Bruselas está inmersa en el diseño de su paquete de medidas para hacer frente a la crisis energética abierta tras el inicio del conflicto entre Irán, Estados Unidos e Israel y su posterior escalada en Oriente Medio. En la Comisión Europea existe el temor de un posible desabastecimiento por la dependencia europea de la región del Golfo para los productos petrolíferos refinados, agravada por la disponibilidad más limitada de proveedores alternativos.
De hecho, esta misma semana, el responsable económico comunitario, Valdis Dombrovskis, advirtió de la necesidad de no perder la urgencia por un alto al fuego en el conflicto que sigue generando incertidumbre entre los aliados. “La economía europea sigue expuesta al riesgo de una crisis de estanflación”, expresó ante los eurodiputados responsables del Comité de Asuntos Económicos y Monetarios del Parlamento Europeo.
El déjà vu europeo
Entre ellos, el popular Fernando Navarrete, que en conversación con Demócrata afirma que ante un contexto geopolítico caracterizado por su naturaleza, en el que los shocks corren el peligro de repetirse nuevamente, la Unión Europea debe buscar reformas estructurales. “No podemos estar a golpe de crisis si pensamos que estos escenarios van a ser sistemáticos. Tendremos que sacar una lección de reforma estructural del funcionamiento de este sistema”, apunta.
A su juicio, la respuesta que debe trazar la Comisión Europea debe ir un paso más allá del hecho de crear un marco excepcional “cada vez que nos pase algo”. Navarrete pide al Ejecutivo que sea capaz de “ganar un marco que sea robusto frente a todas las crisis”, un ejercicio que, según su diagnóstico, todavía no se ha llegado a culminar.
Lo cierto es que durante su comparecencia esta semana, Dombrovskis no desveló nuevos detalles sobre este paquete en el que trabajan los servicios de la Comisión. El titular de Energía, Dan Jorgensen, sí que ha animado a los Estados miembros a hacer uso de mecanismos como el grupo de coordinación del petróleo de cara a planificar el uso de reservas estratégicas, así como promover medidas de ahorro, con especial atención al transporte en línea.
Soluciones permanentes ante escenarios inciertos
En este escenario, el Partido Popular Europeo busca desplegar una estrategia que parte de un enfoque de dos niveles: estructural (de largo plazo) y coyuntural (a corto plazo). Para Navarrete, la idea central del plan de la presidenta Ursula von der Leyen debería ser reformar el sistema energético europeo para que sea más resistente a crisis futuras. Una receta que busca aislar temporalmente a la economía de los impactos de las perturbaciones para proteger el crecimiento potencial, mientras se trabaja en la eficiencia a través de interconexiones y un marco regulatorio más robusto frente a las crisis.
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Los populares consideran que la Unión Europea enfrenta un problema de competitividad en el que dichos shocks no deben verse como eventos aislados, sino como perturbaciones recurrentes que exigen soluciones permanentes. Así, la prioridad política del primer partido de la Eurocámara son las interconexiones energéticas. “Todo el énfasis que se ponga en este tema es poco”, razona Navarrete, que pide que se pongan en marcha las medidas operativas para que estos planes de interconexión entre los distintos submercados eléctricos sean una realidad. Una crítica a las instituciones europeas por no haber cumplido los objetivos de interconexión durante las dos últimas décadas.
“No es algo inmediato, porque requiere infraestructuras, pero hay que tomar decisiones para que, en el futuro, no tengamos diferencias tan grandes en los precios energéticos dentro del mercado europeo”, expresa.
¿Cómo conseguirlo?
Junto con esto, proponen realizar ajustes estructurales en el mercado de emisión de carbono para crear una “reserva de mercado”. El objetivo de los populares es evitar que las crisis energéticas se acaben traduciendo en escaladas abruptas y casi automáticas de los costes de emisión que encarecen la factura de los ciudadanos.
Por otro lado, plantean la necesidad de adaptar la directiva de la fiscalidad indirecta sobre bienes energéticos a la nueva realidad geopolítica, buscando bajar los costes de forma sistemática.
En este sentido, el español aboga por actuaciones temporales en materia fiscal y centradas en mitigar el impacto del encarecimiento de la energía en el “cortísimo plazo”. Por ejemplo, plantean reducir la carga fiscal tanto en la generación como en el consumo de electricidad e hidrocarburos. Además, considera imperioso ajustar las tarifas del IRPF para compensar el efecto de la inflación en el poder adquisitivo de los consumidores, mientras se evita, a su juicio, que el Estado aumente su recaudación a costa “del sufrimiento de las familias”.
El "no" a la idea del Gobierno español
España es uno de los cinco países que ha solicitado a la Comisión Europea la puesta en marcha de un impuesto especial a los beneficios extraordinarios de las energéticas durante este periodo de tiempo. Una propuesta que no se ve con buenos ojos en la delegación española del Partido Popular Europeo. Navarrete explica su oposición frontal a la medida por dos razones principales. Temen los de Alberto Núñez Feijóo que esta medida termine por no ser temporal, al tiempo que creen que los impuestos a los productores terminarán trasladándose al consumidor final, encareciendo estructuralmente la energía.
De esta forma, Génova también rechaza el lanzamiento del nuevo sistema de mercado de emisiones, que el Ejecutivo tenía previsto presentar este mismo semestre y que gravaría directamente el transporte y la calefacción de los ciudadanos. La familia política de von der Leyen asegura que “no es el momento” de añadir cargas adicionales de coste estructural a los ciudadanos.
Aquí, el PP también choca frontalmente con La Moncloa. Gobierno español es uno de los mayores defensores, entre los veintisiete, del actual sistema de emisiones. Pero para Navarrete la problemática radica en que, en determinadas ocasiones, Bruselas tiende a compartimentar los problemas, generando una “falta de visión conjunta que hace parecer que no haya coherencia entre las políticas”. “Estar pensando en lanzar el ETS2, que es directamente subir a todos los ciudadanos el coste de los combustibles, en esta coyuntura no es razonable”.
Nuevas prioridades en el Ejecutivo
Con todo, en el gabinete de von der Leyen siguen elaborando un plan que en un principio iba a ser presentado antes de la última cumbre del Consejo Europeo el pasado mes de marzo y del que todavía se conocen pocos detalles. La alemana ha abierto la puerta a estudiar la eliminación de ciertos gravámenes no energéticos de las facturas eléctricas, así como garantizar que la electricidad tenga una fiscalidad más favorable que los combustibles fósiles. Bruselas pide tener en cuenta cuatro componentes para dibujar un marco completo de la situación: el coste de la energía, que representa más de la mitad de la factura; las tarifas de red (18%); los impuestos (15%); y el coste del carbono, cercano al 10%.
Por el momento, la máxima dirigente comunitaria ha decidido dedicar la reunión del Colegio de Comisarios del próximo lunes a la situación en Oriente Medio y las consecuencias que dibuja en materia de seguridad y economía para los europeos. Una cita en la que en un principio se iban a presentar las nuevas orientaciones para la relación UE-China, que ahora se ve relegada a futuros encuentros.