Con el 84% del escrutinio oficial completado, Seguro se sitúa en primer lugar con algo más del 30% de los votos, imponiéndose contra las previsiones iniciales y regresando al primer plano político tras una década alejado de la primera línea. Ventura ocupa la segunda posición con alrededor del 25%, consolidando a su partido Chega como una fuerza central en el nuevo mapa político portugués.
Ninguno de los once candidatos ha superado el 50% necesario para evitar la segunda vuelta, lo que confirma una de las presidenciales más abiertas e imprevisibles desde el inicio de la democracia.
Golpe para el centro derecha y reordenación del bloque conservador
El gran derrotado de la jornada ha sido Luís Marques Mendes, histórico dirigente del Partido Social Demócrata, que queda relegado a la tercera posición con en torno al 13%, disputando ese puesto con el liberal João Cotrim de Figueiredo. Su candidatura contaba con el respaldo explícito del primer ministro Luís Montenegro, lo que convierte el resultado en un revés político de primer orden para el Gobierno.
Ventura ha interpretado el resultado como la confirmación de que la derecha portuguesa ha entrado en una nueva fase, y ha comenzado ya a trabajar para concentrar el voto conservador que en esta primera vuelta se ha repartido entre varias candidaturas.
El retorno socialista y una campaña sin precedentes
La victoria de Seguro supone una inesperada revitalización del Partido Socialista, todavía golpeado por la derrota en las legislativas de 2025, cuando fue superado por Chega. Aunque los sondeos habían detectado una mejora del candidato en los últimos días, ninguna encuesta anticipó su liderazgo final.
La noche también ha sido negativa para el almirante en la reserva Henrique Gouveia e Melo, que llegó a figurar como favorito meses atrás y ha acabado relegado a posiciones secundarias tras perder impulso durante la campaña.
Menor abstención y un papel presidencial decisivo
La participación ha sido sensiblemente superior a la de anteriores elecciones presidenciales. A media tarde ya había votado más del 45% del censo, un nivel que no se registraba desde hace dos décadas.
Portugal es una república semipresidencialista, donde el jefe del Estado dispone de amplias competencias: puede disolver el Parlamento, cesar al Gobierno, vetar leyes, convocar elecciones y ejercer como mando supremo de las Fuerzas Armadas. El desenlace de la segunda vuelta será, por tanto, determinante para el equilibrio institucional del país en los próximos años.