“Fue un golpe muy duro”: la intrahistoria de cómo Ucrania obligó a Europa a despertar

Demócrata analiza con políticos, técnicos y expertos académicos como la guerra que Moscú inició contra Kiev ha reactivado el sentimiento de urgencia en el continente europeo, con la aprobación de medidas nunca antes imaginadas

10 minutos

Ilustración Demócrata

Publicado

10 minutos

“Estas son unas de las horas más oscuras para Europa desde la Segunda Guerra Mundial”, anunció el, por entonces, jefe de la diplomacia europea, Josep Borrell, un jueves de febrero del año 2022. Rusia acababa de truncar las reglas del juego del orden internacional. En la madrugada del día 24, Vladimir Putin confirmaba el inicio de una “operación especial” sobre Ucrania. Con el tiempo, aquella fecha quedará marcada como el inicio del nuevo capítulo de la historia europea.

Cuatro años después de la invasión de Moscú sobre Kiev, las negociaciones sobre un alto el fuego en el territorio ocupado continuan encalladas en Ginebra. Las diferentes delegaciones implicadas, con Estados Unidos de por medio, no alcanzan un acuerdo sobre la soberanía del Donbás. En juego, más de mil días de guerra después, siguen las garantías de seguridad para el país del presidente Volodímir Zelenski, así como su propio futuro político.

Ursula von der Leyen durante su primera visita a Kiev. Abril 2022. -

En la madrugada de aquel martes de 2022, las tropas de la Federación Rusa cruzaron las fronteras desde Bielorrusia, Rusia y Crimea. A escasas horas de que comenzasen los ataques, Ucrania declaró la ley marcial y la movilización general. Una estrategia que Zelenski denominó de “defensa total”. “La Unión Europea responderá con la mayor firmeza posible”, avisó Borrell ante la convocatoria de una reunión extraordinaria de todos los líderes del continente para “adoptar el paquete más fuerte, el más duro de los paquetes que jamás hayamos aplicado”.

Fue en marzo de aquel año cuando se activaron las primeras sanciones financieras contra Rusia. En una cumbre en Bruselas, los Veintisiete accionaron la desconexión de siete bancos rusos, así como la congelación de los activos del Banco Central Ruso. Este mismo lunes está previsto que los ministros del bloque aprueben el paquete número veinte de sanciones. Un conjunto de medidas que pone el foco esta vez en su “flota fantasma”, empleada para exportar petróleo, en su sistema financiero y en sus ventanas al exteriror. 

Demócrata -
 

¿La hora de hablar cara a cara? 

Dos semanas después de los primeros ataques sobre Kiev, se firmó la conocida como Declaración de Versalles. Las capitales europeas se comprometían a asumir una mayor responsabilidad respecto de su propia seguridad y a aumentar su capacidad de actuar de manera autónoma. Algo con lo que todavía hoy siguen aspirando en los despachos del Ejecutivo comunitario. La presidenta de la Comisión Europea,  Ursula von der Leyen, al igual que había hecho antes durante la pandemia del COVID -19, asumió la respuesta política a la agresión militar en primera persona. En abril de 2022, la alemana viajó por primera vez al país atacado. “No hay palabras para describir el horror que he visto”, dijo al volver de su viaje.

Von der Leyen y Borrell al frente de la primera visita sobre el territorio ucraniano tras la invasión rusa -

Sin embargo, la forma de responder del Ejecutivo ha ido virando entre la convicción y la contención. La Alta Representante para la Política Exterior actualmente, Kaja Kallas, afirmó en un tono optimista que la economía rusa “estaba hecha pedazos”, desconectada de los mercados energéticos europeos. Una visión que, con más cautela, comparten voces dentro de la OTAN. Creen que, aunque el Kremlin esté hoy más debilitado que hace cuatro años, no cesará en su empeño de hacerse con partes del mapa ucraniano. Para los europeos, la amenaza que representa el país no está solo en el frente de batalla, que también, sino en el hecho de que gane más en la mesa de negociaciones que “lo logrado en el campo de batalla”.

Lejos de debilitar al continente, los optimistas extienden la idea de que la crisis ha llevado a Europa a su propio despertar. Entre ellos se encuentra el eurodiputado socialista que fue el encargado de liderar la ponencia permanente de las relaciones con Kiev, Marcos Ros. Descuelga el teléfono, se encuentra en una misión parlamentaria en España y expresa cómo durante décadas los europeos vivieron convencidos de que la paz era algo natural. “La invasión fue un golpe muy duro. Pero también una lección: no podemos dar por sentado lo que hemos conseguido”, manifiesta.

En este tiempo, la Unión Europea ha hecho un viaje de trescientos sesenta grados buscando la forma de responder a un nuevo mundo que empezó a cambiar desde sus propias fronteras. “La invasión ha obligado a Europa a dar pasos que antes no se contemplaban”, dice el investigador principal de seguridad del Barcelona Centre for International Affairs, Domènec Ruiz Devesa.

