Hungría se juega el fin de la era Orbán frente al ascenso de Magyar y su proyecto más cercano a Bruselas

Hungría vota unas europeas clave que pueden poner fin al dominio de Orbán y abrir paso al ascenso de Peter Magyar y su partido Tisza.

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El primer ministro de Hungría, Viktor Orbán, durante el día de celebración de la Amistad entre Hungría y EEUU en Budapest, a 7 de abril de 2026 Europa Press/Contacto/David Balogh

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Hungría afronta este domingo unas elecciones europeas decisivas que pueden redefinir tanto el tablero político interno como las tensas relaciones entre Budapest y la Unión Europea, en plena guerra de Ucrania. Los sondeos anticipan que el opositor Peter Magyar y su formación Respeto y Libertad (Tisza) podrían poner fin a 16 años ininterrumpidos de mandato del primer ministro ultraconservador Viktor Orbán.

La cita con las urnas funciona en la práctica como un plebiscito sobre Orbán, convertido en símbolo de la profunda fractura que atraviesa Europa Central, dividida entre una corriente liberal y europeísta y otra de corte ultranacionalista y conservador. El dirigente húngaro mantiene como referentes al presidente ruso Vladimir Putin y se reivindica como aliado cercano del presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

En un ambiente político altamente crispado y bajo la vigilancia constante de Bruselas y Washington, las encuestas sitúan por delante a Magyar y a Tisza. No obstante, el alcance real de un eventual triunfo dependerá tanto de la amplitud de la victoria como del rumbo que adopte el propio Magyar, cuyas posiciones, en algunos aspectos, no se encuentran tan distantes de las de Orbán, de quien fue subordinado.

En el terreno de la política exterior, Magyar se ha comprometido, como mínimo, a rebajar el tono con las instituciones comunitarias y a mantener un diálogo más constructivo con Bruselas, aunque ha dejado claro que no revertirá la postura húngara contraria a la adhesión de Ucrania a la UE. Sobre Rusia, plantea disminuir la dependencia energética, pero fija el horizonte en 2035, muy lejos del objetivo de 2027 marcado por la Unión Europea.

En el ámbito interno, Magyar ha manifestado su intención de apartar a los fieles a Orbán del Poder Judicial —uno de los principales focos de choque con Bruselas junto al veto a Ucrania— y de los medios de comunicación. Sin embargo, el diseño del sistema electoral húngaro dificulta la obtención de la mayoría holgada que necesitaría para acometer estas reformas.

En cuestiones sociales, el dirigente de Tisza, encuadrado en el espectro conservador, se ha expresado de forma muy genérica sobre asuntos clave como la situación de la comunidad LGBTQ, objeto de una campaña de acoso institucional durante los gobiernos de Orbán. “Cuando nos toque en el poder, todo el mundo vivirá como quiera y amará como quiera mientras no viole la ley”, manifestó el dirigente de Tisza, en declaraciones recogidas por el diario “The Observer”.

Esta falta de concreción ha marcado buena parte del fulgurante ascenso de Magyar, prácticamente desconocido hasta su irrupción en las elecciones al Parlamento Europeo de junio de 2024. En esa cita, el recién creado partido de este abogado de 45 años obtuvo siete de los 21 escaños en disputa, apenas cuatro meses después de abandonar el Fidesz de Orbán tras denunciar un caso de encubrimiento de abusos a menores.

El opositor no solo rompió con el partido gubernamental, sino que renunció también a sus responsabilidades en dos compañías públicas y en un banco nacional. Ese salto al vacío ha traspasado el terreno estrictamente partidista y ha llevado a parte de la oposición a proyectar sobre Magyar una imagen casi heroica. Un reciente informe del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores lo describe como una figura casi “mesiánica” en su cruzada para desalojar a Orbán del poder y situar a Tisza, “un partido de un solo hombre”, añade el grupo de estudios, en el centro del escenario político húngaro.

