Una vez finalizada la consulta que la Comisión Europea mantenía abierta sobre la competitividad del sector bancario, está previsto que termine presentando su informe, que determinará la revisión de la regulación de las normas que rigen los bancos durante el próximo mes de julio. Dos décadas después de la crisis financiera, los europeos abren un nuevo capítulo en el sector con una transformación de la legislación que se puso en marcha tras la crisis de 2008.
Reforma del marco supervisor europeo
Ya en diciembre, el Banco Central Europeo presentó una agenda integral para la reforma bancaria europea. Los textos presentados entonces recogían su plan para modernizar y perfeccionar su supervisión del sector financiero, con el objetivo último de abordar mejor desafíos de los tiempos actuales como las ciberamenazas o los riesgos climáticos. La propuesta se basa en la voluntad de que los procesos de supervisión sean más eficientes, orientados directamente al riesgo, a través de una simplificación del modelo actual y la adopción de tecnologías digitales.
De cara a mejorar la agilidad, la propuesta del organismo incluía reformas en los procesos de toma de decisiones para mejorar la agilidad, así como requisitos de información simplificados que reduzcan la carga administrativa para los bancos. Un elemento clave de estos borradores es el proyecto que hace referencia a la “supervisión de siguiente nivel”, que tiene el objetivo de reforzar la supervisión del capital y las investigaciones internas de modelos, manteniendo altos estándares de resiliencia.
Estos esfuerzos del Banco Central se apoyan en una nueva cultura de supervisión unificada, diseñada para garantizar una comunicación coherente y transparente en todos los países europeos. Todo ello con la vista puesta en salvaguardar la estabilidad financiera, concentrando los recursos en los riesgos más significativos que enfrenta la Unión bancaria.
La Comisión toma partido
El ejecutivo comunitario ha cerrado ya el proceso de consulta que mantenía abierto sobre esta reforma bancaria. Bruselas pretende equilibrar la estabilidad financiera, lograda tras las reformas de los últimos quince años, con la necesidad de superar la fragmentación actual del mercado para financiar las prioridades estratégicas de la Unión, al igual que el BCE, como las transiciones verde y digital.
Por un lado, los documentos de trabajo del ejecutivo plantean la dicotomía que explica por qué los bancos europeos han estado a menudo infravalorados por los inversores en comparación con sus homólogos internacionales. Bruselas está estudiando si los bancos llegan a apoyar adecuadamente a sectores clave como la defensa, así como el impacto de tecnologías como la IA y las monedas digitales en los modelos de negocio.
Fuentes consultadas por Demócrata reconocen en la capital comunitaria que la Unión Bancaria sigue incompleta, lo que estaría limitando las oportunidades de desarrollo y la financiación de la economía comunitaria. El ejecutivo plantea repensar el diseño de un sistema común seguro de depósitos para mejorar la resiliencia ante crisis y reducir las preocupaciones de los Estados miembros sobre la integración. A la vez, entre las ideas que se barajan está la de un mecanismo transparente para proporcionar liquidez a bancos de gran tamaño en situaciones de crisis.
Simplificación regulatoria y debate técnico
En esta reforma, un pilar fundamental es la reducción de la “complejidad indebida” de las normas actuales. La Comisión se abre a evaluar si el marco actual es demasiado pesado para los bancos pequeños, llegando a considerar regímenes específicos más ligeros para ellos. Aquí entra también la simplificación del marco macroprudencial, que en ocasiones ha llegado a ser percibido como muy complejo internacionalmente, eliminando posibles solapamientos entre los distintos colchones de capital exigidos.
ONGs y grupos de presión ya han hecho llegar en Bruselas sus propuestas a la Comisión Europea; principalmente piden una regulación más sencilla, pero sin caer en una desregulación que podría debilitar la resiliencia del sistema.
Por un lado, recomiendan elevar los requisitos del ratio de apalancamiento para que tengan un peso similar a las métricas basadas en riesgo. En los despachos explican que los ratios de apalancamiento son mucho más difíciles de manipular y ofrecen una visión más clara de la solvencia bancaria.
Proponen reducir a la mitad el número de capas de requisitos de capital, eliminando solapamientos y distinguiendo claramente entre colchones liberables y no liberables. De fondo, el objetivo es un sistema más transparente y eficiente mediante menores costes de cumplimiento, del mismo modo piden que la Unión Europea deje de permitir que los bancos utilicen sus propios modelos para cualquier riesgo de crédito y operativo, sustituyéndolos por el Enfoque Estándar.
Estos modelos creen que podrían ser costosos, poco fiables y permiten a los bancos “minimizar el capital” en lugar de gestionar el riesgo. “Una simplificación inadecuada reduce las garantías. La correcta elimina la complejidad innecesaria. La UE tiene ahora la oportunidad de establecer un marco de capital claro que fortalezca la resiliencia de los bancos y les permita seguir concediendo préstamos a la economía real”, afirma el asesor sénior de Finance Watch, Greg Ford.
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Además, estos grupos apoyan un marco regulatorio más sencillo para bancos pequeños y no complejos como plantea la Comisión Europea, que estén basados en umbrales de apalancamiento y liquidez robustos, con el fin de fomentar el préstamo local a pymes. En Bruselas, los investigadores rechazan la idea de que la Unión Europea sea más estricta que Estados Unidos. Según los datos que manejan, estos requisitos para los bancos de importancia sistémica global suelen ser mucho más estrictos.
Eso sí, critican que en el caso de reducirse los requisitos de capital, se corre el riesgo de que los bancos utilicen ese dinero para pagar dividendos o recompensar acciones en lugar de prestar a empresas. Entre 2019 y 2025, los bancos de la eurozona aumentaron sus préstamos a firmas financieras 2,5 veces más rápido que a las empresas de la economía real, lo que evidencia un posible desvío del crédito.
Un plan a tres bandas
Mientras tanto, el Banco Central Europeo trabaja para lograr una cultura supervisora única. En 2025, se lanzó una iniciativa para integrar una cultura común entre el BCE y las autoridades nacionales, ya que se aseguraba que la supervisión podría estar siendo poco eficiente. Ahora, la reforma se apoya en la digitalización, el uso de inteligencia artificial generativa y portales integrados para automatizar tareas rutinarias y liberar recursos para los riesgos emergentes.
Europa debe combinar ahora la simplificación regulatoria con la supervisión sin perder la proporcionalidad respecto al tamaño y al perfil de riesgo del banco, evitando caer en más cargas innecesarias para las entidades más pequeñas. Salvaguardar la resiliencia del sistema financiero europeo al tiempo que se reducen los costes administrativos y se eliminan trabas en el marco regulador.