Después de que el presidente estadounidense, Donald Trump, levantase la amenaza comercial contra los países europeos que habían respaldado militarmente la soberanía de Groenlandia, la Comisión de Comercio Internacional del Parlamento tenía una nueva misión: dar luz verde a la nueva tramitación del texto legal, que se había pospuesto el pasado miércoles. Sin embargo, en una reunión a puerta cerrada los eurodiputados no habrían llegado a un acuerdo, posponiendo este paso hasta el próximo miércoles 4 de febrero.
Según ha podido saber Demócrata, en el encuentro a puerta cerrada no se han logrado pactar los detalles que descongelarían el texto firmado en julio que prevía la reducción de las barreras comerciales y arancelarias, a cambio de una rebaja de las barreras a las exportaciones europeas. La Casa Blanca había fijado un límite máximo del 15% a los aranceles sobre productos europeos.
Pero las amenazas de Donald Trump de imponer hasta un 25% de aranceles a países que apoyaran a Groenlandia habían paralizado el proceso de ratificación. La votación en el Comité de Comercio, inicialmente prevista para la semana pasada, se pospuso en un principio de forma indefinida. Sin embargo, la presidenta de la Eurocámara adelantó que tras la "tregua" comercial este procedimiento se reactivaría. Con ese objetivo estaban convocados los coordinadores de las familias políticas de este ámbito este mismo lunes.
No decision taken on resumption of EU-US ordinary legislative procedures today. Up to EP negotiating team to do so before @EP_trade committee of 23-24 February. EP negotiating team will meet again next Wednesday, 4 February, to reassess the situation
— Bernd Lange (@berndlange) January 26, 2026
“Estamos ante una congelación técnica del acuerdo, no una ruptura definitiva”, aclaran fuentes parlamentarias. Sin embargo, admiten que el clima político actual haría imposible cualquier avance a corto plazo. "Hoy no se ha tomado ninguna decisión sobre la reanudación de los procedimientos legislativos ordinarios entre la UE y EE. UU. El equipo negociador del Parlamento deberá hacerlo antes de la comisión de los días 23 y 24 de febrero", ha aclarado el presidente del Comité, Bernd Lange.
¿Qué pasa ahora?
Los acuerdos comerciales de la Unión con terceros países están sujetos al procedimiento de consentimiento del Parlamento. La Comisión de Comercio Internacional debe elaborar una recomendación al Pleno a favor o en contra de su ratificación. Los eurodiputados tienen la próxima semana una nueva oportunidad sobre el calendario para desbloquear el asunto legislativo y poder reactivar el procedimiento normal.
Cierto es que el Reglamento Interno del Parlamento establece que la comisión "tratará la solicitud de consentimiento sin demora indebida", pero no llega a fijar un plazo ni una sanción si la comisión no adopta ninguna recomendación.
En el caso de que no se llegue a un acuerdo, la Conferencia de Presidentes no envía el acuerdo al Pleno, de modo que la Cámara no se pronunciaría y el consentimiento queda pendiente sine die. Más, sin el aval del Parlamento, el Consejo no puede adoptar la decisión de "conclusión" del acuerdo.
Weber y García: unidad frente a la presión
El presidente del PPE, Manfred Weber, defendió en su momento la suspensión del acuerdo como respuesta política. “No se puede avanzar hacia un comercio libre y justo mientras se usan los aranceles como herramienta de presión contra socios estratégicos”, afirmó. Weber propuso suspender la aplicación de los aranceles cero a productos estadounidenses previstos en el acuerdo hasta que se despeje la crisis.
Iratxe García, líder de los Socialistas y Demócratas (S&D), elevó la presión: calificó de “inaceptables” las amenazas de Trump y pidió activar el Instrumento Anti-Coerción, la herramienta de la UE para responder a presiones económicas externas, reforzando así la autonomía estratégica europea.
Comercio y geopolítica: un equilibrio delicado
La suspensión del acuerdo reflejaba un giro en la política comercial europea: la UE quiere proteger su cohesión interna y no ceder ante la intimidación externa. Weber apeló a la unidad europea como clave para defender intereses económicos y estratégicos en un contexto de creciente rivalidad global. “El comercio no puede desvincularse del respeto mutuo y de las normas internacionales”, subrayan fuentes de la Eurocámara. La ratificación del acuerdo UE–EE.UU. ya no es solo un asunto económico: es un test de la capacidad de Europa para actuar como actor geopolítico coherente.
En un giro de guion, antes de la cumbre de los Veintisiete en Bruselas, el inquilino de La Casa Blanca anunció la congelación de sus amenazas. Tras su reunión con el secretario general de la OTAN, Mark Ruttem, Trump anunció: “No implementaré los aranceles que estaban programados para el 1 de febrero”, basándose en el entendimiento alcanzado durante el encuentro.
Este anuncio representaba un cambio frente a las recientes advertencias de aranceles contra varios países europeos, que Washington había utilizado como herramienta de presión en medio de la tensión diplomática por la importancia estratégica de Groenlandia en el Ártico. Las negociaciones contemplaban que Dinamarca cediera a Estados Unidos la soberanía sobre ciertas áreas limitadas de Groenlandia, donde Washington podría establecer bases militares.
No se trataría de una transferencia general del territorio, sino de zonas concretas con fines estrictamente militares, en el marco de un acuerdo de seguridad más amplio. La intención es reforzar la presencia estratégica de Estados Unidos en el Ártico, una región que ha ganado relevancia geopolítica, como parte de un acuerdo bilateral sobre el papel de Groenlandia en la defensa occidental.
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Fuentes aliadas aclaran que esto no constituye un acuerdo definitivo ni un cambio formal en la soberanía de Groenlandia, sino un marco político general para continuar negociando la cooperación en seguridad, defensa y presencia estratégica en la región. Por su parte, el dirigente americano recalcó que el entendimiento no altera la soberanía danesa, aunque reiteró que Estados Unidos considera a Groenlandia “clave” para sus intereses de seguridad nacional.
El presidente estadounidense describió el acuerdo como de largo plazo y sin fecha de vencimiento, destacando su carácter duradero: “Es un acuerdo a largo plazo. El acuerdo definitivo a largo plazo”, afirmó al referirse al alcance del entendimiento.