Había cantos de sirena desde hace tiempo y, finalmente, sucedió. El 28 de febrero, Estados Unidos e Israel atacaron Irán, lo que ha provocado una escalada bélica en Oriente Medio con diversas consecuencias. La primera, por supuesto, los muertos (unos 800 ya en Irán), pero el aumento de las hostilidades en esta zona tiene también un efecto en los mercados del gas y del petróleo.
El lunes (dos días después de los primeros ataques) los precios de futuros de gas en el mercado de referencia TTF holandés se dispararon un 50%. Todo ello, después de anunciar Qatar Energy la paralización de su producción de gas natural licuado (GNL), tras verse afectadas sus instalaciones en distintos ataques militares.
En el caso del petróleo, la cotización del precio del barril de Brent, referencia en Europa, se elevó casi un 9%, hasta los 79,29 euros el barril. A esto hay que sumar el bloqueo del estrecho de Ormuz, principal ruta de transporte de petróleo y gas del mundo. Uno de cada cinco barriles de petróleo circula por estas aguas, que conectan el Golfo Pérsico con el Golfo de Omán y el Mar Arábigo.
¿Qué puede pasar con el petróleo y el gas en el mundo?
Tanto JP Morgan como Bank of America han hecho ya unas primeras estimaciones, y sostienen que, si el conflicto se alarga más allá de las tres semanas, se podría llegar a agotar el almacenamiento en los países del Golfo y supondría un incremento mayor de los precios. De hecho, en varios medios recogen unas declaraciones de Francisco Blanch, de Bank of America, en las que barrunta que el precio del Brent podría superar los 100 dólares si Irán ataca instalaciones en países del Golfo.
También los expertos del Real Instituto Elcano advierten sobre las posibles consecuencias. Un bloqueo parcial de las exportaciones de petróleo iraníes, comentan, “tendría un efecto limitado con subidas iniciales de unos 5-10 dólares por barril que se moderarían con el tiempo. Un bloqueo completo como el de Venezuela podría desembocar en una escalada descontrolada a nivel regional que dispararía los precios del gas y el petróleo”.
Si la escalada militar se descontrola, añaden, “conllevaría fuertes aumentos del precio del petróleo y el gas natural, pero el actual estado de buen abastecimiento de los mercados limitaría su magnitud y duración”.
¿Qué puede pasar en España?
La escalada bélica en Irán tras el ataque conjunto de Estados Unidos e Israel ha reabierto el fantasma de un nuevo shock energético global. Desde Tempos Energía hablan abiertamente de un “shock geopolítico” de gran alcance, aunque matizan que, por ahora, no se ha traducido en una crisis petrolera.
Por su parte, en Próxima Energía advierten de que el cierre del estrecho de Ormuz es “uno de los puntos más sensibles del sistema energético global” y puede comprometer el suministro mundial si se prolonga.
Situación general: tensión con reloj en marcha
Según explica el CEO de Tempos Energía, Antonio Aceituno, “hay volatilidad, pero no hay crisis energética”. A su juicio, ni a Irán, ni a Estados Unidos ni a la economía mundial les “conviene una obstrucción del estrecho de Ormuz”. Aunque varias navieras han suspendido temporalmente su tránsito, recalca que el paso estratégico no se ha bloqueado y confía en una corrección del crudo en las próximas semanas.
Para Próxima Energía, el tráfico marítimo permanece cerrado a barcos civiles y la señal lanzada a los mercados es clara: “El suministro energético mundial puede verse comprometido. Y cuando se pone en cuestión el suministro, lo primero que reacciona es el precio”. La clave, apuntan, no es solo la magnitud del cierre, sino su duración. Una reapertura rápida podría traducirse en “tensión extrema seguida de una corrección relativamente rápida”; un bloqueo prolongado tendría consecuencias mucho más profundas.
Petróleo: subida contenida… de momento
En el mercado del crudo, Aceituno lanza un mensaje de calma. La subida del Brent ha sido “contenida”: llegó a 82,37 dólares —alrededor de un 10% más— para situarse después por debajo de los 80 dólares, frente a los 72,48 del cierre del viernes. “Ahora se está pagando la prima geopolítica”, afirma, pero prevé que “cuando los mercados se den cuenta que no hay obstrucción del estrecho de Ormuz-nunca en la vida la ha habido-, el crudo volverá a los 69, 70, 73 dólares por barril”.
