Qué implica el nuevo coste del SMI para las empresas
La evolución del salario mínimo interprofesional (SMI) desde 2018 no solo ha incrementado el salario bruto que perciben los trabajadores, sino que ha tenido un efecto directo sobre el coste total que afrontan las empresas por cada contratación. A día de hoy, el desembolso mensual mínimo por un empleado a jornada completa alcanza los 1.900 euros, una cifra que incluye no solo el salario, sino también las cotizaciones y costes asociados.
Este incremento supone que el coste laboral anual por trabajador se haya disparado en más de 9.100 euros desde 2018, un aumento acumulado que afecta de manera especial a sectores intensivos en mano de obra y a las pequeñas y medianas empresas.
Una escalada continuada desde 2018
El aumento del coste no es puntual ni responde a una sola decisión, sino a una escalada progresiva del SMI en los últimos años. Desde 2018, el salario mínimo ha experimentado sucesivas subidas que han ido trasladándose automáticamente al conjunto de la estructura de costes laborales, especialmente en los puestos con retribuciones más bajas.
Este proceso ha elevado el umbral mínimo de gasto que debe asumir cualquier empresa que contrate a un trabajador a tiempo completo, independientemente del sector o del tamaño de la compañía.
El debate abierto: empleo, costes y competitividad
El encarecimiento del coste laboral vuelve a situar el SMI en el centro del debate económico y político. Mientras que sus defensores destacan su papel en la mejora de las condiciones salariales, las empresas advierten del impacto directo sobre sus márgenes y su capacidad para contratar, especialmente en un contexto de inflación y en el caso de una posible desaceleración económica.