Bruselas se preparaba esta semana para lo peor: la apertura de una guerra comercial con Estados Unidos. Sin embargo, el anuncio del presidente norteamericano, Donald Trump, de frenar los aranceles anunciados contra los países europeos que respaldaron militarmente a Groenlandia ha rebajado las expectativas antes de una cumbre en la que, una vez más, el continente se jugaba su credibilidad.
El inquilino de la Casa Blanca anunció en la noche del miércoles su marcha atrás en la voluntad de presionar comercialmente a los aliados europeos para forzar el inicio de negociaciones sobre la soberanía de la isla danesa. Este giro ha servido para reducir la presión sobre los jefes de Gobierno de los Veintisiete, que ahora previsiblemente no tendrán que decidir si activar los mecanismos comunitarios de respuesta frente a las amenazas estadounidenses.
Mas, los líderes del continente no rebajan sus crícticas a las aspiraciones imperialistas y coercitivas americanas. Por lo que, con un cierre de filas tratarán de disuadir a su homólogo antes de dar nuevos pasos.
Punto de partida
La decisión de convocar esta cumbre llegó después de que los embajadores europeos se reunieran el pasado domingo, tras conocerse el plan inicialmente anunciado por Washington. Este contemplaba aranceles del 10 % a todos los productos procedentes de ocho países europeos que habían decidido enviar apoyo militar al Ártico.
La medida iba acompañada de una segunda amenaza: elevar los aranceles hasta el 25 % a partir de junio y mantenerlos en vigor hasta alcanzar un acuerdo para la “compra total y plena de Groenlandia”.
Una de las voces más críticas con los americanos desde el principio ha sido la del presidente de Francia, Emmanuel Macron. A su juicio, la conclusión que los europeos deben sacar es que "cuando reacciona unida, cuando se ve amenaza, puede inspirar respeto". "Esperemos que Europa sea respetada. Cada vez que no lo sea, no nos pronunciaremos y actuaremos con claridad", ha avisado el jefe del Elíseo.

Sin el temor inmediato a una guerra comercial, los europeos pretenden ahora lanzar un mensaje político claro a la delegación estadounidense: “la soberanía europea no es negociable”. Se prevé que los discursos en la sala del Consejo Europeo profundicen en la necesidad de defender los intereses del continente y de mantener sobre la mesa medidas listas para activarse ante cualquier intento de coerción.
A su llegada al encuentro, la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, ha defendido que su país no negociará la soberanía de la isla del Ártico, pero se ha abierto a conversar sobre “cómo reforzar la relación con Estados Unidos”. En Copenhague creen que la situación abierta habría servido al continente para “aprender” que “cuando Europa se mantiene unida, los resultados son claros”.

Mette Frederiksen a su llegada en Bruselas
Antes de la reunión, el canciller alemán, Friederich Merz, ha agradecido al americano "que haya abandonado sus planes iniciales de anexionarse Groenlandia, y también que se haya abstenido de imponer aranceles". Dicen en Berlín que esta medida es el resultado de "los esfuerzos conjuntos entre Europa y Estados Unidos para encontrar una salida en los tiempos díficiles" que se atraviesan.

El presidente del Consejo Europeo, el portugués António Costa, ha estado en contacto permanente con sus homólogos hasta el mismo día en que Trump frenó sus intenciones. Según fuentes comunitarias, Costa habría constatado la relevancia estratégica de la cita, especialmente cuando se cumple el primer año de la Administración republicana, que ha introducido “un nuevo estilo” en las relaciones transatlánticas y por ello habría decidido no cancelarla.
En el Consejo consideran que la rápida reacción europea ante las amenazas estadounidenses —“con calma, pero también con firmeza y con posturas de principios claras”— podría haber marcado un punto de inflexión.

