Hungría frena el giro “iliberal” europeo y deja caer al “submarino de Rusia”, dieciséis años después

Con el 60% del voto escrutado, el líder opositor rompe más de una década de hegemonía de Orbán y abre una nueva etapa política en Hungría con impacto directo en la Unión Europea

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Magyar y Orbán. Ilustración Demócrata

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Era el escenario con el que muchos soñaban en Bruselas y los pronósticos terminamos por cumplirse. El líder opositor húngaro Péter Magyar ha logrado derribar una barrera que parecía infranqueable en Hungría: ganar las elecciones al gobierno ultraconservador del primer ministro Viktor Orbán, que con su estrategia “iliberal” se ha convertido en uno de los principales dolores de cabeza de las instituciones comunitarias. Y todo ello, en unas elecciones históricas en las que ha participado casi el 80% del censo. 

Tisza podría alcanzar 138 escaños frente a los 54 de Fidesz-KDNP, la coalición de Viktor Orbán. Mi Hazánk se mantiene en tercera posición con 7 diputados. El dato cosechado por la oposición mejora el obtenido por el propio primer ministro en los últimos comicios en términos de representación parlamentaria. 

La clave que acabará explicando el alcance de la victoria radica en la propia composición del Parlamento húngaro. Magyar necesita superar la barrera de los dos tercios, 133 diputados, para poder llevar a cabo las reformas que prometió en campaña con el objetivo de dotar de independencia a organismos judiciales y electorales. 

Hungría caminaba este domingo hacia unas elecciones que podían ser trascendentales no solo para el devenir del país, sino para el propio futuro de la Unión Europea. En Bruselas eran conscientes de ello y se miraba a las urnas con cierto escepticismo. No se quería vender la piel antes de cazar al oso, pero diplomáticos, funcionarios y políticos, en privado, decían firmar los resultados que pronosticaban las encuestas y que han terminado por confirmar los comicios. La sensación en los pasillos comunitarios era clara: podía producirse un punto de inflexión tras años de tensiones con el Ejecutivo de Budapest.

Peter Magyar, líder de la oposición en Hungría Marton Monus/dpa -

El líder opositor ha logrado imponerse en unos comicios de una relevancia sin precedentes en Budapest. Las urnas han provocado un giro político que puede poner fin al gobierno ultraconservador del primer ministro Viktor Orbán y que lanza un mensaje directo a los europeos. Desde el gobierno, el dirigente ha llevado a cabo una transformación profunda del país para favorecer sus intereses y los de sus redes de influencia en organismos judiciales, electorales y mediáticos. Una deriva que trató también de exportar a la Unión con el bloqueo a decisiones clave, como sanciones a Rusia o el préstamo de noventa mil millones a Ucrania.

Resultado en Budapest, impacto en Bruselas 

Es por eso que los ojos del bloque comunitario se posaban este domingo sobre el camino que los ciudadanos húngaros decidían emprender. Reforzar el poder de Orbán, revalidando su supermayoría en la Asamblea Nacional, o, por el contrario, respaldar el pragmatismo europeo de Magyar. La respuesta ha sido una participación histórica en una jornada que apuntaba a estar caracterizada por la fuerte polarización que ha marcado la campaña electoral. Las largas colas en los colegios electorales y el elevado seguimiento mediático reflejaban la magnitud de la cita.

La presidenta de la Comisión Europa, Ursula von der Leyen, durante una rueda de prensa en Bruselas DATI BENDO -

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, no ha tardado en celebrar el resultado asegurando que ahora "el corazón de la Unión Europea late con más fuerza". En la misma línea, dirigentes como el presidente francés Emmanuel Macron, también han querido mostrar su respaldo su futuro homólogo. "Francia saluda una victoria de la participación democrática, del apego del pueblo húngaro a los valores de la Unión Europea y por Hungría en Europa", ha expresado en redes sociales tras mantener una llamada telefónica con Magyar.         

A primera hora de la mañana, el candidato de Tisza trató de enviar una señal de optimismo a su electorado, apelando a un “cambio de sistema en el país”, ante el que decía nadie debía tener miedo. Lo cierto es que la oposición llegaba a la cita después de haber sacado músculo el viernes en unas multitudinarias manifestaciones a favor de un cambio político que se extendieron por todo el país. Estas protestas, celebradas en ciudades grandes y pequeñas, sirvieron para evidenciar un creciente desgaste del gobierno tras más de una década en el poder.

El primer ministro húngaro, Viktor Orbán Europa Press/Contacto/Daniel Alfoldi -

Magyar ha centrado su campaña en una crítica directa a lo que ha denominado un “Estado mafioso” perpetrado por Orbán, acusado por distintos organismos e instituciones internacionales, como el Parlamento Europeo, de capturar el aparato estatal y someter a una fuerte presión a la economía húngara. La narrativa del candidato opositor ha conectado especialmente con las clases medias urbanas y con una juventud cada vez más crítica con la deriva institucional del país.

