer oro, aunque esa probabilidad sería una de las grandes sorpresas de la noche. Si los partidos regionales consiguieran un buen resultado -con UPL y Soria Ya como clave de bóveda- y Vox se desinfla podemos encontrar un contrapeso importante por primera vez a la dupla PP-Vox, algo que daría una ventaja competitiva importante a Feijóo.
No es el escenario central, pero existe, y basta con que la suma del PP se acerque lo suficiente a 42 para que esos partidos se conviertan en la noticia de la noche.
La izquierda a la izquierda del PSOE: riesgo real de desaparición
Otro foco relevante de la noche estará en la izquierda alternativa. IU y Podemos concurrieron juntos en 2022 y ahora lo hacen por separado. Las encuestas apuntan a que esa división puede dejarles sin representación o reducir su presencia al mínimo, probablemente concentrada en Valladolid.
Eso importa menos por el número de escaños que por la lectura política: cada décima que se quede fuera del reparto beneficia de facto a la concentración del voto en PP, PSOE y Vox, especialmente en una comunidad con provincias pequeñas y un sistema muy duro para los partidos medianos.
La participación: menos drama meteorológico, más movilización diferencial
A diferencia de otros domingos electorales marcados por borrascas y temporal, esta vez el factor meteorológico apunta a ser menos decisivo. Las previsiones meteorológicas para la jornada del 15 de marzo dibujan un "dia tranquilo", con nublados en parte y algunas precipitaciones pero fuera de los dos escenarios que pueden perjudicar más a la movilización: tiempo extremo o jornada primaveral, que pueda hacer a los votantes pensar en el ocio más que en el voto. Eso quita una variable de incertidumbre y devuelve toda la presión a la movilización política pura.
De nuevo, cualquier lectura sobre la participación y más recordando el caso de Aragón, será complicada: en general, si la participación aguanta, habrá más opciones para los progresistas y si baja la estructura del sistema y la concentración del voto rural pueden favorecer de nuevo a la derecha. Con todo, de nuevo la incógnita está en Vox tras los resultados y datos de participación en Aragón, especialmente por la intensidad de campaña que ha hecho en toda Castilla y León.