Elecciones en Portugal: presidenciales abiertas con la extrema derecha como favorita para la segunda vuelta

El ascenso de André Ventura y la fragmentación del espacio conservador marcan unas elecciones inéditas en Portugal, donde hasta cinco candidatos llegan con opciones reales y la segunda vuelta se da por segura

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André Ventura, líder de la ultraderecha de Portugal. Europa Press/Contacto/Diogo Baptista

André Ventura, líder de la ultraderecha de Portugal. Europa Press/Contacto/Diogo Baptista

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Portugal celebra este domingo unas elecciones presidenciales decisivas, las más abiertas desde el inicio de la democracia, en un contexto de profundo cambio político y social. Diez años después de la reelección de Marcelo Rebelo de Sousa, el país afronta una cita marcada por la irrupción de la extrema derecha, el debilitamiento del socialismo tradicional y una derecha fragmentada en varios proyectos que compiten por el mismo espacio electoral.

El giro político de un país que parecía inmune

Durante años, Portugal fue presentada como una excepción europea frente al auge de la extrema derecha. Esa percepción ha quedado atrás. El país que en 2021 acogió a músicos afganos perseguidos por los talibanes es el mismo que ahora ha rechazado la reubicación de solicitantes de asilo procedentes de otros países europeos, incluso asumiendo un coste económico relevante.

Ese cambio de clima político se refleja en la consolidación de Chega, una formación inexistente hace apenas seis años y hoy convertida en uno de los actores centrales del sistema. Su candidato, André Ventura, es uno de los grandes favoritos para pasar a la segunda vuelta prevista para el 8 de febrero.

André Ventura, favorito pese a la polémica

Ventura llega a la jornada electoral tras una campaña marcada por la controversia. Sus mensajes contra minorías le han valido resoluciones judiciales que le obligaron a retirar carteles considerados discriminatorios. Lejos de erosionar su base, esas decisiones parecen haber reforzado la fidelidad de sus votantes.

Una de las incógnitas clave de la jornada es si logrará ampliar el respaldo obtenido en las últimas legislativas, donde Chega alcanzó 1,4 millones de votos (22%), consolidándose como segunda fuerza parlamentaria.

El socialista António José Seguro resurge contra pronóstico

El principal rival de Ventura es el socialista António José Seguro, una candidatura que arrancó con escaso respaldo y sin el apoyo entusiasta de su propio partido. El Partido Socialista atraviesa su peor momento histórico tras quedar relegado a la tercera posición parlamentaria, y Seguro llevaba años alejado del primer plano político.

Sin embargo, su perfil moderado y una campaña sin estridencias le han permitido crecer en los sondeos. En pocas semanas ha pasado de cifras cercanas al 16% a situarse en torno al 23%, apenas un punto por detrás de Ventura, lo que lo convierte en un serio aspirante a la segunda vuelta.

Una derecha fragmentada y sin un claro liderazgo

Más allá de Ventura y Seguro, la carrera presidencial está marcada por la división del espacio conservador, con varios candidatos compitiendo entre sí. Luís Marques Mendes, respaldado por el Gobierno de Luís Montenegro, partía como favorito, pero su candidatura se ha debilitado tras las críticas sobre su actividad profesional y su relación con intereses privados.

También ha perdido impulso Henrique Gouveia e Melo, almirante en la reserva y primer militar que aspira a la presidencia desde 1980. Tras ganar popularidad como responsable de la campaña de vacunación durante la pandemia, su imagen se ha ido desgastando al entrar de lleno en la confrontación política.

El factor liberal y la incógnita final

La sorpresa de la recta final es el liberal João Cotrim de Figueiredo, que ha escalado posiciones hasta situarse en algunos sondeos por delante de candidatos tradicionales. Su campaña, sin embargo, se ha visto afectada por declaraciones contradictorias sobre una hipotética segunda vuelta y por una denuncia judicial que deberá resolverse en los tribunales.

Con ningún candidato por encima del 25%, todo apunta a una segunda vuelta segura, algo que solo ha ocurrido una vez en la historia democrática portuguesa, en 1986. La gran incógnita es quiénes lograrán pasar a esa ronda decisiva en un escenario marcado por la fragmentación y la volatilidad del voto.