Estrasburgo congela los "aranceles cero" a Trump por sus amenazas sobre Groenlandia

La Comisión de Comercio Internacional del Parlamento Europeo ha frenado la ratificación del acuerdo UE-Estados Unidos tras las advertencias de Washington. PPE y socialdemócratas reclaman una respuesta firme y unidad europea

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La ratificación del acuerdo comercial entre la Unión Europea y Estados Unidos ha quedado en suspenso. La Comisión de Comercio Internacional del Parlamento Europeo (INTA) ha decidido este jueves frenar el proceso de aprobación, previsto para este mes de enero, del pacto alcanzado el pasado verano, en respuesta directa a las amenazas lanzadas por Washington de imponer nuevos aranceles a los países europeos que hubieran prestado apoyo militar a Groenlandia. La decisión puede marcar un punto de inflexión en las relaciones transatlánticas y evidencia el creciente uso del comercio como instrumento de presión geopolítica.

De esta forma, quedan en el aire la suspensión de las barreras comerciales a los productos americanos y que debía culminar su tramitación a principios de este trimestre. La Casa Blanca, con este acuerdo, había accedido a fijar en un 15% máximo los aranceles impuestos a las exportaciones europeas. Más concretamente, la votación en el Comité de Comercio estaba agendada la semana que viene. 

El presidente estadounidense, Donald Trump, amenazó el sábado con desplegar una batería de aranceles del 10% a todos aquellos países que hubieran mostrado su respaldo militar a la isla danesa. La medida entaría en vigor el primer día de febrero, y de no cambiar de postura los aliados daneses se elevaría hasta el 25%, según el dirigente. Esta decisión afectaba a países como Francia, que en los últimos días defiende una posición más contundnete contra la administración republicana

Este movimiento de Estrasburgo se produce en uno de los contextos de mayor tensión política entre Bruselas y La Casa Blanca, el mismo día en el que Trump se ha referido a la líder de la Comisión Europea como alguien estupida. La ameneaza vinculada a la crisis abierta en en el Ártico, ha generado una reacción inmediata en las instituciones europeas, que consideran incompatible avanzar en la liberalización comercial bajo un escenario de coerción económica.

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Un acuerdo en pausa pese al consenso previo

El acuerdo comercial, que sellaron en julio ambas adimistraciones tras meses de negociaciones y presiones, estipulaba una reducción significativa de barreras arancelarias y comerciales que en un primer momento habían sido impuestas. Ahí se incluía la aplicación de aranceles cero a un abanico de productos indurtiales y agrícolas estaodunidenses a cambio de una rebaja de las barreras a las exportaciones europeas. En su momento, el texto fue criticado por la práctica totalidad del arco parlamentario alegando falta de trasnparencia en el proceso. Sin embargo, en los últimos días los grupos estaban dispuestos a sacarlo adelante asumiendo que se trataba de un "mal menor". 

Sin embargo, la escalada declarativa a raíz de la situación en Groenlandia, que Estados Unidos pretende anexionarse "por las buenas o por las malas" , ha pausado, sin una nueva fecha, la ratificación del texto como medida preventiva, con la expectativa de que Estados Unidos retire sus amenazas. Fuentes parlamentarias subrayan que no se trata de una ruptura definitiva, sino de una “congelación técnica” del proceso, aunque reconocen que el clima político actual hace inviable cualquier avance a corto plazo.

Weber pide paralizar el acuerdo como respuesta política

El presidente del Partido Popular Europeo (PPE), Manfred Weber, fue uno de los primeros dirigentes en respaldar públicamente la decisión de la Eurocámara. En un mensaje difundido el pasado sábado en redes sociales, el líder conservador reclamó paralizar la aprobación del acuerdo comercial como respuesta directa a las amenazas arancelarias de la administración Trump.

“Apoyamos un acuerdo comercial transatlántico sólido, pero la deriva actual de Washington lo hace imposible en este momento”, señaló Weber. El dirigente alemán advirtió de que no se puede avanzar hacia un comercio libre y justo mientras los aranceles se utilizan como herramienta de presión política contra socios estratégicos.

