“Manual de instrucciones para el Mercado Único", versión Von der Leyen

Bruselas da luz verde a su hoja de ruta más ambiciosa para culminar la integración económica antes de 2027, con reformas en regulación, digitalización, energía y comercio exterior, en un intento por reforzar la competitividad global del bloque y reducir sus dependencias estratégicas frente a potencias como Estados Unidos y China

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Ilustración Demócrata

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Había un plan. Una estrategia preparada. Se ha acabado firmando en Chipre. Ahora llega el momento de la verdad. Durante la cumbre informal de los Veintisiete en Nicosia, los tres colegisladores, Parlamento, Consejo y Comisión, firmaron la que es su lista de los deseos particular. “Una Europa, un mercado” lleva como título el nuevo libro blanco de la Unión Europea para fortalecer la resiliencia económica y la competitividad global del continente.

La meta está fijada para finales de 2027. Ahí los europeos esperan haber completado los cinco ejes de acción previstos. Abordan desde la simplificación regulatoria, la integración del mercado, la expansión del comercio, la descarbonización energética y la innovación digital. Bajo el sol de Nicosia, y varios gyros, los europeos se han comprometido a hacer los esfuerzos necesarios para eliminar las barreras comerciales existentes al mismo tiempo que se impulsa un entorno propicio para el desarrollo de la inteligencia artificial y las tecnologías verdes.

Un compromiso a tres bandas 

“Estas medidas impulsarán el crecimiento económico de Europa, garantizarán nuestra transformación digital y reforzarán la resiliencia industrial”, expresó la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. Por su parte, el responsable industrial comunitario, Stéphane Séjourné, cree que con esta hoja de ruta se hace un llamamiento a la “movilización colectiva para liberar todo su potencial”. Afirma el francés que todas las “instituciones europeas están dando un paso al frente con compromisos claros y con plazos definidos, y un marco de gobernanza diseñado para supervisar el progreso y mantener el impulso político”.

Un calendario legislativo estricto para iniciativas como el euro digital y regulación industrial, en el que los Estados miembros jugarán un papel fundamental a la hora de rendir cuentas con las instituciones comunitarias. Lejos de deseos al viento, la Comisión quería salir de la cumbre con una hoja de ruta debajo del brazo que fuera un compromiso unificado para asegurar prosperidad e independencia estratégica con un mercado único más eficiente.

European Council -

Para Bruselas es prioritario lograr un mercado más integrado, justo y fuerte que sirva de núcleo central de la economía europea frente al avance de los progresos tecnológicos y ante potencias como Estados Unidos y China. Por ello, la Comisión plantea que la política comercial exterior se enfoque en la diversificación de las asociaciones alrededor del resto del mundo, mientras se reducen las dependencias de terceros países estratégicos. Todo ello deberá ir acompañado de una política industrial que sea capaz de impulsar la capacidad productiva y de innovación europea, respetando una “transición justa” que cree empleos de calidad.

Plan Bruselas 

¿Cómo simplificar las reglas? La Comisión Europea mantiene su apuesta por los conocidos como “paquetes ómnibus”, pese a que la presidenta Ursula von der Leyen llegó a confesar durante una conferencia con responsables empresariales de los Veintisiete no sentirse satisfecha con los resultados que estaban teniendo. En estos planes destacan los dirigidos al área digital, la fiscalidad y los productos energéticos.

Ahora bien, para profundizar en la integración del mercado único la receta es otra. Con el objetivo de eliminar las “diez barreras más dañinas” se han presentado medidas en los últimos meses como el “Régimen 28”. Este modelo pretende acabar con veintisiete sistemas jurídicos para las start-ups europeas a través de una jurisdicción armonizada, que únicamente contará con procedimientos digitales y que introduce opciones de financiación flexibles.

Así como la ley del acelerador industrial, en la que la Comisión Europea introduce un giro verde profundo en la forma en la que Europa gestiona sus emisiones mientras acelera el proceso de descarbonización. El nuevo enfoque propuesto dista de ser únicamente ambiental: busca crear un “caso de negocio” donde la transición climática pueda servir como un motor de crecimiento económico, con el objetivo de tranquilizar a los sectores más reacios a la estrategia verde comunitaria.

