El gobierno transforma su política de defensa con un giro hacia la innovación y la superioridad tecnológica

El incremento del gasto en defensa no solo permite a España alcanzar los objetivos de la Alianza, sino también impulsar un giro estratégico hacia la modernización tecnológica, con un peso creciente de la innovación y la adquisición de equipos frente al gasto tradicional en personal

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“A principios del año pasado, el gasto en defensa español era de aproximadamente un 1,3–1,4%, y en abril recibí una llamada de Pedro Sánchez diciendo que irían al 2%. Y lo hicieron”, fueron los elogios del secretario general de la OTAN a España este jueves tras la presentación de su informe anual. Un balance que confirma no solo el crecimiento de la inversión nacional en el sector, sino también una nueva tendencia estructural: la canalización de estas partidas hacia la modernización de equipos y la innovación tecnológica.

Rutte | OTAN -

Gastar más, pero sobre todo gastar mejor

Los últimos conflictos en Oriente Medio y en Ucrania demuestran que la superioridad militar no es una cuestión únicamente del volumen de recursos, sino de la velocidad de adaptación. En cada ocasión en la que se reabre en Bruselas el debate sobre los esfuerzos económicos que cada Estado debe realizar para reforzar sus aportaciones a la Alianza, fuentes diplomáticas advierten repetidamente que no se trata de gastar más, sino de gastar mejor.

El Gobierno sale del balance anual no solo con el aprobado por haber alcanzado el mínimo estipulado, sino también con la confirmación de ser uno de los aliados que ha apostado por aprovechar este proceso para la modernización tecnológica de sus fuerzas armadas. Los informes apuntan a que en los últimos años se ha producido un cambio estratégico profundo en la estructura del gasto militar para priorizar la innovación y la adquisición de sistemas avanzados.

 

Ilustración Demócrata -

La métrica clave que utiliza la Alianza para medir la modernización es el porcentaje del presupuesto de defensa dedicado a equipos, que incluye específicamente la investigación y el desarrollo vinculados a grandes sistemas. De este análisis, España sale con una cifra récord.

Destina casi la mitad de su gasto total, el 44,17%, a equipos e innovación. Este dato le permite superar ampliamente la directriz mínima del 20% fijada por los aliados en su última cumbre.

Basta con echar un vistazo a las inversiones del resto de socios para configurar un mapa de prioridades en materia de seguridad. España se sitúa por delante de otras grandes potencias aliadas en términos proporcionales. Estados Unidos invierte el 29,69% en innovación, Reino Unido el 35,98%, Alemania el 29,7% y Francia el 30,04%. La fotografía final no deja de ser el resultado de un esfuerzo creciente, como confirman las fuentes consultadas. En 2023, la inversión española era del 27,39%, y en apenas dos años ha dado un salto de casi 17 puntos porcentuales.

Un cambio profundo en la estructura del gasto

Para lograr este hito, se ha transformado de forma significativa la composición del presupuesto nacional. Históricamente, España dedicaba la mayor parte de sus fondos al gasto en personal, pero el informe de 2025 muestra un giro de gran calado en estas prioridades.

En 2014, el gasto en personal suponía el 67,34%. En la actualidad, ha descendido hasta el 37,87%. Esta reducción de casi treinta puntos es la que ha permitido transferir recursos hacia la modernización y la tecnología. El resultado es claro: más capacidad operativa por cada euro invertido.

Este cambio no implica necesariamente una reducción del peso de las Fuerzas Armadas, sino una reorientación estratégica hacia un modelo más eficiente y adaptado a los desafíos actuales, donde la tecnología desempeña un papel central.

Marca españa en proyectos estratégicos de la Alianza

El compromiso español, como apuntan en Bruselas, no solo se aprecia en las cifras de inversión, sino también en su implicación en algunos de los proyectos más avanzados de la OTAN.

España es uno de los dieciséis aliados comprometidos con el programa de Software Aliado para Servicios en la Nube, una iniciativa cuyo objetivo es integrar inteligencia artificial y análisis de datos avanzados para facilitar la toma de decisiones en tiempo real en el campo de batalla.

EuropaPress| Margarita Robles -

Además, forma parte de un grupo selecto de doce países que impulsan la Red de Misión del Espacio de Batalla Submarino Aliado. Este proyecto busca crear una arquitectura de comunicaciones bajo el agua para conectar drones, sensores y submarinos, protegiendo infraestructuras críticas como los cables de datos.