La clave de estos comicios no solo estaba dentro de las fronteras húngaras. En un momento en el que el panorama internacional se reconfigura prácticamente a diario, Orbán era uno de los principales valedores de Rusia o de Estados Unidos dentro de la Unión Europea. Lo que el exjefe de la diplomacia comunitaria, Josep Borrell, llegó a definir como un “submarino de Putin dentro de la Unión Europea” en una conversación con Demócrata. Este apoyo a determinadas administraciones, como la norteamericana, ha estado patente en las jornadas previas a estas elecciones, con la visita del vicepresidente JD Vance, que acusó a Bruselas de injerencia en el proceso electoral.

El primer ministro trataba de hacer ver que lo que estaba en juego cuando los ciudadanos se dirigiesen a las urnas era el propio rumbo que su nación tomaba. “No solo se elige un gobierno, se elige el destino de Hungría”, repetía durante sus intervenciones en actos de campaña. Un mensaje que apelaba tanto al orgullo nacional como al temor a una pérdida de soberanía frente a Bruselas.

La clave de la victoria 

Un destino que Hungría ha decidido que pase a liderar un excolaborador del propio Orbán. Magyar formó parte del partido del primer ministro, Fidesz, y eso le ha servido para tratar de advertir “desde dentro” de las irregularidades que caracterizaban a la formación. En apenas dos años ha conseguido erigirse como un líder más pragmático que su rival, planteando reducir la influencia del entorno del dirigente en el poder judicial y los medios de comunicación. Su perfil, menos ideológico y más técnico, ha sido clave para atraer a votantes desencantados.

No era tarea sencilla. Ya en 2022 la oposición trató de concentrarse bajo la candidatura de Péter Márki-Zay, que presentó una coalición de varios partidos contra el Ejecutivo. Pese a ser ideológicamente moderado, el estar apoyado tanto por partidos de izquierda como de derecha otorgó a Orbán una mayoría amplísima en el Parlamento. Magyar es un tanto distinto, puesto que representa una figura conservadora a la vez que contenida en los discursos sociales que tienen que ver con cuestiones como los derechos LGTBI o la inmigración, pero con una apertura clara a reabrir la diplomacia con Bruselas.

El legado de Orbán

Desde que llegó al poder en 2010, Viktor Orbán ha impulsado una profunda reconfiguración del sistema político húngaro con el objetivo de consolidar tanto su liderazgo como el de su partido. Entre las medidas se incluyó la reducción del número de diputados en el Parlamento, que pasó de 386 a 199, junto con una redefinición de las circunscripciones electorales. Estos cambios no solo alteraron la representación parlamentaria, sino que también redefinieron el equilibrio territorial del voto.

Este rediseño buscaba reforzar el peso electoral de las zonas rurales, donde Fidesz tiene un respaldo más firme, frente a las áreas urbanas, más pobladas y con mayor apoyo a la oposición. Como resultado, el sistema facilita que el partido en el poder obtenga más escaños incluso sin ser el más votado proporcionalmente a nivel nacional. Se trata de una arquitectura electoral que numerosos analistas consideran ventajista.

A estas modificaciones se suman otros cambios que consolidan esta ventaja estructural. El sistema electoral, de carácter mixto, combina distritos uninominales con representación proporcional, pero incluye mecanismos que benefician claramente a quien gana. Uno de los más relevantes es la redistribución de los llamados “votos sobrantes”, que en la práctica acaban favoreciendo al partido dominante. De este modo, la oposición no solo necesita imponerse en las urnas, sino hacerlo con una diferencia amplia —superior a cinco puntos— para lograr una mayoría parlamentaria efectiva. Este umbral implícito ha sido durante años una barrera difícil de superar.

Orbán ha afianzado en la última década su control institucional, situando a personas de su confianza en instituciones clave como el Tribunal Constitucional, la Fiscalía, el Banco Central o los organismos electorales. Muchos de estos cargos cuentan con mandatos prolongados, que pueden extenderse hasta una década o más. Esto significa que, incluso en caso de perder unas elecciones, Fidesz conservaría una notable capacidad de influencia en la toma de decisiones, limitando el margen de acción de un eventual gobierno alternativo.

Un triunfo complejo 

Sin embargo, el sistema está diseñado de tal modo que el resultado cosechado por la oposición este domingo no facilitará, de primeras, grandes reformas de calado. Para estos cambios se requiere de una mayoría absoluta de dos tercios, que se sitúa en los 130 escaños. Este requisito convierte cualquier intento de transformación profunda en un proceso complejo y potencialmente lento, incluso con un cambio de gobierno.

“Estamos viviendo las horas finales del poder de Orbán: despidámoslos con calma y dignidad, y mañana empecemos la reunificación de la nación”, llegó a afirmar en redes sociales Magyar horas antes de conocerse el recuento. Un mensaje que resume el espíritu de una jornada que podría marcar un antes y un después tanto para Hungría como para el conjunto de la Unión Europea.