Bruselas lleva a España ante la Justicia europea por incumplir la normativa sobre aguas residuales

La Comisión Europea denuncia ante el Tribunal de Justicia de la UE que España sigue incumpliendo las obligaciones de recogida, depuración y control de aguas residuales en decenas de aglomeraciones urbanas.

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Dos trabajadores en la Estación de Depuración de Aguas Residuales (EDAR). Eduardo Parra - Europa Press

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La Comisión Europea (CE) ha decidido llevar a España ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) por incumplir de forma prolongada la normativa comunitaria sobre el tratamiento de aguas residuales urbanas. La decisión llega tras años de advertencias y procedimientos abiertos por parte de Bruselas.

Según la Comisión, las autoridades españolas no han garantizado plenamente la recogida, el tratamiento y el control de las aguas residuales en decenas de núcleos urbanos, incumpliendo así las obligaciones recogidas en la Directiva europea sobre tratamiento de aguas residuales urbanas.

Deficiencias detectadas en decenas de municipios

El expediente europeo señala que España mantiene irregularidades en numerosos puntos del territorio. En concreto, quince aglomeraciones urbanas aún no disponen de sistemas adecuados de recogida de aguas residuales, o no ofrecen alternativas equivalentes que aseguren la misma protección medioambiental.

Además, treinta y nueve aglomeraciones no garantizan un tratamiento secundario adecuado, requisito obligatorio para reducir la carga contaminante antes del vertido al medio ambiente. A ello se suman ocho zonas sensibles donde el tratamiento resulta insuficiente, especialmente en áreas vulnerables a la eutrofización, un fenómeno que deteriora la calidad del agua por exceso de nutrientes.

La Comisión también reprocha que cincuenta y dos aglomeraciones carecen de controles eficaces sobre los vertidos, lo que impide verificar si las instalaciones cumplen realmente con los estándares exigidos.

Riesgo ambiental y sanitario

La normativa europea busca evitar que las aguas residuales sin tratar terminen contaminando ríos, acuíferos, lagos o zonas costeras. Bruselas recuerda que la ausencia de tratamiento adecuado puede afectar directamente a la salud pública y al equilibrio ecológico, además de agravar problemas relacionados con la calidad del agua.

La directiva obliga a todos los Estados miembros a garantizar que los municipios de más de 2.000 habitantes dispongan de sistemas de saneamiento y depuración eficaces antes de liberar el agua al entorno natural.

Un procedimiento abierto desde 2017

El conflicto entre Bruselas y España no es nuevo. La Comisión remitió una primera carta de emplazamiento en 2017 y emitió un dictamen motivado en 2019, dando margen para corregir las deficiencias detectadas. Sin embargo, el Ejecutivo comunitario considera que los avances han sido insuficientes, motivo por el que ha optado por elevar el caso ante la Justicia europea.

La decisión de acudir al Tribunal de Justicia abre la puerta a una futura condena contra España. En caso de que el tribunal confirme el incumplimiento, el país podría enfrentarse a sanciones económicas y multas coercitivas hasta que se adapten completamente las infraestructuras afectadas.

posibles sanciones de la ue

España podría enfrentarse a multas millonarias y sanciones periódicas si el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) concluye que mantiene el incumplimiento de la directiva sobre aguas residuales urbanas.

En este tipo de procedimientos, el TJUE puede imponer:

  • Una multa a tanto alzado (pago único).
  • Una sanción coercitiva periódica mientras persista el incumplimiento.
  • Penalizaciones adicionales si España no ejecuta la sentencia.

España ya fue sancionada anteriormente por esta misma normativa ambiental. En 2018, el TJUE condenó al Estado español a pagar 12 millones de euros de multa fija, además de 10,95 millones de euros por cada semestre de retraso en la adaptación de varias depuradoras y sistemas de saneamiento.

La Comisión Europea (CE) calcula estas sanciones teniendo en cuenta: 

  • Gravedad del incumplimiento ambiental.
  • El tiempo que lleva sin corregirse la infracción.
  • La capacidad económica del país sancionado.
  • El efecto disuasorio de la multa para evitar reincidencias.

Si el tribunal considera ahora que existe una reincidencia estructural, España podría enfrentarse a una combinación similar a la de 2018. Decenas de millones en sanciones iniciales y pagos recurrentes hasta corregir las infraestructuras pendientes.

Además, el coste político y financiero podría ampliarse por dos vías:

  1. Presión sobre fondos europeos vinculados a sostenibilidad y transición ecológica.
  2. Mayor vigilancia comunitaria sobre inversiones hidráulicas y depuración.