El Parlamento Europeo retoma el pacto comercial con Estados Unidos pero endurece sus condiciones

Estrasburgo retoma el pacto comercial con la Casa Blanca tras semanas de bloqueo por la crisis de Groenlandia, mientras socialistas advierten que no es un “cheque en blanco” y el PPE presiona para acelerar la ratificación final en marzo

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Donald Trump, presidente de EEUU. Europa Press/Contacto/Peng Ziyang

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El Parlamento Europeo ha dado un paso adelante en la normalización de las relaciones comerciales con Estados Unidos. Los eurodiputados han acordado retomar la tramitación del informe sobre el acuerdo arancelario, sellado este verano entre la Comisión Europea y la Casa Blanca, un texto que había quedado en suspenso tras la amenaza de nuevos gravámenes por parte del presidente estadounidense, Donald Trump, en el marco de la crisis diplomática abierta por Groenlandia.

La reactivación del proceso supone, en la práctica, un intento de recuperar la estabilidad en el comercio transatlántico tras semanas de incertidumbre. Sin embargo, Estrasburgo ha querido aprovechar la coyuntura para introducir una novedad relevante: el Parlamento ha incorporado entre los supuestos de la cláusula de suspensión del pacto todas aquellas amenazas que puedan provenir de Washington contra la seguridad del continente europeo. En ese marco, se incluye expresamente la defensa de la integridad territorial y de la soberanía de la Unión.

Fuentes de la Comisión de Comercio Internacional de la Eurocámara, consultadas por Demócrata, se muestran confiadas ante una posible votación en el órgano el próximo 24 de febrero, lo que permitiría que el texto legal llegue al Pleno para su ratificación final durante el mes de marzo. En cualquier caso, es necesario que tanto el Parlamento como el Consejo de la Unión Europea den su visto bueno para que el acuerdo pueda entrar en vigor de forma plena.

Crecen las dudas en la Eurocámara

Los eurodiputados se muestran hoy mucho más desconfiados que en el momento en que se selló el acuerdo entre ambas partes con la Administración estadounidense. El giro se explica, sobre todo, por el endurecimiento del discurso de Trump, que llegó a amenazar con imponer aranceles adicionales a los países europeos que respaldaron la soberanía groenlandesa.

Este episodio habría llevado a los grupos parlamentarios a aclarar que la tramitación seguirá adelante únicamente “siempre que Estados Unidos respete la integridad territorial y la soberanía de la Unión y cumpla estrictamente los términos del acuerdo”.

La familia socialista, por su parte, explicó al término de la reunión de negociadores comerciales de los distintos grupos que esto “no es un cheque en blanco”. Defienden que no ofrecerán sus votos a favor de ningún acuerdo con la Casa Blanca mientras su inquilino “siga socavando la soberanía europea” con declaraciones o amenazas económicas.

El PPE presiona para acelerar la ratificación

Al otro lado del hemiciclo, el Partido Popular Europeo (PPE) es una de las fuerzas que mayor interés viene mostrando por acelerar el proceso. Consideran que bloquear o reabrir elementos que escapan a la competencia directa de la Eurocámara “solo aumentaría la inestabilidad y socavaría la credibilidad del bloque”.

El grupo mayoritario de la Cámara habría trasladado al resto de formaciones la necesidad de seguir adelante para “restaurar la confianza empresarial, reducir costes innecesarios y proteger los intereses industriales y agrícolas de Europa”.

El debate refleja la tensión entre dos prioridades: por un lado, la voluntad de preservar una relación económica estratégica con Washington y, por otro, la necesidad de evitar que la Unión aparezca como un actor vulnerable frente a presiones externas.

¿Qué pasa ahora?

Los acuerdos comerciales de la Unión con terceros países están sujetos al procedimiento de consentimiento del Parlamento Europeo. La Comisión de Comercio Internacional debe elaborar una recomendación al Pleno a favor o en contra de su ratificación. Así, el texto podría ser aprobado finalmente durante la sesión plenaria del 9 de marzo.

