Ramón Jauregui: "España necesita un gran debate sobre Defensa"

Demócrata conversa con el exeurodiputado sobre la posición española en los actuales debates internacionales actuales y la postura adoptada por parte de la Unión Europea: "La política actual requiere gestos de autoridad, de potencia que quiere serlo"

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Uno de los deportes nacionales de Bélgica podría ser quedar para "tomar café". En ese campeonato, el Café Belga, en la plaza Flagey, sería su estadio olímpico. El encuadre es conocido por su ambiente cosmopolita; durante las jornadas alberga tertulias interminables. La faceta diurna del establecimiento es testigo también de grandes alianzas. Ahí, en el símbolo de la vida social del barrio de Ixelles, nos encontramos con alguien que conoce de primera mano los engranajes de la capital comunitaria.

Ramón Jauregui (1948) llega esquivando la lluvia característica del país. Mientras espera su taza de café descafeinado, reflexiona sobre los últimos acontecimientos de la política nacional, relación Sánchez-González inclusive, con la condición de que no formen parte de la conversación que busca servir como termómetro de la situación actual del continente. Hace una legislatura que abandonó las instituciones europeas, treinta y cinco años de su paso por el Gobierno Vasco y quince de su etapa en la Moncloa bajo los mandos de José Luis Rodríguez Zapatero.

Su radiografía del contexto europeo es la de alguien que entiende el ritmo comunitario, sus tiempos, equilibrios, pero también sus intereses contrapuestos. Desde una cafetería rodeada de estanques y confidencias, abre la puerta a que aquellos que actualmente se encuentran en la primera línea política abran el debate sobre el gasto en defensa con altura de miras y responsabilidad, en un momento en el que Europa reescribe sus propios principios fundacionales.

Pregunta: En estos 40 años, ¿cómo ha sido el paso de España desde el 86 hasta aquí?
Respuesta: Hay una cosa que a mí me gustaría trasladarte, que es una reflexión un poco nostálgica de un antifranquista que vivía en la frontera, que es un poco mi caso.

Europa era para nosotros el espacio de libertad y de democracia al que aspirábamos en la lucha antifranquista. Para mí, que vivía al lado, en San Sebastián, y pasaba la frontera para comprar libros, para ver películas... Era como una burbuja de libertad. Esa es una sensación que quiero que tengas y que recuerdes, porque en mi opinión es capital.

Hay incluso una anécdota. Nosotros teníamos un banco en Hendaya que se llamaba el Banco de Enchauste, al que llegaba dinero de los socialdemócratas suecos y alemanes. Yo era secretario de Tesorería de las Juventudes Socialistas y pasaba la frontera a recoger ese dinero. Toda la emoción de pasar con el dinero y que no me parara la policía, de comprar libros y que no te los requisaran... Toda esa emoción, eso era Europa.

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Entonces, yo diría que la entrada en Europa, para nuestra generación, fue como encontrar el lugar en el mundo para España. En el fondo, la incorporación a la Unión Europea —de eso hablamos hace 40 años— fue encontrar un lugar, una compañía, una familia, una ruta, un camino para el futuro.

Esa era Europa para nosotros.

Frente a aquella broma de los falangistas que decían que España era una “unidad de destino en lo universal”, aquella patochada que se convirtió casi en un proverbio común, la respuesta es no: no somos una unidad de destino en lo universal; somos una parte de Europa para el mundo. Esa es la idea central de lo que fue aquella fecha y aquella incorporación.

Ramón Jauregui: “Necesitamos una reflexión seria desde el Parlamento Europeo en favor de una mayor corresponsabilidad con el ejecutivo”

P. ¿Ha sido Europa como imaginábamos que iba a ser cuando entrásemos?
R. Ha sido más. Yo creo que todo el mundo está de acuerdo en que han sido los mejores 40 años de la historia de España. No solo por haber entrado en Europa, pero sin Europa no habría sido igual.