OTAN, Ártico y relación transatlántica
Durante la cumbre se debatirá cómo reforzar el papel de la OTAN en la seguridad del Ártico, intensificando su estrategia en la región. Para los aliados, este es un ámbito que requiere mayor desarrollo y coordinación.
En una cena de trabajo, los líderes abordarán “los últimos avances en las relaciones transatlánticas y sus implicaciones para la Unión”. Los Estados miembros consideran que han hecho lo que estimaban “necesario” para estabilizar la relación “en términos beneficiosos para ambas partes”, aunque reconocen que la situación sigue siendo volátil en algunas áreas y que “es importante que los líderes se reúnan”.
El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, que no estará presente en Bruselas se ha reivinidcado en los últimos días ante las críticas por su discreción durante la crisis abierta en el seno de la Alianza Atlántica a raíz de las aspiraciones de Estados Unidos. El dirigente neerlandés argumenta que mantiene un perfil bajo porque está trabajando “entre bastidores” y rehúye pronunciarse “en público” para no perder capacidad a la hora de “desescalar la tensión”.
“Mi papel como secretario general de la OTAN, cuando hay tensión dentro de la Alianza, la ha habido en el pasado entre Grecia y Turquía, ha habido otros momentos en los que hubo tensión, y mis predecesores siempre hicieron lo mismo y sabían que no debían comentar nada en público, eso es imposible”, señaló este miércoles, reivindicando la línea de actuación seguida por quienes le precedieron en el cargo. Eso sí, fue el dirigente atlántico quién acordó con Trump su última decisión.
Sánchez defenderá una mayor integración
Por su parte, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, defenderá la necesidad de acelerar la autonomía, la integración y la independencia europea. Los mandatarios debatirán cómo fortalecer al continente en ámbitos clave como la defensa, la tecnología y el comercio.
Para la delegación española, la respuesta europea debe tener en cuenta “vulnerabilidades críticas”, como la dependencia de infraestructuras financieras y de pago controladas o reguladas desde Estados Unidos. En este sentido, subrayan que el euro digital debe entenderse como una pieza central de la estrategia europea.
En este sentido, Merz ha afirmado que ya se habrían mamtenido conversaciones preparatorias para tratar el asunto de la competitividad industrial. "Vamos por buen camino, aunque estemos lejos de haber logrado todo lo necesario", dice el alemán.
Alemania ha mostrado su interés por impulsar un "marco europeo sólido" acompañado de una reducción gradual de la "extensa burocracia europea para que podamos ser realmente un mercado europeo único".
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¿Cómo responder?
Europa dispone de instrumentos jurídicos para responder a órdagos como los planteados por la Casa Blanca. La cumbre de este jueves podría servir para delimitar en qué contextos y situaciones podrían activarse.
El artículo 42(7) de los Tratados de la Unión establece que, si un Estado miembro es víctima de una “agresión armada en su territorio”, el resto tiene la obligación de prestarle ayuda y asistencia por todos los medios a su alcance, de conformidad con el artículo 51 de la Carta de la ONU.
Aunque la doctrina y el Servicio Europeo de Acción Exterior han interpretado que la agresión debe originarse desde el exterior, ese “exterior” se refiere a actores ajenos al Estado víctima, no necesariamente a terceros no pertenecientes a la Unión, lo que abre un margen de interpretación incluso en conflictos entre países aliados.
Además, el artículo 222 obliga a la Unión y a los Estados miembros a actuar conjuntamente, “en espíritu de solidaridad”, si uno de ellos es objeto de un atentado terrorista o de una catástrofe natural o de origen humano.
Gaza, Mercosur y frentes abiertos
En la agenda también figura la Junta de Paz para Gaza, presentada por Trump esta misma mañana en el Foro Económico de Davos, y de la que formarían parte, entre otros, el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu y el presidente ruso Vladímir Putin. Inicialmente, las capitales europeas apoyaron el plan estadounidense y mostraron su disposición a contribuir, aunque ahora reconocen que “hay puntos que deben aclararse”.
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Por último, durante la primera sesión plenaria del año, el Parlamento Europeo aprobó solicitar una opinión al Tribunal de Justicia de la UE sobre la adecuación del acuerdo comercial con Mercosur a los tratados europeos. Este paso podría frenar su entrada en vigor, aunque la Comisión Europea estudia la posibilidad de activarlo en el marco de sus competencias, incluso sin el respaldo parlamentario. Desde los servicios jurídicos del Ejecutivo aseguran que consultarán a los Estados miembros, aunque su posición no sea vinculante, un proceso que podría desarrollarse a lo largo de la noche.