Tanto quería la Unión Europea su nueva estrategia para reforzar el mercado único que tardó en aprender a olvidarla 19 días de guerra y prácticamente quinientas horas de discursos cruzados sobre la defensa del derecho internacional. Para no agobiar “con flores” a los más escépticos, ni comprar con “bisutería” a los críticos, los europeos tenían que salir de su cumbre de este jueves con algo más que la “cofradía del santo reproche”. ¿El resultado? Un llamamiento a la desescalada no solo bélica, si no también legislativa y un calendario con una batería de iniciativas.
Si bien la negativa de la Unión Europea a la intervención en la escalada militar en Oriente Medio fue como “un hola y adiós” que “sonó como un signo de interrogación”, con Alemania firmando un documento que abre la puerta a contribuir “a los esfuerzos para garantizar el paso seguro por el estrecho”, las delegaciones pudieron constatar cierta convergencia en pro de la diplomacia.
“El Consejo Europeo pide una desescalada y la máxima contención, la protección de los civiles y de las infraestructuras civiles, así como el pleno respeto del derecho internacional”, versan las conclusiones adoptadas por los veintisiete y que se dirigen a todas las partes. No es detalle menor. Ahora bien, los países sí que dicen acoger "con satisfacción" los mayores esfuerzos anunciados para garantizar la libertad de navegcación en el estrecho de Ormuz. Con un detalle clave: "una vez que se cumplan las condiciones".
Ni contigo, ni sin ti
Como se abandona a los zapatos viejos, los ministros de exteriores europeos descartaron este lunes la propuesta de la jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas, de ampliar el mandato de la misión naval Aspides hacia el estrecho de Ormuz. Este despliegue europeo actualmente opera en el mar Rojo contra ataques a barcos comerciales por parte de los rebeldes hutíes de Yemen. Eso sí, los Veintisiete destacan su papel y piden su refuerzo con más medios, advirtiendo: “en consonancia con sus respectivos mandatos”.
El anfitrión de la jornada, el portugués António Costa, quería evitar un simple gesto de palabras bonitas. Ante los picos experimentados en los precios de los combustibles fósiles, el presidente del Consejo Europeo ha instado a sus homólogos a apostar por la transición energética como la forma más eficaz para lograr una menor exposición de cara a shocks como el actual.
En concreto, los jefes de Estado y de gobierno apuntan a que “acelerar el despliegue e integración de energías renovables y de bajas emisiones es esencial para reducir la dependencia de mercados volátiles”. Esta era una de las claves para la delegación española. Cuando los efectos de la guerra comenzaron a notarse en los bolsillos de los ciudadanos, Moncloa empezó a abogar en Bruselas por la descarbonización como respuesta a las dependencias.
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El debate energético
De hecho, el propio presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, a su llegada a la cumbre puso de ejemplo el caso de su país. “Es evidente que en muchos países se ha disparado el precio de la energía, no es el caso de España”, ha insistido el socialista. Para la delegación el sistema de emisiones de crédito de carbono es una línea roja pese a estar dispuestos a incluir algunas reformas para adoptar el modelo al contexto actual. “Apostar por las políticas climáticas es interés de los bolsillos”, ha apuntalado
Así bien, los Estados han instado a la Comisión a presentar en el corto plazo medidas que aborden “todos los componentes del precio de la electricidad”. Más allá de una estrategia de cara a un horizonte lejano, lo que se está pidiendo son soluciones inmediatas que los europeos puedan percibir de forma casi inmediata. En esta línea, también se ha abierto la posibilidad de revisar el régimen de comercio de derechos de emisión, tal y como estaba previsto antes de los bombardeos en Irán.
Comercio de emisiones
Von der Leyen abraza la bandera del sistema ETS
“Trayectorias más realistas, ayudas a las empresas más allá de 2025 y un trabajo con todas las partes indicadas”, ha deslizado Von der Leyen sobre la revisión del ETS sobre la que ha propuesto reforzar su inversión con 30 millones de euros.
Italia pide directamente eliminar el modelo ETS, en funcionamiento desde 2005. Alemania mantiene una posición ambigua, mientras España se prepara para defenderlo con firmeza el próximo julio. Este mecanismo, que fija límites de emisiones y permite comerciar derechos de contaminación, se ha convertido en uno de los pilares de la política climática europea.
La Comisión tenía previsto reformarlo en los próximos meses para ajustar su funcionamiento, pero la crisis ha reabierto un debate más profundo sobre el conjunto del Pacto Verde Europeo. Algunos países ven en el contexto actual una oportunidad para ralentizar o redefinir la transición energética.
“Si el conflicto sigue los precios de la energía seguirán fluctuando. El precio del gas ya ha subido un 30%. Es importante que las propuestas sean a medida”, ha declarado la máxima dirigente comunitaria a la salida de la reunión. A su parecer el continente deberá plantearse los cambios estructurales necesarios en cada escenario nacional y por ello, Bruselas brindará su apoyo a cada uno de los planes estatales que se diseñen para mitigar los efectos.
