“Las grandes empresas no siempre son la solución, especialmente si reducen las opciones en lugar de aumentarlas”, expresó la vicepresidenta ejecutiva de la Comisión Europea, Teresa Ribera, el pasado otoño ante una conferencia dedicada a los Derechos de la Competencia. En realidad, la española hablaba de la revisión de las directrices sobre fusiones que tiene que presentar en las próximas semanas y que puede suponer uno de sus mayores legados durante su mandato comunitario.
Una medida que esconde de fondo un pulso entre dos familias ideológicas de la competencia europea. Duelo en el que Ribera podría estar dispuesta también a aguantar la presión de la presidenta Ursula von der Leyen, que quiere abrir los filtros para permitir más fusiones empresariales bajo la justificación de la “resiliencia” entendida en el marco geopolítico.
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Francia empuja el debate
Según ha podido saber Demócrata, tras un debate de orientación entre los comisarios europeos, la batalla, a días de que se presenten los primeros borradores, se encuentra por el momento en los departamentos técnicos del ejecutivo comunitario. Ribera quiere que las directrices revisadas proporcionen “una orientación clara y directa, incluidos criterios concretos sobre cuándo la escala puede beneficiar al Mercado Único”.
Pero la tensión está en el hecho de que parte de los legisladores temen que la resiliencia termine eliminando proveedores esenciales y obligando a los clientes a optar por alternativas más arriesgadas. “Nuestro objetivo es sencillo: las directrices deben proporcionar a las empresas la claridad que necesitan para seguir sus ambiciones industriales, preservando al mismo tiempo el mercado competitivo”, expresa la comisaria.
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El principal impulsor de una mayor flexibilidad en los nuevos modelos de fusiones con el que se estaría encontrando Competencia en la rotonda Schuman sería el francés Stéphane Séjourné. El vicepresidente y responsable de Mercado Interior comunitario es partidario de que Bruselas permita alianzas nacionales y acabe abriendo la puerta a campeones nacionales que operen como campeones europeos. Los partidarios de esta reforma argumentan que el control de concentraciones debe reconocer positivamente cuando una fusión refuerza la resiliencia.
Esta corriente defiende que empresas de mayor tamaño tienen más capacidad financiera para invertir en la estabilidad de las cadenas de suministro y absorber choques de mercado. En estas conversaciones, algunas partes interesadas que participaron en un proceso de consulta que llevó a cabo la Comisión el pasado verano sugirieron que las fusiones verticales pueden mejorar la seguridad del suministro al dar a las empresas un mejor control sobre sus insumos críticos.
En un contexto internacional marcado por la volatilidad y la incertidumbre, aquellos que están en la órbita de Séjourné, entre ellos la propia Von der Leyen, aseguran que en sectores como las telecomunicaciones, la consolidación permite inversiones necesarias en ciberseguridad y en la robustez física de las redes.
Contener el entusiasmo
Sin embargo, todos estos buenos deseos no calman la preocupación de buena parte de la Dirección General de Competencia de la Comisión, que teme que la apertura del modelo acabe resultando en una salida incontrolable con repercusiones directas en la ciudadanía.
Algunas autoridades de competencia de los Veintisiete y organizaciones de consumidores han advertido durante este proceso de algunos peligros detectados a la hora de priorizar la escala sobre la competencia. Alertan de que una consolidación excesiva puede crear riesgos sistémicos. Si el mercado depende de uno o dos operadores dominantes, un choque que afecte a esas entidades podría paralizar todo el sistema, haciendo la economía más “frágil” en lugar de resiliente.
En este sentido, estas autoridades nacionales trasladaron al Ejecutivo que los mercados competitivos con múltiples proveedores son por naturaleza más resilientes, ya que, a su juicio, la diversidad permite que otros actores tomen el relevo si uno falla.
Así, en Bruselas también existe una preocupación adicional. Se teme que la idea de incluir objetivos de políticas públicas como la resiliencia en el control de fusiones pueda politizar decisiones técnicas y generar inseguridad jurídica.
Las conversaciones avanzan en la capital comunitaria, hasta el punto de que durante este miércoles Ribera mantuvo un encuentro con los eurodiputados competentes para intercambiar puntos de vista antes de la presentación del texto final sobre las nuevas directrices. Tras esta cita, Demócrata ha podido constatar que las posiciones se mantienen intactas, más allá de que la vicepresidenta constató la voluntad de colaboración por parte de los colegisladores sin "novedades", según una portavoz de su departamento. Más bien, la jornada sirvió al gabinete de la vicepresidenta para escuchar las distintas posiciones de los grupos.
A la hora de diseñar la actualización de estas medidas, los servicios de la Comisión Europea tienen identificados sectores específicos donde la resiliencia y la seguridad del suministro deben ser evaluados con especial atención. Por un lado, la energía, en relación con redes eléctricas y renovables, ante la volatilidad geopolítica, como en el caso de la guerra en Irán y el cierre del Estrecho de Ormuz. Por otra parte, también se valora el sector de la salud, especialmente respecto a medicamentos críticos; tecnologías avanzadas, como los semiconductores; y las telecomunicaciones como una columna vertebral de la economía digital y la defensa.
“La resiliencia también puede adquirir mayor relevancia en nuestra evaluación, en aquellos casos en que sea importante para el mercado o para los consumidores”, explicó en octubre la vicepresidenta, al valorar el contexto de la guerra de Rusia contra Ucrania o la “incertidumbre en torno al comercio mundial”. Según su parecer, estos acontecimientos demuestran la “clara necesidad de cadenas de suministro fiables y resilientes”.
Ganar escala sí, control también
Su equipo pretende demostrar cuándo las fusiones mejoran la resiliencia del mercado único. Por este motivo, ponen de ejemplo aquellas fusiones verticales que garantizan el acceso a insumos críticos o fomentan la inversión en infraestructura segura.
Ribera mantiene una posición similar a la de otros veteranos de la Competencia europea que defienden la complejidad de crear campeones europeos mediante campeones precisamente nacionales. Por este motivo, en los pasillos de la capital belga se prevé que la española pueda desafiar la intención de los dirigentes franceses y alemanes y apuntarse otro tanto en defensa de un control sobre las tradicionales normas de fusiones europeas.
Hasta ahora, el objetivo de la normativa comunitaria ha sido preservar un mercado interior competitivo, buscando que las empresas ofrezcan productos innovadores, asequibles y de alta calidad. La filosofía que se seguía era permitir, por un lado, que las empresas ganasen escala y pudiesen invertir, evitando que la acumulación excesiva de poder de mercado en manos de unos pocos pudiese acabar dañando la productividad.
En la Comisión explican que el control de fusiones sirve para evaluar si una concentración de empresas podría “obstaculizar significativamente la competencia efectiva”. Si una fusión es dañina, el ejecutivo puede censurarla o exigir remedios para corregir los problemas de competencia.
El calendario se mantiene
Fuentes europeas confirman a Demócrata que, por el momento, se mantiene la fecha de presentación de este expediente, prevista para el mes de abril. Un retraso en la iniciativa supondría un nuevo choque entre Ribera y Von der Leyen, que ya atraviesan una relación complicada tras medidas como el ómnibus medioambiental o el último giro nuclear de la alemana.