Elecciones en Perú: Keiko Fujimori roza otra segunda vuelta tras unos comicios caóticos, con miles de votos pendientes

Keiko Fujimori se perfila otra vez para pelear la Presidencia de Perú, pero el país ha cerrado la jornada electoral entre retrasos, colegios que no pudieron abrir con normalidad y un recuento oficial mucho más lento de lo previsto. Los sondeos a pie de urna la colocan en cabeza con alrededor del 16,5%, mientras el escrutinio parcial de la ONPE ha llegado a situar por delante a Rafael López Aliaga, en una primera vuelta fragmentada que apunta de forma casi segura al balotaje del 7 de junio

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Archivo - Keiko Fujimori, en una imagen de archivo de 2021 | Europa Press

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La gran constante de la política peruana vuelve a tener nombre y apellido. Keiko Fujimori aparece de nuevo en la pelea por la segunda vuelta presidencial, una escena ya conocida en Perú pero ahora envuelta en una incertidumbre mucho mayor por el caos logístico de la votación y por la enorme fragmentación del mapa electoral. Los sondeos a boca de urna difundidos al cierre de la jornada la situaron primera con entre el 16,5% y el 16,6% de los votos, un porcentaje muy bajo para liderar, pero suficiente para abrirle la puerta de otro balotaje en un país donde ningún candidato se acercó al 50% necesario para ganar en primera vuelta. 

La clave, sin embargo, no está solo en que Fujimori quede primera o segunda, sino en que Perú vuelve a moverse en una lógica de extrema dispersión. Con 35 candidatos en la papeleta y una ciudadanía muy castigada por años de inestabilidad, corrupción y gobiernos fallidos, la primera vuelta ha funcionado más como una criba desordenada que como una auténtica selección de favorito nacional. AP recuerda que el país busca ya a su noveno presidente en apenas una década, una anomalía institucional que explica buena parte del hartazgo de los votantes.  

El caos en los colegios ha condicionado toda la elección

La jornada quedó marcada por los problemas en la apertura de mesas y por el retraso del material electoral en Lima y otros puntos sensibles. EFE informó de que 13 locales con unos 52.000 electores no pudieron abrir con normalidad, mientras AP precisó que las autoridades revisaron después sus cifras y mantuvieron la ampliación extraordinaria del voto para decenas de miles de personas en la capital y también en puntos de Estados Unidos. Reuters añadió que la extensión de la votación se aprobó hasta el lunes por la tarde para los ciudadanos afectados.

Ese atasco organizativo lo cambió todo. No solo retrasó el cierre político de la jornada, sino que también desdibujó la lectura inmediata de los resultados. Mientras las encuestas a pie de urna daban a Fujimori como primera, el conteo oficial de la ONPE empezó a reflejar un escenario distinto, con Rafael López Aliaga liderando los primeros avances gracias al peso inicial de Lima y de otros centros urbanos, que son los votos que suelen procesarse antes. Ese cruce de datos convirtió la noche electoral peruana en una mezcla de ansiedad, cautela y sospecha. 

Quién se juega el pase con Keiko y por qué nadie se atreve a cantar victoria

Si algo ha dejado claro esta primera vuelta es que el segundo puesto está abierto de verdad. El País resumía el panorama como un empate técnico entre varios aspirantes por detrás de Fujimori en los sondeos de salida: Roberto Sánchez, Ricardo Belmont, Rafael López Aliaga y Jorge Nieto aparecían separados por márgenes mínimos. En paralelo, el recuento oficial daba alas a López Aliaga y dibujaba una carrera más favorable a la derecha dura urbana que a otros perfiles que dependen más del voto rural o tardío.

Eso obliga a una lectura más inteligente que la habitual. Fujimori puede estar bien colocada, sí, pero no pisa un suelo firme. Su posible pase no nace de una ola de apoyo masivo, sino de la fragmentación extrema del voto y de un escenario donde la segunda plaza cambia según la fuente y según la velocidad del escrutinio. Es un liderazgo con respiración asistida: suficiente para sobrevivir, insuficiente para tranquilizar. La noticia no es que Perú tenga favorita; la noticia es que sigue sin tener centro de gravedad.

Un país agotado vota entre crimen, desconfianza y Congreso reforzado

El contexto explica por qué esta elección pesa tanto. AP y Reuters coinciden en que el crimen violento y la corrupción han dominado la campaña, en una sociedad profundamente desconfiada de sus dirigentes. Más de 27 millones de peruanos estaban llamados a votar, también para renovar un Congreso bicameral que vuelve a dar al Senado un poder central en el equilibrio institucional del país. Ese detalle importa mucho: el próximo presidente no solo tendrá que gobernar un país roto políticamente, sino hacerlo con un Parlamento más complejo y con mayor capacidad para bloquear, corregir o incluso desestabilizar al Ejecutivo.

Y ahí aparece el verdadero fondo de la noche: no se está decidiendo solo quién pasa a la segunda vuelta, sino si Perú va a repetir otra presidencia débil, asediada y sin base suficiente para durar. Fujimori, López Aliaga o quien finalmente se meta en el balotaje no heredará un mandato claro, sino una bomba institucional con temporizador. Por eso el nombre del rival de Keiko importa, pero importa todavía más el tipo de país que sale de esta primera vuelta: uno exhausto, fracturado y demasiado acostumbrado a vivir al borde del colapso político. Esa es una inferencia razonable a partir de la inestabilidad descrita por AP y Reuters y del nuevo peso del Congreso bicameral.

Qué resultados dejan por ahora los sondeos y el conteo oficial

Los sondeos a pie de urna colocaron a Keiko Fujimori en cabeza con en torno al 16,5%-16,6%. Pero el avance oficial de la ONPE citado por EFE y Reuters llegó a situar primero a Rafael López Aliaga con un 19,44% en EFE al 25,11% del escrutinio y con un 21,1% en Reuters en otro corte temprano, seguido de Keiko Fujimori con porcentajes en la franja del 16,9%-17,24%. Esa divergencia explica por qué nadie ha querido cerrar políticamente la noche antes de tiempo.