El socialismo europeo se enfrenta este martes a sus primeros grandes comicios tras los últimos órdagos del presidente norteamericano Donald Trump. La otra líder progresista junto con Pedro Sánchez en la sala del Consejo Europeo, la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, se somete a unos comicios adelantados a raíz de la crisis abierta por la soberanía groenlandesa. Una cita que puede llegar a servir de espejo para los veintisiete cuando diseñan sus planes de respuesta ecónomica y política a la crisis internacional abierta por el conflicto en Oriente Medio.
Un sistema fragmentado y en equilibrio
"Ahora les toca a ustedes, los votantes, decidir qué rumbo tomará Dinamarca en los próximos cuatro años. Y lo estoy deseando", dijo la primera ministra al anunciar el adelanto. Lo cierto es que el sistema parlamentario danés se caracteriza por su fragmentación no solo de partidos, sino de bloques. Las encuestas pronostican un ajustado equilibrio entre el bloque de izquierdas y el de la derecha, con la coalición de gobierno todavía en duda en un país en el que las coaliciones son prácticamente imperativas.
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El parlamento danés está compuesto por 179 escaños, de los cuales dos pertenecen a Groenlandia y otros dos a las Islas Feroe, con legislaturas que duran cuatro años. A diferencia de España, aquí el umbral de entrada es del 2% para acceder a los escaños de compensación. En parte, este es el factor que explica la presencia de numerosas familias políticas en la cámara.

Dicho umbral dificulta en buena medida el hecho de que un único partido alcance la mayoría de 90 diputados que se necesitan para lograr aunar una mayoría de respaldo. La situación es tal que, desde 1901, todos los gobiernos que se han sucedido en el país han sido de coalición o minoritarios apoyados externamente.
Hasta las negociaciones para formar gobierno en 2022, la jurisprudencia política danesa se había caracterizado por alianzas de dos grandes bloques: el denominado rojo, originalmente asociado al centroizquierda, y el bloque azul, en relación con el centroderecha. Durante los últimos cuatro años, el gobierno se ha sustentado en una “gran coalición transversal” compuesta por socialdemócratas, la derecha de Venstre y los moderados, que llega desgastada a los comicios, donde los pronósticos sitúan la repetición como “improbable”.
En datos
Resultados elecciones 2022
- Socialdemócratas - 50 escaños
- Venstre (liberales) - 23 escaños
- Moderados - 16 escaños
- Partido Popular Socialista - 15 escaños
- Demócratas de Dinamarca - 14 escaños
- Alianza Liberal - 14 escaños
- Partido Conservador - 10 escaños
- Alianza Roji-Verde - 9 escaños
- Partido Social Liberal - 7 escaños
⚖️ Resultado por bloques
- 🔴 Bloque de izquierda (rojo) → 90 escaños (mayoría mínima)
- 🔵 Bloque de derecha (azul) → 89 escaños
Frederiksen busca revalidar el liderazgo
Las encuestas auguran una victoria para Frederiksen en torno al 21% del voto, significativamente por debajo de su resultado de 2022, pero aún por delante de cualquier otra fuerza. Los bloques aparecen en las porras prácticamente empatados en escaños. ¿Qué significa esto? De cumplirse las estimaciones, las negociaciones para la formación del nuevo gobierno se complicarían más que en anteriores ocasiones.
El refuerzo al Estado del bienestar a través de nuevos impuestos a las grandes fortunas, una línea dura en materia de seguridad y la firmeza frente a Washington han sido el leitmotiv de la campaña de la dirigente que aspira a revalidar por un tercer mandato. En concreto, propone introducir un impuesto sobre el patrimonio a aquellas fortunas personales superiores a unos 25 millones de coronas mediante un tipo del 0,5%. Además, ha propuesto una reforma de la edad de jubilación manteniendo la posibilidad de retiro anticipado para trabajos duros, pero para que la edad aumente 0,5 años cada lustro en vez de un año —como establece el modelo actual—.

