Los “aranceles cero” a EEUU superan el filtro del Parlamento Europeo y las amenazas de Trump con nuevas salvaguardias

Los eurodiputados han aprovechado el retraso en la tramitación, debido a las continuas crisis con la Administración republicana, para incluir en el acuerdo firmado en julio del año anterior condiciones reforzadas que protejan a los europeos frente a nuevos órdagos comerciales

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Uno de los asuntos más enquistados durante la actual legislatura en el Parlamento Europeo. Su ratificación se posponía semana tras semana hasta que los eurodiputados decidieron terminar su tramitación, no sin antes sufrir nuevas amenazas de la Casa Blanca, que esta misma semana insinuó que los europeos perderían su acceso al gas natural licuado norteamericano de no dar luz verde al acuerdo arancelario alcanzado entre la presidenta comunitaria, Ursula von der Leyen, y su homólogo estadounidense, Donald Trump.

Este expediente ha servido de termómetro en las instituciones comunitarias, a medida que la relación entre ambas potencias iba experimentando nuevos escenarios, pocas veces imaginados en Bruselas. Inicialmente, fue el cuestionamiento del republicano sobre la soberanía de la isla autónoma danesa de Groenlandia.

El hecho de que un aliado histórico deslizase la idea de anexionarse un territorio del bloque por intereses militares, al margen de la OTAN, encendió todas las alertas en la capital europea. La apertura de aquella crisis en el mes de enero congeló el proceso de aprobación del texto que recoge los “aranceles cero” para los norteamericanos en la Eurocámara hasta el día de hoy.

Aranceles, tensiones y crisis jurídica

No fueron únicamente las insinuaciones del dirigente de hacerse con la isla lo que hizo levantar los sables en Estrasburgo, sino también la voluntad de aplicar nuevos aranceles a aquellos países como Francia o Alemania que decidieron apoyar militarmente a la isla autónoma durante los días que duró la crisis ante posibles injerencias americanas.

Tras este acontecimiento llegó el fallo de la Corte Suprema de Estados Unidos, que cuestionó la legalidad de la aplicación de estos aranceles al no contar con el aval del Congreso norteamericano y lo tachó de “extralimitación de competencias”, lo que complicó aún más el proceso.

Las delegaciones negociadoras, tanto en el Consejo como en el Parlamento y la Comisión, aseguraban entonces que la base jurídica sobre la que se había construido el castillo de naipes que era el acuerdo había desaparecido. Una vez más, la clave no solo estaba ahí, sino en el hecho de que Trump volvió a dar un nuevo volantazo al proponer un arancel genérico para todos los países.

Pese a estas idas y venidas de la Casa Blanca, así como la propia inestabilidad del vínculo entre Estados Unidos y la Unión Europea, fuentes diplomáticas urgían a acelerar el proceso de aprobación para dar ejemplo de “predictibilidad” al resto de socios.

“Predictibilidad” era precisamente la exigencia del Ejecutivo comunitario a sus socios americanos ante el temor de inversores y empresas por la situación generada. “El pleno respeto del acuerdo entre Estados Unidos y la Unión Europea es primordial”, repetía el titular de Comercio comunitario, Maroš Šefčovič, en cada ocasión en que era cuestionado.

Las nuevas condiciones 

Los eurodiputados han aprovechado estos retrasos y situaciones para introducir nuevas cláusulas de suspensión. “Cualquier arancel impuesto a la Unión Europea o a uno de sus Estados miembros debido a sus decisiones de política exterior es inaceptable”, declaró el presidente del Comité de Comercio, Bernd Lange.

Por esta razón, apuntaban en Estrasburgo que, en el caso de que se aplicasen nuevos aranceles, se suspenderían los trabajos legislativos que implementaban las preferencias arancelarias sobre los productos estadounidenses: “las amenazas arancelarias contra uno de nosotros son una amenaza contra todos nosotros”.

Otra cláusula más acompañará el acuerdo. La conocida como “cláusula amanecer” vinculará el despliegue de las preferencias comerciales pactadas al respeto efectivo de los compromisos por parte de los estadounidenses.

Además, también se ha introducido la condición de que, antes de que esta regulación entre en vigor, se produzca la reducción sobre los productos de la UE que contienen menos del 50 % de acero o aluminio, del 50 % al 15 %.

“También está claro que si los Estados Unidos deciden aumentar los aranceles actuales de la Sección 122 del 10 % al 15 % en todos los ámbitos, la mayoría de los productos de la UE estarían sujetos a un arancel efectivo superior al techo del 15 % debido a la adición del arancel de la Nación Más Favorecida. Esto también sería inaceptable y llevaría a la suspensión de nuestro trabajo en los archivos”, añadió Lange.

Una votación clave para relanzar la cooperación

En el Parlamento Europeo trasladan ahora la idea de que, con la votación de este jueves, se lanza una dinámica “positiva de cooperación comercial” donde convergen intereses mutuos. Las amenazas arancelarias desaparecen y las empresas pueden planificar con anticipación “para aumentar nuestra prosperidad y asequibilidad compartidas”, afirman los negociadores.

Para la implementación del acuerdo, que se firmó en Escocia, la Comisión presentó una ley que hacía referencia a la eliminación de los aranceles sobre los productos industriales estadounidenses y a otorgar acceso preferencial al mercado para una gama de productos del mar y productos agrícolas no sensibles de Estados Unidos.

Esta norma iba acompañada de una segunda que proponía prolongar la exención arancelaria de la langosta, que ahora incluye la langosta procesada, ampliando así el alcance del acuerdo inicial.

Condiciones, energía y presión final de Washington

Debía ser el Parlamento quien aprobase ambas propuestas para que pudieran entrar en vigor. Tal y como se acordó, una vez empezasen a funcionar dichas reducciones arancelarias, Estados Unidos rebajará del 27,5 % al 15 % los aranceles impuestos a los 27.

“Nos interesa mutuamente que ambas partes cumplan sus compromisos y garanticen la plena aplicación del acuerdo”, declaró el comisario de Comercio, Maroš Šefčovič.

Una votación que ha llegado después de que el embajador de Estados Unidos ante la Unión Europea, Andrew Puzder, advirtiera de que los europeos corrían el riesgo de perder el acceso “favorable” a los contratos de gas natural licuado de no producirse esta aprobación “sin modificaciones ni enmiendas”.

Puzder subrayó que cualquier cambio podría afectar a los términos de los contratos de energía y otros productos estadounidenses, incluidos petróleo y tecnología nuclear de uso civil.

El trasfondo energético 

La última amenaza de Estados Unidos llegaba en un momento en que los mercados energéticos están tensionados por la guerra de Irán y la crisis en el Golfo. La Comisión Europea pidió a los 27 Estados miembros aumentar las reservas de gas y acelerar la transición hacia energías renovables y almacenamiento energético, con el objetivo de reducir la dependencia de combustibles fósiles y mejorar la seguridad del suministro.

“Los recientes picos en los precios de los combustibles fósiles importados demuestran que la transición energética sigue siendo la estrategia más eficaz para lograr la autonomía estratégica de Europa”, señaló el último Consejo Europeo.