Desde una cafetería en la conocida rotonda Schuman, donde se encuentra la sede de la Comisión Europea, Ruiz Devesa, que trabajó junto con Borrell en los últimos meses de su mandato, explica cómo con la guerra de Ucrania “Europa proporcionó ayuda militar a un país en guerra”, algo que nunca antes había ocurrido. “Se rompió el engranaje de una relación triangular en la que Europa se había instalado durante décadas: la seguridad la proporcionaba Estados Unidos, los productos baratos venían de China y la energía barata llegaba desde Rusia”, dibuja.

Avances de la Brújula estratégica para la seguridad. -

La postura de 2022 adoptada por la Unión se basaba en dos pilares: sanciones y diplomacia, al estilo de Minsk. Una línea estratégica que cerró los contactos directos entre Bruselas y Moscú. Ahora no parece que se acerque el momento en el que la Comisión coja el teléfono por primera vez en estos cuatro años. Voces del gabinete de Kallas discuten que, si bien es una opción, no es la que principalmente se maneja a día de hoy. La brecha definitiva entre ambas potencias llegó cuando Europa afirmó en su brújula estratégica para la defensa que Rusia representaba “una amenaza directa y a largo plazo para la seguridad europea”.

Ahogar al Kremlin con paquetes de sanciones 

Documentos internos del Parlamento Europeo revelan que los distintos paquetes de sanciones han dado lugar a un conjunto de medidas “sin precedentes” dirigidas contra los sectores esenciales de la economía rusa y las élites políticas del país. Para el profesor del Grado de Relaciones Internacionales de la Universidad Francisco de Vitoria, Diego Martínez, esta es la única forma que tiene la Unión Europea para tratar de minar el ánimo ruso. “Nuestra gran baza es la económica”, confirma.

Ucrania, cuatro años después -

Aquí, Martínez apunta a la congelación de los activos rusos en bancos europeos como una de las “herramientas más poderosas”, que la Comisión quería emplear para financiar el préstamo de reparaciones de noventa mil millones para Kiev. “No haber sido capaces de aprobar esto pone en entredicho su capacidad real, más que su propia credibilidad”, defiende.

Los investigadores europeos sostienen que las prohibiciones de exportación habrían afectado aproximadamente a la mitad de las exportaciones a Rusia, mientras que las prohibiciones abarcan cerca del 60% de las importaciones anteriores a la guerra. En las listas de personas sancionadas figuran más de 2.700 nombres, entre ellos el de Vladimir Putin o su ministro de Asuntos Exteriores, Serguéi Lavrov.

Ucrania, cuatro años después -

Si bien Ruiz Devesa sostiene que, pese a que no se aprecia directamente un efecto en la voluntad de Rusia por frenar el conflicto, sí que están minando la economía rusa. “Putin es capaz de mantener el esfuerzo de guerra sin una penalización clara a nivel de popularidad del régimen”, a lo que contrapone el ex eurodiputado que los datos económicos muestran que “quizá no se pueda decir que en seis meses la maquinaria económica vaya a colapsar, pero puede estar cerca del punto de ruptura”.

Tras cuarenta y ocho meses de guerra, la Unión Europea busca alzarse como una potencia económica mucho mayor que Rusia, a través de, por ejemplo, sanciones también a terceros países.

El momento de cambiar el enchufe 

A partir de la invasión a gran escala, Bruselas tomó otra decisión de esas que cambiaría completamente su modo de funcionamiento. Era necesario desconectarse energéticamente de Putin. La maquinaria institucional se embarcó en el proceso de eliminar su dependencia del petróleo, del crudo, del gas y de los minerales procedentes de Rusia.

Demócrata -

Hasta ese momento, la energía rusa formaba parte de un esquema de interdependencias que a la luz daba estabilidad, pero que en el fondo iba auspiciando la vulnerabilidad europea. “Ahora Europa ha visto que eso no es aceptable”, exclama Ruiz Devesa.

En el Parlamento reconocen que el proceso de desconexión no ha sido sencillo. Ros cuenta cómo las inquietudes en el seno de la Cámara eran elevadas, ya que “no se podía cortar el suministro de la noche a la mañana sin provocar graves problemas de abastecimiento en algunos Estados”. Entonces, los legisladores se apoyaron en instrumentos como REPowerEU, que permitieron adaptar el sistema energético europeo para reducir las dependencias. Todas las fuentes coinciden en el convencimiento de que la transición está lejos de estar cerrada: “pero la reducción ha sido muy significativa”.

Cuando es otro el que habla por ti 

Al continente no le pudo pillar de sorpresa la entrada rusa en territorio ucraniano. La relación entre las potencias orientales y occidentales se ha caracterizado, desde el fin de la Unión Soviética, por una tensión que ha ido en aumento. Martínez trata de explicar durante una clase a sus alumnos esta semana cómo la excanciller alemana Angela Merkel acabó reconociendo que los acuerdos de Minsk fueron un intento de comprar tiempo para Ucrania. “Era impredecible el cuándo; el cómo sí que estaba contemplado. Las concentraciones de tropas eran algo que se estaba tramando”, narra ante un aula en la que quizá esté sentado el próximo negociador europeo.