En concreto, Weber pidió suspender la aplicación de los aranceles cero a productos estadounidenses previstos en el acuerdo, al menos mientras persistan las amenazas de la Casa Blanca. A su juicio, mantener los beneficios comerciales en este contexto enviaría una señal de debilidad y fragmentación europea.

El líder del PPE enmarcó su posición en una defensa explícita de la coherencia entre política comercial y política exterior. “El PPE apoya el acuerdo UE–EE. UU., pero dadas las amenazas de Donald Trump en relación con Groenlandia, su aprobación no es posible en esta fase”, afirmó. Weber considera incompatible profundizar en la liberalización comercial mientras se recurre a los aranceles como mecanismo de coerción geopolítica.

Desde su perspectiva, la suspensión de los aranceles cero debe entenderse como una señal política clara: la Unión Europea no aceptará que el comercio sea instrumentalizado para condicionar decisiones de seguridad o defensa. El dirigente conservador alertó además de que este tipo de prácticas pone en riesgo la estabilidad de las relaciones transatlánticas a largo plazo.

Los socialdemócratas quieren el escudo comercial 

La reacción no se limitó al PPE. La presidenta del grupo de los Socialistas y Demócratas (S&D) en el Parlamento Europeo, Iratxe García, elevó aún más la presión política sobre Washington y reclamó una respuesta inmediata y estructural por parte de la Unión Europea.

En un mensaje difundido también este sábado, García calificó de “inaceptables” las amenazas del presidente estadounidense y defendió suspender no solo la ratificación, sino las propias negociaciones en torno al acuerdo comercial. Además, pidió activar el Instrumento Anti-Coerción, el mecanismo creado por Bruselas para responder a presiones económicas de terceros países.

“La Unión Europea no puede ceder ante la intimidación”, subrayó la dirigente socialista, en una referencia directa a la ofensiva arancelaria anunciada por Donald Trump contra aliados europeos. Para el grupo S&D, el uso de este instrumento permitiría a la UE adoptar contramedidas proporcionadas y coordinadas, reforzando su autonomía estratégica en materia comercial.

El Instrumento Anti-Coerción, en el centro del debate

El Instrumento Anti-Coerción, aprobado recientemente por el Ejecutivo, está diseñado para disuadir y responder a intentos de presión económica por parte de potencias extranjeras. Su activación permitiría a la Comisión Europea imponer restricciones comerciales, limitar el acceso a contratos públicos o adoptar medidas regulatorias contra el país que ejerza la coerción.

Aunque hasta ahora no se había aplicado en un conflicto de esta magnitud con Estados Unidos, varios eurodiputados consideran que la situación actual cumple los criterios previstos en la normativa. No obstante, su puesta en marcha requeriría un amplio consenso político y una evaluación detallada por parte de la Comisión.

El posicionamiento de la mayoría de la Eurocámara refleja un giro más amplio en Bruselas, donde crece la preocupación por el uso del comercio como arma geopolítica. En las últimas horas, distintos grupos políticos han coincidido en la necesidad de preservar la cohesión interna del continente frente a amenazas externas, evitando respuestas fragmentadas por parte de los Estados miembros.

Weber apeló explícitamente a la “unidad europea” como eje central de la respuesta, subrayando que solo una posición común permitirá a la UE defender sus intereses económicos y estratégicos. En un contexto de creciente rivalidad global y reconfiguración de alianzas, el debate sobre el acuerdo se ha convertido en un símbolo del equilibrio entre apertura comercial y soberanía política.

Un futuro incierto para el pacto transatlántico

Por ahora, el acuerdo comercial queda en un limbo político. Su futuro dependerá en gran medida de la evolución de la crisis de Groenlandia y de la disposición de Washington a retirar o moderar sus amenazas arancelarias. Mientras tanto, la Eurocámara mantiene el proceso congelado y refuerza el mensaje de que el comercio no puede desligarse del respeto mutuo y las reglas internacionales.

La situación confirma, además, una tendencia de fondo en la política comercial europea: una mayor disposición a utilizar herramientas defensivas frente a prácticas consideradas coercitivas, incluso cuando proceden de socios tradicionales. En ese nuevo escenario, la ratificación del acuerdo UE-EE. UU. ya no es solo una cuestión económica, sino una prueba de la capacidad de la Unión para actuar como actor geopolítico coherente.