Cierto es que el Reglamento Interno del Parlamento establece que la comisión “tratará la solicitud de consentimiento sin demora indebida”, pero no fija un plazo concreto ni contempla sanciones si la comisión no adopta ninguna recomendación.

En caso de que no se alcance un consenso, la Conferencia de Presidentes puede optar por no enviar el acuerdo al Pleno. De este modo, la Cámara no se pronunciaría y el consentimiento quedaría pendiente sine die. Además, sin el aval parlamentario, el Consejo no puede adoptar la decisión formal de “conclusión” del acuerdo.

Un pacto sellado tras meses de presión

El acuerdo comercial, que ambas administraciones sellaron en julio tras meses de negociaciones y presiones cruzadas, estipulaba una reducción significativa de barreras arancelarias y comerciales que inicialmente habían sido impuestas.

Entre los puntos centrales se incluía la aplicación de aranceles cero a un abanico de productos industriales y agrícolas estadounidenses, a cambio de una rebaja equivalente de las barreras a las exportaciones europeas hacia el mercado norteamericano.

En su momento, el texto fue criticado por la práctica totalidad del arco parlamentario, que alegó falta de transparencia en el proceso. Sin embargo, en los últimos días, varios grupos estaban dispuestos a sacarlo adelante asumiendo que se trataba de un “mal menor” ante el riesgo de una escalada comercial.

“Ante una situación difícil, hemos cumplido con nuestros Estados miembros y la industria, y hemos restaurado la claridad y la coherencia del comercio transatlántico”, declaró la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, tras un encuentro con Trump.

Ambos mandatarios se reunieron en Escocia para tratar de llegar a un acuerdo sobre los aranceles impuestos por Estados Unidos a la Unión Europea.

Sectores estratégicos y compromisos energéticos

El acuerdo alcanzado, publicado un mes más tarde, establecía la imposición por parte de Estados Unidos de un arancel máximo del 15 % a los productos europeos. A cambio, los 27 eliminarían los aranceles recíprocos sobre importaciones norteamericanas.

En esa tasa se incluían sectores estratégicos como:

  • automoción

  • productos farmacéuticos

  • semiconductores

  • madera

Además, el texto contemplaba compras de energía por valor de 750.000 millones de dólares, así como un compromiso de inversiones de 600.000 millones durante lo que resta del mandato presidencial estadounidense.

Las propuestas de Bruselas para aplicarlo

Como respuesta a este pacto, la Comisión presentó dos propuestas para facilitar su implementación.

Por un lado, una primera ley que hacía referencia a la eliminación de los aranceles sobre productos industriales estadounidenses y a otorgar acceso preferencial al mercado europeo para una gama de productos del mar y agrícolas no sensibles procedentes de Estados Unidos. La segunda proponía prolongar la exención arancelaria de la langosta, que ahora incluye también la langosta procesada.

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Tal y como se acordó, una vez empiecen a funcionar dichas reducciones, Estados Unidos rebajará del 27,5 % al 15 % los aranceles impuestos a los 27.

“Nos interesa mutuamente que ambas partes cumplan sus compromisos y garanticen la plena aplicación del acuerdo”, declaró el comisario de Comercio, Maroš Šefčovič.

Críticas en el seno de la Unión

El acuerdo no despertó pocas críticas dentro de la Unión. El primer ministro francés, François Bayrou, sentenció en la red social X que se trataba de un “día oscuro”, ya que “una alianza de pueblos libres” habría recurrido “a la sumisión”.Más conciliador, el líder del Ejecutivo español, Pedro Sánchez, valoró el “esfuerzo de la Comisión” y “su actitud constructiva”. Eso sí, afirmó que respaldaba el acuerdo “sin ningún entusiasmo”.

Por su parte, el ministro de Transportes, Óscar Puente, mostró su esperanza de que la relación entre la Unión Europea y Estados Unidos prospere: “La parte positiva es que esperemos que sea el principio de una relación estable”. En línea con Sánchez, el canciller alemán, Friedrich Merz, manifestó que el acuerdo había “conseguido evitar un conflicto comercial que habría afectado duramente a la economía alemana, orientada a la exportación”.