Hay que recordar el momento. En el año 85 teníamos aproximadamente 10 millones de empleos y casi 3 millones de parados. Hoy tenemos 22 millones y medio de ocupados y el paro está en torno al 9 o 10%.

Hemos multiplicado nuestro PIB por dos. Hemos aumentado nuestra esperanza de vida en diez u once años. Hemos reducido el paro a la mitad.

Todo lo que ha ocurrido en este tiempo explica que Europa ha ayudado a España a construir los 40 años mejores de su historia. Veníamos de una industria prácticamente chatarrizada y hemos modernizado nuestro aparato económico y productivo de manera enorme. Somos muy competitivos en muchas cosas.

Yo diría que se ha producido un cambio cultural: apertura de fronteras, niveles educativos, mentalidad europea. España no podría haber sido lo que es si no hubiera entrado en la Unión Europea hace 40 años.

P. Y también a la inversa: ¿cómo ha transformado España a Europa?
R. España ha ido moldeando debates.
Yo creo ha estado siempre en el núcleo de los países que querían una unión más estrecha, más intensa. España ha estado ahí si recordamos su participación en los grandes tratados, desde Maastricht hasta Ámsterdam.

Las aportaciones de España han sido importantes: por ejemplo, el impulso al programa Erasmus; el concepto de ciudadanía europea; Schengen; nuestra posición política positiva a favor de la reunificación alemana; la defensa de la cohesión social; la arquitectura que dio lugar al Next Generation, que es otro paso gigantesco.

España ha estado siempre ahí. Y eso me enorgullece, porque es donde hay que estar. También hay que destacar la apertura hacia América Latina. A finales de los 90 América Latina no existía en el radar de la política exterior europea. España y Portugal abrieron esa ventana al otro lado del Atlántico.

P. En este debate donde se habla ya de una Europa de dos velocidades, algo que empieza a verse como factible, ¿lo ve razonable?
R. No me gusta la idea de Europa de dos velocidades en el sentido de círculos concéntricos, porque eso no ha funcionado nunca bien y ha hecho muy compleja la vida interna.

Yo hablo de un núcleo motor. Tradicionalmente ese núcleo fue el franco-alemán. Ahora eso se ha roto y tienes un eje diferente.

Lo que planteo es algo más amplio: que ese núcleo se ponga de acuerdo —lo cual no será fácil—, pero es el único instrumento para avanzar en la hoja de ruta que han marcado personas como Draghi o en los retos geopolíticos que nos ha planteado Trump y Estados Unidos, y el nuevo mundo de potencias que se ha configurado.

Si no hay un núcleo duro potente, Europa se fragmenta y no avanza.

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P. Pero ¿no hay riesgo de predominio alemán?
R. El problema no es Alemania. El problema es la fragmentación.

En el seno de esos países están emergiendo opiniones públicas y partidos que no quieren ese núcleo motor. Si en mayo de 2027 Bardella fuera presidente de Francia y no quisiera avanzar en ese ritmo intenso, el proyecto quedaría bloqueado.

Ese euroescepticismo que no reniega de la Unión pero la acepta como algo que hay que soportar mata el proyecto. Porque lo que hay que hacer ahora son pasos gigantescos: unificar la industria militar, eliminar la unanimidad en política exterior, convertirnos en una potencia.

Si el mundo se divide en tres potencias y los demás somos vasallos, la única manera de no serlo es ser potencia.

P. ¿Cómo se articulan las diferencias Norte-Sur, Este-Oeste?
R. Entre pocos inicialmente y que los demás se vayan sumando. No hay más remedio. Si quieres ponerte de acuerdo con todos, no vamos a poder. Ya está claro que hay dificultades objetivas. El problema es que están emergiendo opiniones públicas neonacionalistas que creen que los problemas se resuelven dentro del propio país. Y hay un problema interno muy fuerte: la opinión pública europea no acepta la inmigración, y la inmigración la necesitamos como el respirar.

Hay una suma de soberanismo anacrónico y sentimiento antimigratorio, especialmente antiislámico. Esa es la configuración política de la Europa de hoy. Y eso es el verdadero problema.