Ribera y Sejourné (European comission) -

Un cambio significativo en la doctrina económica europea”, dicen en la rotonda Schuman sobre la nueva legislación, que impone criterios específicos en los procesos de contratación pública del continente. Tras discutir durante semanas el alcance y los sectores afectados, se consiguió el consenso necesario para que la norma prosperase, limitando su contenido únicamente a vehículos eléctricos, industrias intensivas en energía y tecnologías de cero emisiones.

También se espera que normas como la ley de contratación pública y las mejoras en la movilidad laboral y portabilidad de habilidades ayuden a cumplir las metas propuestas.

Nuevas rutas de la seda 

El ejecutivo comunitario planea avanzar en acuerdos comerciales con socios clave como México o, por ejemplo, el alcanzado con el bloque del Mercosur, que entrará en vigor provisionalmente el próximo uno de mayo, aparte de Suiza, India y Australia, así como nuevos con Tailandia, Malasia y los Emiratos Árabes Unidos durante los próximos dos años. En este capítulo se incluye la revisión de la regulación de inversiones extranjeras directas.

From left to right: António COSTA (President of the European Council), Narendra MODI (Prime Minister, India), Ursula VON DER LEYEN (President of the European Commission) -

Se fomentarán las autopistas energéticas, la revisión del mercado de carbono (ETS) prevista para junio, así como la promoción de nuevos marcos para energías renovables y eficiencia energética de cara a 2027 con la voluntad de blindar la descarbonización europea

“Trayectorias más realistas, ayudas a las empresas más allá de 2025 y un trabajo con todas las partes indicadas”, ha deslizado Von der Leyen sobre la revisión del ETS sobre la que ha propuesto reforzar su inversión con 30 millones de euros. Italia pide directamente eliminar el modelo ETS, en funcionamiento desde 2005. Alemania mantiene una posición ambigua, mientras España se prepara para defenderlo con firmeza el próximo julio. Este mecanismo, que fija límites de emisiones y permite comerciar derechos de contaminación, se ha convertido en uno de los pilares de la política climática europea.

La Comisión tenía previsto reformarlo en los próximos meses para ajustar su funcionamiento, pero la crisis ha reabierto un debate más profundo sobre el conjunto del Pacto Verde Europeo. Algunos países ven en el contexto actual una oportunidad para ralentizar o redefinir la transición energética.

La estrategia digital 

Junto con este, uno de los bloques más ambiciosos es el relativo a la transformación digital. Entre los objetivos está la ratificación del euro digital antes de que acabe el año, así como acelerar la tramitación de la Ley de Redes Digitales y la Ley de Ciberseguridad de la UE. Entran en juego aquí las segundas fases de leyes tecnológicas como el “Chips Act 2” y el “Quantum Act”, además de la creación de gigafactorías de IA a partir de finales de 2026.

Está previsto que la propuesta formal sobre estas gigafactorías se presente durante los próximos meses, de acuerdo con el calendario de la propia Comisión Europea, el actual segundo semestre de 2026. La idea es que la ejecución y el inicio de los proyectos comiencen el próximo otoño. Estas infraestructuras son un elemento clave dentro de la política industrial que busca fortalecer la capacidad de Europa para producir, innovar y competir globalmente. No funcionan de forma aislada, sino que forman parte de un ecosistema que incluye otras leyes como las de desarrollo en la nube.

Después de que este texto recibiese el visto bueno de los embajadores de los Veintisiete, y fuera examinado por la conferencia de presidentes de los distintos grupos parlamentarios de la Eurocámara, la Comisión se ha comprometido a impulsar la normativa necesaria y a que los colegisladores accedan a tramitarlas como prioridades absolutas para lograr acuerdos rápidos.

Una vez por trimestre las tres instituciones se reunirán para revisar los progresos alcanzados, identificar los obstáculos y actualizar el plan cuando sea necesario. No solo se trata de crear nuevas leyes, sino de asegurar que los Estados miembros las apliquen rigurosamente para que tengan un impacto medible en la economía.