El enfrentamiento entre Pedro Sánchez y Donald Trump ha entrado en una nueva fase. Tras meses de discrepancias en asuntos como Gaza, Venezuela o el gasto en defensa dentro de la OTAN, la negativa española a permitir el uso de las bases militares de Rota y Morón para operaciones vinculadas a la ofensiva contra Irán ha elevado la tensión diplomática entre ambos ejecutivos hasta un punto inédito.
Trump llegó a amenazar este martes con cortar “todo el comercio” con España, una advertencia que va incluso más allá de los episodios anteriores de presión política. El conflicto está servido y, en medio del mismo, una pregunta empieza a plantearse en el mundo político español: si esa confrontación puede ayudar o perjudicar electoralmente a Sánchez.
La teoría política tiene un nombre para este fenómeno: rally ’round the flag, o efecto bandera. El concepto fue formulado en 1970 por el politólogo estadounidense John Mueller para describir la tendencia de los ciudadanos a cerrar filas en torno a su líder cuando el país percibe una amenaza exterior. El ejemplo clásico es el del presidente estadounidense George W. Bush tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, cuando su índice de aprobación pasó en pocos días de alrededor del 51% a más del 90%. La literatura académica ha mostrado que el efecto también puede activarse, aunque con menor intensidad, cuando la presión exterior procede de otro Estado o de un líder extranjero percibido como hostil.
Canadá y Dinamarca, dos precedentes recientes
Los ejemplos más recientes vinculados directamente a Donald Trump se han producido en Canadá y Dinamarcaç y en ambos casos la dinámica política terminó beneficiando a los líderes que adoptaron una posición firme frente al presidente estadounidense.
En Canadá, el Partido Liberal comenzó 2025 con una enorme desventaja en las encuestas frente a los conservadores de Pierre Poilievre. Sin embargo, la llegada de Trump al poder, acompañada de amenazas comerciales y declaraciones sobre el papel de Canadá en Norteamérica, cambió el clima político. Mark Carney, que asumió el liderazgo liberal tras la dimisión de Justin Trudeau, logró reconstruir el apoyo a su partido y acabó ganando las elecciones federales de abril de 2025 con el 43,7% de los votos, después de que durante meses las encuestas situaran a los liberales por debajo del 20%.
En Dinamarca, el fenómeno fue más moderado pero siguió un patrón similar. El Partido Socialdemócrata de Mette Frederiksen había caído en las encuestas hasta el entorno del 17% a finales de 2025, pero se recuperó varios puntos tras el choque diplomático con Washington por Groenlandia, en lo que algunos analistas bautizaron como el “efecto Groenlandia”. Ese repunte coincidió con la percepción de que Frederiksen gestionó con firmeza la crisis, lo que llevó a la primera ministra a convocar elecciones anticipadas para intentar capitalizar el momento político.
¿Es comparable el caso español?
Aquí es donde el análisis exige más cautela. La ciencia política subraya que el efecto bandera no opera con la misma intensidad ni duración en todos los contextos. En Canadá, la presión de Trump fue percibida como una amenaza directa a la soberanía nacional, lo que generó una reacción nacionalista transversal. En Dinamarca, el conflicto sobre Groenlandia tenía un componente geopolítico que reforzó también esa dinámica defensiva.
El caso español se sitúa en un nivel diferente. Las amenazas de Trump sobre el comercio son relevantes, pero no implican una amenaza directa sobre el territorio o la soberanía del país, lo que tiende a reducir la intensidad potencial del efecto bandera.
Además, existe una diferencia política estructural importante. En Canadá o Dinamarca el respaldo al líder frente a Trump cruzó líneas ideológicas. En España, la opinión pública está más polarizada. Cierto es que el rechazo a Trump es prácticamente unánime entre los votantes de izquierda, pero en la derecha, aunque relevante, hay división de opiniones. Según el barómetro del CIS de febrero, solo un 23,8% de los votantes del PP tiene una opinión positiva del presidente estadounidense -siendo este dato muy importante para ser el partido que encabeza las encuestas-, mientras que en Vox esa cifra supera el 59%. Hay margen para que Sánchez capture apoyos fuera de su propio bloque político, pero la brecha en las derechas y el alza del partido de Santiago Abascal impone límites.
El riesgo de que aparezca un coste económico real
Por otra parte, el efecto bandera del que hablamos tiene una condición clave para mantenerse: no debe traducirse en consecuencias económicas negativas visibles para la ciudadanía. En el momento en que una crisis internacional provoca subidas de precios, pérdida de empleo o deterioro del poder adquisitivo, la responsabilidad política suele desplazarse del actor exterior al líder nacional. En ese escenario, el efecto puede invertirse.
Las amenazas de Trump sobre el comercio con España no son menores. Estados Unidos es uno de los principales destinos de las exportaciones españolas. Si esas advertencias se tradujeran en aranceles o restricciones comerciales significativas sectores como el agroalimentario, el turismo o la industria podrían verse afectados de forma directa. En ese caso, cualquier beneficio político inicial derivado del choque diplomático podría evaporarse rápidamente.
¿Elecciones generales? Cuidado con el factor tiempo
Otro elemento recurrente en los estudios sobre el efecto bandera es su carácter pasajero. La cohesión en torno al líder suele diluirse si la crisis se prolonga o si la oposición logra disputar el relato político. En España, el Partido Popular ha optado por una estrategia prudente: evitar alinearse con Trump sin respaldar la posición del Gobierno. Ese equilibrio le permite no quedar atrapado en la dicotomía inmediata del conflicto.
En cualquier caso, el momento político no es irrelevante. La legislatura de Sánchez avanza con mayorías parlamentarias ajustadas y apoyos variables, lo que mantiene siempre abierta la especulación sobre un posible adelanto electoral.
Un choque exterior que movilice al electorado propio podría, en teoría, crear una ventana de oportunidad para acudir a las urnas en un momento favorable. Lo que la ciencia política no puede anticipar con precisión es si la sociedad española, acostumbrada a años de polarización interna intensa, está dispuesta a situar un conflicto exterior como eje central del debate electoral.
Lo que sí muestra la evidencia empírica es que, cuando un líder extranjero ataca o presiona a un país, los dirigentes nacionales que responden con firmeza suelen obtener un refuerzo temporal de apoyo político. La clave está en cuánto dura ese efecto y, sobre todo, en cuál acaba siendo el coste real para la economía.
El primer test llegará con el próximo barómetro del CIS
El momento en que se produce el choque entre Sánchez y Trump tampoco es neutral desde el punto de vista demoscópico. El CIS suele realizar el trabajo de campo de su barómetro mensual durante la primera o segunda semana de cada mes, lo que significa que el sondeo correspondiente a marzo se está elaborando precisamente en estos días, cuando el enfrentamiento por las bases de Rota y Morón ocupa el centro de la agenda política.
Si el efecto bandera tiene algún impacto en la opinión pública española, ese movimiento podría empezar a reflejarse en los datos que publique el organismo a finales de marzo o comienzos de abril.
Ese barómetro será la primera radiografía empírica de si el choque con Washington fortalece o debilita al Gobierno en las encuestas. Según este dato y con las elecciones andaluzas en el horizonte -se celebrarán en junio, celebrar comicios generales haciéndolos coincidir con la cita regional podría incentivar la participación, lo que a priori beneficaría al PSOE andaluz. Un muy buen dato en el CIS podría acabar dándole a Pedro Sánchez la tentación de apretar el botón del adelanto electoral.