Los expertos de Próxima Energía afirman que la reacción puede ser intensa. “Ya se habla de incrementos espectaculares e incluso de escenarios en los que el precio del crudo Brent y del gas natural en Europa podría multiplicarse si el bloqueo se consolida”. Recuerdan que uno de cada cinco barriles de crudo atraviesa Ormuz y que nadie puede sustituir de la noche a la mañana ese volumen estructural.
Gas: el gran foco de preocupación
“Lo que me preocupa mucho es el gas”, advierte Aceituno. “El gas se ha disparado un 46,25%, eso sí que es más preocupante”. Y añade: “Eso significa que no es una subida contenida. Y hay mucho miedo y mucha presión”. El detonante, según explica, es la decisión de Catar de detener la producción en sus instalaciones, un país que aporta en torno al 20% del gas natural licuado mundial.
Además, recuerda que Europa “ya se desconectó del tubo ruso y ahora juega en la liga mundial de gas natural licuado”, con almacenamientos en el 30,10%, “más bajos de los últimos cinco años”. Si la situación perdura, “eso se va a notar muy mucho en los precios de la energía de Europa”.
Próxima Energía apunta en la misma dirección: el principal foco de vulnerabilidad europea está en el gas, con reservas en el norte del continente “por debajo de lo habitual para esta época del año, casi al límite”. Si la guerra se prolonga, la reposición de reservas para el invierno se complicaría por disponibilidad y precio.
España: más resiliencia, pero no inmunidad
Ambas firmas coinciden en que España parte de una posición relativamente más sólida. Según Tempos Energía, gracias a las “grandes reservas hidráulicas” y al peso de las renovables, “en España de momento estamos apantallados”. Eso sí, confían en que “las renovables hagan su trabajo y que el gas, que se ha encarecido en un 50%, no entre a fijar el precio en el mix energético”.
Próxima Energía añade que las reservas de gas españolas superan el 60% y destaca la diversificación del sistema de refino. Sin embargo, advierte: no hay que confundir seguridad de suministro con estabilidad de precios. Si el conflicto se prolonga y el crudo se dispara, “no sería extraño ver precios de la gasolina y del diésel acercándose al entorno de los 3 euros por litro en pocos días”.
Soberanía energética
En Octopus Energy, su CEO, Roberto Giner, deja claro que “la dependencia de los combustibles fósiles es una vulnerabilidad que las familias ya no tienen por qué aceptar”. Cada conflicto en una región productora, añade, “se traduce en facturas más altas para los ciudadanos. La aerotermia rompe esa cadena: permite que tu calefacción y agua caliente dependan del aire y de tu propio tejado, no de crisis geopolíticas".
Para Octopus, “el autoconsumo y el vehículo eléctrico no son solo decisiones económicas inteligentes, sino un acto de soberanía energética. Las familias que hoy apuestan por electrificar su hogar son las que dormirán tranquilas cuando el barril de petróleo vuelva a dispararse. Porque, inevitablemente, volverá a ocurrir”, subrayan.
¿Qué dice el Gobierno de España?
Desde el Gobierno de España se lanza un mensaje de tranquilidad sobre cómo está preparada España para esta posible crisis energética derivada de la escalada bélica.
La ministra para la Transición Ecológica, Sara Aagesen, ha asegurado que el suministro energético español es muy diversificado y que solo el 5% del petróleo y el 2% del gas atraviesan el Estrecho de Ormuz.
Ha recordado también que la Agencia Europea de la Energía tiene medidas que se pueden activar, “como la liberalización de reservas estratégicas de petróleo, y eso siempre mitiga los impactos”.
Para la ministra, lo que evidencia esta situación “es la vulnerabilidad que supone la dependencia energética exterior y la de los combustibles fósiles. La apuesta por la energía verde en España y en Europa es la acertada. Tenemos que seguir reduciendo esos fósiles que importamos y sustituirlos por energía autónoma como las renovables”.