“Cuando el uno por ciento más rico de la población posee cerca de un cuarto del total de la riqueza neta de los daneses, es demasiado desigual. Por eso proponemos un impuesto al patrimonio. Dinamarca no se ha convertido en una sociedad rica y fuerte basándose en la desigualdad”, anunció la socialista el mismo día que convocó los comicios. Una idea que el bloque de la derecha mira con escepticismo, mientras que la izquierda muestra su respaldo.
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Frederiksen se alinea entre las dirigentes comunitarias que abogan por una Europa “más capaz de defenderse por sí misma” dentro de la OTAN, acelerando el aumento del gasto en defensa y el refuerzo de capacidades, incluida la dimensión ártica. En sus discursos subraya que la política de seguridad “es y seguirá siendo la base” de la política danesa, con un compromiso explícito de continuar el rearme y el apoyo militar a Ucrania.
Si bien es cierto, hay un asunto que separa a la primera ministra de su homólogo, Pedro Sánchez. Dinamarca mantiene una línea restrictiva en inmigración que ha caracterizado a los socialdemócratas daneses. Su mensaje combina “mano dura” en inmigración con protección de salarios para los trabajadores daneses, argumentando que una inmigración más controlada favorece la cohesión y el apoyo al Estado del bienestar.

Un tablero político abierto
Más allá de los socialdemócratas, el espacio de la izquierda lo ocupan también los verdes de Pia Olsen, la Alianza Roji-Verde de Mai Villadsen, el partido social liberal liderado por Martin Lidegaard y el partido verde-progresista, cuya dirección ha cambiado en diversas ocasiones durante la última legislatura, pero se mantiene en el espacio ecologista liberal.
Por su parte, el Partido Liberal lidera el bloque de la derecha, con el ministro de Defensa, Troels Lund Poulsen, como candidato a primer ministro del bando azul. Los moderados también operan bajo el mandato de otro veterano de la política danesa, el actual ministro de Asuntos Exteriores y ex primer ministro, Lars Løkke Rasmussen.
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Lund Poulsen ha centrado su estrategia en un plan económico que apuesta por beneficios fiscales, entre los que se encuentra la reducción de un 2% del impuesto de sociedades o una limitación del IVA de los alimentos. Además, el partido que trata de liderar el sector de la derecha propone rebajar el tipo a las sociedades hasta un 18%.
La dinámica de Copenhague hace que, más que un cara a cara clásico, las negociaciones postelectorales estén protagonizadas por varios líderes: socialdemócratas y verdes a la izquierda; liberales y conservadores a la derecha, con los moderados como árbitros.
La campaña de la geopolítica
Unas elecciones adelantadas en un momento en el que Dinamarca se situaba en el centro del debate geopolítico. La amenaza del dirigente republicano de hacerse con la soberanía de Groenlandia y el cierre de filas europeo en torno a la autonomía del territorio dispararon la popularidad de la primera ministra, que podría pivotar hacia una nueva mayoría de izquierda clásica.
Tras la acción militar sobre Venezuela y la captura de su presidente, Nicolás Maduro, a Trump se le había metido entre ceja y ceja la necesidad de controlar la isla danesa. Este peculiar interés activó de forma insólita a las capitales comunitarias, obligándolas a pasar de una diplomática complacencia al modo ofensivo. En este punto, y tras el amago norteamericano de abrir una guerra comercial, el presidente del Consejo, António Costa, decidió reunir a sus homólogos para estudiar los próximos pasos.

La reacción europea fue unánime: “Groenlandia no está en venta”, repetían, mientras los estadounidenses estimaban su compra en torno a 700.000 millones de dólares. Ahora, con las aguas calmadas, la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, se ha abierto a avisar sobre cómo reforzar la relación con Estados Unidos, pese a advertir que su país no negociará la soberanía de la isla del Ártico. En el Palacio de Christiansborg defienden que la lección aprendida es clara: cuando Europa se mantiene unida, los resultados son evidentes.
No en vano, la geopolítica mundial seguirá marcando el porvenir del escrutinio. Las consecuencias de la crisis derivada de la guerra en Irán han obligado a todos los partidos a presentar su propio plan de contención. Los socialistas defienden ampliar el alcance del “cheque para mayores”, mientras que la derecha aboga por subvencionar la gasolina.
Los comicios amenazan con servir de termómetro para el resto de líderes europeos que se han visto en los últimos meses obligados a reaccionar a las continuas idas y venidas del presidente estadounidense. Budapest acudirá a las urnas el próximo 12 de abril y Estocolmo el 13 de septiembre.