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, se adelantó a las discusiones del final de semana y el lunes ya remitió una carta a los líderes en la que exponía los principios de su receta energética. En la misiva abría la puerta a que las capitales evitasen el cierre prematuro de aquellas centrales nucleares que ofreciesen energía a bajo coste y segura a sus respectivos estados. Pese a que el reciente giro nuclear no sentase de primeras del todo bien, ni a los de su propio partido político como Friedrich Merz, voces diplomáticas reconocen que el continente debe invertir en la producción de su propia energía “sea verde o no”.
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A la hora de analizar la forma de intervenir en las facturas energéticas de los ciudadanos, Bruselas pide tener en cuenta cuatro componentes clave para lograr dibujar el marco completo de la situación actual. El coste de la energía, que representa más de la mitad de la factura; las tarifas de la red, el 18%; los impuestos, el 15%; y el coste del carbono, que estaría cerca del 10%. En cualquier caso, se trata de promedios que “varían según la combinación energética de cada Estado miembro”.
Además, el ejecutivo deslizó la idea de que aquellos Estados “que se lo pudiesen permitir” rebajasen los tipos impositivos a la energía, sin perder de vista la estabilidad de las cuentas públicas. Europa invita, desliza, abre la puerta, anima, pero… no termina por decidir. Eso sí, el Consejo pide tener en cuenta la neutralidad tecnológica, las situaciones específicas de los Estados miembros y la especial exposición de ciertos sectores industriales al riesgo de deslocalización.
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Cuando las comparaciones tranquilizan
El escenario abierto en estos momentos dista del experimentado en los primeros días de la invasión de Rusia sobre Ucrania. El gas llegó a los 300 euros por megavatio hora de media en el continente, algo menos en España. Por ello, las fuentes europeas explican que, en caso de que la situación empeore, sí que se desplegarían medidas que, en cualquier caso, serían temporales y específicas. “No estamos hablando de un cambio en la estructura de fijación de precios”, confirman.
En materia de competitividad, las delegaciones creen que una de las claves del próximo año será que la Comisión Europea facilite la libre circulación de mercancías abordando la fragmentación de los requisitos de etiquetado y envasado de productos; “también mediante soluciones digitales”. Después de una décena de paquetes ómnibus presentados hasta el momento, donde solo el primero de ellos ha culminado su tramitación, los Estados quieren que el ejecutivo presente nuevas iniciativas ómnibus, “incluida la aceleración de los procedimientos de concesión de permisos”.
Y...¿la europea?
“Derrochando la bolsa y la vida”, a lo largo de la cumbre los europeos fueron dando por perdida la idea de salir con un paquete de medidas concreto en términos económicos, más allá de mostrar su voluntad de acelerar el expediente legislativo del eurodigital durante este año y un calendario de previsiones. Estaba previsto que Von der Leyen llegase con su estrategia “Una unión, un mercado” después de recibir el mandato durante el retiro informal de los Veintisiete en febrero.
Así, el debate sobre la autonomía estratégica europea se pospone hasta que durante el próximo julio el ejecutivo presente su modelo de revisión del sistema de crédotos de carbono que irá acompañado de reformas sobre el sector bancario y la aprobación definitiva del conocido régimen 28. Este modelo pretende acabar con veintisiete sistemas jurídicos para las start-ups europeas a través de una jurisdicción armonizada, que únicamente contará con procedimientos digitales y que introduce opciones de financiación flexibles.
Los españoles se oponen a unos planteamientos basados en la "desregulación pero dan la "bienvenida" a inciativas como el régimen 28 que armoniza las normas comunitarias de creación de start ups. Sánchez habría trasladado a sus homólogos la necesidad de reforzar la "dimensión del modelo social europeo, los aspectos medioambientales y la cohesión territorial".
"En eso de que antes el malo era yo"
La Comisión Europea tiene un mensaje para aquellos que creen que el continente debería volver a mirar a los combustibles fósiles procedentes del Kremlin. "Sería un error estratégico", repiten. Exponen que, a través de esto, la Unión Europea se haría "todavía más débil". Preocupación que comparten otras fuentes diplomáticas en la capital europea. Si alguien sale beneficiado de un contexto en el que el precio de la energía va al alza es Vladímir Putin, ahora y cuando ya no depende militarmente del régimen iraní.
En vez de fingir o estrellar una copa, a los europeos les ha dado por sumarse, tímidamente, a un "no a la guerra" que ha acabado transformado en "no es nuestra guerra", con un emplazamiento a próximas visitas para esos debates que alargan las cumbres hasta bien entrada la madrugada. Aquellos que buscaban el empuje necesario a los retos estratégicos, como la escala de las empresas del continente, la digitalización de sectores como el monetario o la inversión en nuevas políticas energéticas, acaban la noche con eso de "me dejó un neceser con agravios, la miel en los labios"