Ramón Jauregui: “La política actual requiere gestos de autoridad, de potencia que quiere serlo”

P. ¿Qué pasa con el Parlamento Europeo?
R. Yo reclamo más poder para el Parlamento Europeo, pero también le exijo corresponsabilidad con el ejecutivo. En los sistemas democráticos nacionales, una mayoría parlamentaria sustenta al gobierno. En el Parlamento Europeo no existe esa cultura de corresponsabilidad.

Si el Parlamento bloquea decisiones estratégicas ya negociadas por la Comisión, el sistema falla. Y Europa, que ya tiene dificultades intrínsecas por ser una suma de naciones y no una federación, no puede permitirse eso. Necesitamos una reflexión seria desde el Parlamento Europeo en favor de una mayor corresponsabilidad con el ejecutivo.

P. Con Rusia, ¿Hay que descolgar el teléfono?
R. Para coger el teléfono tienes que ser potencia. Si no, no te lo cogen.
En el mundo que se está configurando, necesitas fuerza. El dinero es una parte, pero tiene límites. Hemos aprobado veinte paquetes de sanciones. Pero si quieres sentarte en la mesa necesitas capacidad militar, autonomía estratégica y credibilidad.

Hay que crear una unidad operativa europea ya, agrupar fuerzas nacionales bajo una organización común y empezar a montar eso. Más complicado será decidir dónde se fabrica el tanque europeo o el submarino, pero la unidad operativa es urgente. La política actual requiere gestos de autoridad, de potencia que quiere serlo.

P. En España cuesta explicar el rearme.
R. Eso se hace haciendo política en serio y planteando el debate a la opinión pública en profundidad.

Necesitamos un gran debate sobre defensa. Porque todo está conectado. No es solo una ciudad lejana en el Báltico. Puede ser ciberataque, manipulación política, uso de la inmigración como instrumento. Si no formas parte del núcleo que responde, no cuentas. Sé que es difícil en una cultura de paz como la española, pero España se merece ese debate.

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P. En América Latina, ¿ha estado Europa a la altura?
R. No somos un actor determinante frente a la materialidad del poder estadounidense, pero tenemos instrumentos.

Tenemos acuerdos comerciales con el 95% de la población latinoamericana. Tenemos estándares medioambientales, una cultura no extractivista, capacidad de crear cadenas de valor sólidas.

América Latina es un espacio en disputa entre Estados Unidos y China. China tiene una penetración económica muy fuerte. Europa puede desaparecer si no actúa. Tenemos que hacernos presentes aportando lo que tenemos y construyendo una relación de convergencia cultural y geopolítica.

P. ¿Y la relación con China?
R. China controla nodos críticos en las cadenas de suministro, crea dependencia y controla rutas y puertos estratégicos. Es competidor y rival sistémico.

Durante años seguimos la política estratégica estadounidense y pusimos vetos que no siempre eran razonables desde el punto de vista económico.

Ahora descubrimos nuestras dependencias: defensa, tecnología, satélites, telecomunicaciones. La clave es recuperar autonomía estratégica. Sin autonomía, no eres fuerte. Y sin fuerza, no eres potencia.

Ramón Jauregui:  

“Si el mundo se divide en tres potencias y los demás somos vasallos, la única manera de no serlo es ser potencia”

Al terminar las preguntas, la conversación continua ya con la grabadora apagada. Ha caído la noche en Bruselas y el ambiente de la cafetería que alberga el encuentro también parece hacerlo. Jauregui repasa la agenda que le espera en los próximos días en la capital comunitaria que pasarán entre reencuentros y reuniones en las instituciones comunitarias. La entrevista sucede días antes del inicio del conflicto abierto en Oriente Medio y la tensión generada entre el gobierno estadounidense y el español, sin embargo, el ex eurodiputado ya avisaba: "La política actual requiere gestos de autoridad, de potencia que quiere serlo". Palabras que parecían adivinar lo que estaba por llegar.