A ello se suma su contribución al fondo de innovación de la OTAN, dotado con mil millones de euros, considerado el primer fondo de capital riesgo soberano multinacional de estas características. Su objetivo es invertir en start ups de tecnología profunda que respondan a necesidades de seguridad y resiliencia.

DIANA y la aceleración tecnológica

Durante la última cumbre de la Alianza celebrada en La Haya, los aliados adoptaron el Plan de Acción Rápida, diseñado para introducir innovaciones tecnológicas en las fuerzas armadas a una velocidad sin precedentes.

En este contexto, España participa activamente en la aceleradora DIANA, una plataforma que conecta a innovadores civiles y militares para desarrollar soluciones en ámbitos como la biotecnología, la computación cuántica y los sistemas autónomos. Este enfoque refuerza la importancia de la tecnología dual, es decir, aquella que tiene aplicaciones tanto civiles como militares.

Capacidades de alta gama con proyección internacional

Gracias a todas estas inversiones, España aporta capacidades tecnológicas en misiones de alta exigencia dentro de la OTAN. Entre ellas destacan su participación en grupos de ataque de portaaviones, misiones de defensa contra misiles balísticos y operaciones avanzadas de vigilancia espacial desde Alemania.

Estas contribuciones consolidan el papel del país como un socio relevante dentro del sistema de seguridad euroatlántico y evidencian el impacto real de la modernización emprendida en los últimos años.

El impulso europeo del programa AGILE

Ahora bien, el reto de la innovación en defensa no compete únicamente a la OTAN. La Comisión Europea también quiere desempeñar un papel relevante y esta misma semana ha presentado su nuevo programa AGILE, dotado con 115 millones de euros, con el objetivo de acelerar el desarrollo de tecnologías en este ámbito.

Se trata de un programa piloto que busca acortar los plazos que separan la investigación de su aplicación práctica. Para ello, se centrará en tecnologías disruptivas como la inteligencia artificial, la computación cuántica o los drones, y pondrá especial énfasis en el papel de las pequeñas y medianas empresas, incluidas startups y compañías en fase de crecimiento.

El objetivo es integrar a estos actores, tradicionalmente alejados del sector de la defensa, en un ecosistema que demanda soluciones rápidas, flexibles y de bajo coste.

Un modelo más ágil para acelerar la innovación

Uno de los elementos más innovadores del plan es su diseño administrativo. AGILE promete reducir el tiempo de concesión de ayudas a apenas cuatro meses, una cifra inédita en los programas europeos. Además, se espera que las tecnologías financiadas puedan llegar a las fuerzas armadas en un plazo de entre uno y tres años.

El instrumento financiará entre 20 y 30 proyectos, cubriendo hasta el 100% de los costes elegibles. También incorpora una cláusula retroactiva que permitirá a las empresas recuperar gastos realizados antes del cierre de la convocatoria.

Todo ello se estructura en dos grandes líneas, por un lado el desarrollo de productos orientados a misiones concretas y por otro la comercialización de estas soluciones para facilitar su llegada al mercado, siempre alineadas con las necesidades más urgentes de los Estados miembros.

En todo este proceso, el sector plantea una cuestión clave, que las inversiones se queden en el ámbito nacional. Así lo expresó el presidente de Indra, Ángel Escribano, en una conversación reciente.

Rutte y Sánchez | NATO -

Según señaló, lo más importante es que la inversión en defensa se quede en casa, permitiendo desarrollar las capacidades de la industria nacional, generar empleo de calidad y consolidar empresas competitivas en el propio país.

Un cambio de modelo en marcha

España ha pasado en pocos años de situarse por debajo de los estándares de inversión de la OTAN a convertirse en uno de los países que lideran la modernización tecnológica dentro de la Alianza.

El aumento del gasto ha sido relevante, pero lo verdaderamente decisivo ha sido el cambio en su orientación. Menos peso del gasto estructural y más apuesta por la innovación. En un contexto internacional marcado por la incertidumbre y la aceleración tecnológica, este giro no solo refuerza la posición de España, sino que también abre un debate más amplio sobre el futuro de la defensa europea, la autonomía estratégica y el papel de la industria nacional.

El reto ahora será consolidar esta transformación y garantizar que se traduzca en capacidades reales y sostenibles a largo plazo.