El destino político de Hungría, observado por Trump y Bruselas

Este viernes, el propio Orbán subrayó en un mensaje difundido en redes sociales la trascendencia de la votación. “No solo se elige un gobierno: se elige el destino de un país”, aseveró el primer ministro, que acusó de nuevo a Magyar de actuar con el apoyo de “servicios secretos extranjeros” y de estar dispuesto a todo con tal de alcanzar el poder.

“Ya están organizando manifestaciones y disturbios antes del recuento de votos”, ha avisado antes de denunciar un inminente “intento organizado de cuestionar la decisión del pueblo húngaro mediante el caos, la presión y el descrédito internacional”.

En la recta final de la campaña, Orbán ha colocado en el centro del debate la guerra en Ucrania y su bloqueo frontal a la estrategia europea de apoyo a Kiev. Ha protagonizado duros cruces dialécticos con el presidente Volodimir Zelenski y ha llevado su veto a las últimas cumbres de la UE. Pese a la presión creciente de sus socios, mantiene su negativa a desbloquear los 90.000 millones de euros destinados a sostener a Ucrania.

En este ambiente de máxima tensión, el primer ministro agota sus últimos recursos electorales respaldado por la órbita de Trump. Durante las últimas semanas ha recibido en Budapest a figuras clave de la Administración del republicano, como el vicepresidente JD Vance y el secretario de Estado, Marco Rubio, que viajaron a Hungría a mediados de febrero. La campaña se ha cerrado con un mensaje de apoyo del propio Trump a su aliado, al que definió como “un líder firme y poderoso” que cuenta con su “respaldo total y absoluto para su reelección”.

El conflicto permanente entre Orbán y la UE también ha tenido su capítulo en estos días. Este jueves, la Comisión Europea exigió explicaciones al Gobierno húngaro tras una investigación periodística que reveló que Budapest se habría ofrecido a trasladar a Moscú documentos confidenciales de los Veintisiete, un episodio más en una larga cadena de recelos y choques entre ambas partes, con Ucrania como último detonante.

Un cambio de rumbo limitado

En lo relativo a Bruselas, Magyar insiste en que defenderá con firmeza los intereses de Hungría, pero con un tono conciliador, lo que alimenta la expectativa de una posible recomposición de las relaciones con la UE. El jefe de gabinete de Tisza en la Eurocámara, Márton Hajdu, definió al partido en declaraciones a Politico como una fuerza “completamente prohúngara” que, sin embargo, “está comprometida a defender los intereses nacionales dentro de la UE, no en sus márgenes, y nunca contra ella”.

Las fricciones, no obstante, persisten. Un ejemplo es la sanción que el Partido Popular Europeo impuso a los siete eurodiputados de Tisza después de que se ausentaran de la votación sobre la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, en la moción de censura que esta logró superar en enero.

Las encuestas ofrecen una fotografía muy distorsionada, con resultados dispares según la cercanía de cada medio al Ejecutivo de Orbán. Pese a ello, existe un cierto acuerdo en que Magyar y Tisza parten como favoritos, aunque el margen de ventaja resulta hoy imposible de estimar. Será clave el comportamiento del voto de la diáspora, tradicionalmente inclinado hacia Fidesz, y el rendimiento de posibles aliados de coalición de Orbán, como el movimiento de ultraderecha Nuestra Patria (Mi Hazánk), encabezado por László Toroczkai.

Además, la arquitectura constitucional húngara establece que no solo las reformas de la Carta Magna, sino también numerosas leyes en ámbitos esenciales, requieren una mayoría de dos tercios en el Parlamento. De ahí que el tamaño de una eventual victoria de Magyar será determinante para su plan de desmontar lo que Orbán definió en 2014 como un “sistema iliberal”, en el que la voluntad popular ha quedado durante década y media subordinada a su figura y las instituciones democráticas han ocupado un papel claramente secundario.