Putin tras su reunión en Alaska con Donald Trump. The White House. -

Por el momento, es Estados Unidos quien está liderando las conversaciones de paz. Los diplomáticos europeos piden constantemente “un sitio en la mesa de negociaciones”. Pero, sin ir más lejos, hay quien advierte de que se pide formar parte de estas conversaciones, “pero luego no somos capaces de sentarnos”. Lo cierto es que, a día de hoy, en las reuniones de los líderes europeos, en temas de política exterior persiste el derecho de veto, por lo que abren la puerta a la posibilidad de acabar con la unanimidad para recurpera liderazgo. Ruiz Devesa lo explica así: “En las áreas donde Europa está integrada y no hay veto, Europa proyecta poder”.

Dentro del Palacio del Elíseo tienen otro diagnóstico. Hace apenas una semana, el presidente francés Emmanuel Macron abrió la puerta a conversar directamente con el inquilino del Kremlin. Una línea de juego que cuenta con el aval de Roma. En la capital comunitaria pilló de sorpresa la rueda de prensa de Año Nuevo de la primera ministra Giorgia Meloni. “Ha llegado el momento de que Europa hable con Rusia”, deslizó.

Así, Europa estudia, después de cuatro años, cómo tomar parte en este complejo recorrido hasta la paz. Tener un sitio relevante en los diálogos no solo por una cuestión de seguridad, sino por su propia imagen política. Aquellos que han seguido de cerca el transcurso de las conversaciones alertan de que, en el caso de que Putin saliese reforzado de estos acuerdos en una posible validación de los cambios de fronteras por la fuerza, el continente europeo quedaría en una posición “extremadamente vulnerable”.

Los socialistas comparten el criterio seguido desde la Agencia de Acción Exterior Europea. No se dan las condiciones para conversar directamente con el Kremlin porque antes la Unión debe ahondar en su propia autonomía para proyectar una imagen de fuerza. La familia política de Borrell, como afirma Ros, ve con buenos ojos iniciativas como la llamada “coalición de los voluntarios”. “Lo que no debería ocurrir es que terminemos en conversaciones bilaterales aisladas, cada país por su cuenta”, temen.

Donald Trump durante la cumbre de Alaska. The White House. -

Ruiz Devesa tampoco observa “ninguna ganancia estratégica para Europa en negociar en estas condiciones”. El escenario ideal para los europeos se aleja de un acuerdo rápido. Con el tiempo, creen que Rusia acabará palpando una fuerte presión interna para congelar la línea del frente. En ese caso, se reforzaría la defensa aérea con el objetivo de proteger a la población civil. Una opción realista preferible “a un mal acuerdo que legitime la agresión”.

Todos los caminos llevan a.... Europa 

Los aniversarios sirven también para repensar el futuro. ¿Dónde te ves en los próximos cinco años? Ucrania en Europa. Apenas se cumplía una semana del inicio de la guerra cuando el proceso de adhesión de Ucrania se aceleró. Desde Bruselas se defiende que de las negociaciones no podría salir una paz que implicase la renuncia por parte de los de Zelenski a la entrada al tren comunitario.

Lo cierto es que el país había estado intentando formar parte del proyecto europeo en diversas ocasiones desde 1994. El predecesor en el cargo de Von der Leyen, Jean-Claude Juncker, había instalado la idea de que no habría ampliaciones a corto plazo. La guerra cambió el contexto.

Ros, que viajó a Kiev a raíz de su misión en las relaciones con Ucrania, constató de primera mano —recuerda con convencimiento al otro lado del teléfono— cómo se estaba avanzando en asuntos como la descentralización administrativa y la gestión de fondos para desarrollo urbano y territorial. Se están llevando a cabo reformas profundas para cumplir con los criterios de adhesión: Estado de derecho, estabilidad económica, descentralización y modernización industrial.

Lejos de lograr unanimidad, este asunto ha reabierto el debate en aquellos países de los Balcanes occidentales que llevan años en lista de espera. “No es políticamente sostenible decir que se integra a Ucrania y el resto queda indefinidamente en suspenso. Se reactiva de manera general”, comparten fuentes diplomáticas.

De izquierda a derecha: António COSTA (Presidente del Consejo Europeo, CONSEJO EUROPEO), Volodymyr ZELENSKYY (Presidente de Ucrania, Ucrania) -

Como los llamados intelectuales afirman, y los eurodiputados repiten en sus intervenciones, Europa se ha visto obligada con la guerra en Ucrania a mirarse ante su propio reflejo. La bandera de la defensa ucraniana, que Bruselas se apropió como suya desde aquel 24 de febrero, pasa por sus horas bajas mientras avanzan unas conversaciones que podrían acabar beneficiando al agresor más que al agredido.

Hay quien en la terminal del aeropuerto de Zaventem ya entiende que cuando se respalda a Zelenski desde áreas como la económica, la humanitaria o la militar no solo se está lanzando un mensaje territorial. Lo que se está haciendo es reforzar la defensa de la democracia, la libertad y el orden internacional. Cada vez que Europa da un paso hacia la victoria ucraniana, “se está defendiendo a ella misma”.

 

El Partido Popular Europeo fue invitado a participar en este reportaje. La formación evitó pronunciarse sobre su postura en el conflicto y el futuro de las conversaciones de paz.