El rearme europeo abre un negocio estratégico para la industria española

Con un aumento sin precedentes de los recursos comunitarios y nuevas líneas de crédito del Banco Europeo de Inversiones, Bruselas convierte la defensa en un vector económico e industrial, ofreciendo a las empresas españolas una ventana de oportunidad para crecer, internacionalizarse y consolidarse en proyectos estratégicos europeos

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En los pasillos de las instituciones comunitarias todavía resuenan las palabras del secretario general de la OTAN, Mark Rutte, pronunciadas esta semana en el Parlamento Europeo. “Si alguien piensa que Europa puede defenderse sin Estados Unidos, que siga soñando”, afirmó ante un grupo de eurodiputados. Una declaración que no sentó bien en los despachos de Bruselas, donde en los últimos meses se insiste en la necesidad de rearmar una defensa europea propia.

Bruselas marca distancias

La encargada de responder al exdirigente de Países Bajos fue la Alta Representante para la Política Exterior de la UE, Kaja Kallas, quien renegó de la visión de quienes siguen considerando que Europa “es el centro de gravedad de Washington”. En un amago de crítica directa, sentenció que nunca antes una gran potencia había externalizado su supervivencia y logrado sobrevivir a ello.

Europa parece haber asumido, por fin, lo que los expertos en defensa comunitaria venían advirtiendo tras los últimos acontecimientos geopolíticos. No basta con aumentar el gasto en defensa; es imprescindible garantizar que ese esfuerzo se realice de manera coordinada y pensada “conjuntamente como europeos”.

Desde el Ejecutivo comunitario insisten en que existe una falta clara de complementariedad de capacidades. “Estamos demasiado centrados en los intereses nacionales como para abordar la fragmentación de manera seria”, apuntaló la jefa de la diplomacia europea, convencida de que “la fragmentación nos hace lentos y nos hace débiles”.

Capacidades estratégicas y gasto inteligente

El problema de fondo es que el continente carece de una serie de capacidades estratégicas de alto coste, cuyo desarrollo resulta inasumible para un solo Estado miembro. No se trata únicamente de invertir más, sino de afrontar la complejidad tecnológica e industrial que requieren estos sistemas. En la Comisión Europea consideran imprescindible fijarse “no solo en cuánto se gasta”, sino también en si se invierte “de forma inteligente y con el máximo impacto”.

Es en este punto donde España ha permanecido en los últimos tiempos “dormida”, según fuentes comunitarias. La concepción del sector de la defensa nacional ha mostrado escasa reacción ante las llamadas europeas a aprovechar las grandes oportunidades para crear gigantes industriales.

El planteamiento del equipo de Ursula von der Leyen sostiene que, para utilizar instrumentos comunitarios como el presupuesto europeo o el poder regulador de la UE, primero hay que definir con claridad las necesidades y los objetivos. ¿Cómo lograrlo? Para esta tarea, Kallas apela directamente a la Alianza Atlántica: “Cuanta más información facilite la OTAN, mejor podremos alinearnos”.

El despliegue español en el flanco este

Entre las últimas operaciones coordinadas de España destaca la impulsada junto a Estados Unidos, Canadá, Italia, Reino Unido, Bélgica, Alemania y Países Bajos en Letonia y Lituania. Según el Estado Mayor de la Defensa, se trata de maniobras relacionadas con la integración de fuegos aéreos.

En esta zona, España aporta como unidad principal un subgrupo táctico (SGT) integrado en la Brigada Multinacional de la Alianza, liderada por Canadá. Entre sus medios más relevantes figuran los carros de combate Leopardo 2E, los vehículos de combate de infantería Pizarro, una unidad de Artillería de Campaña, una de Ingenieros y diversos elementos de apoyo logístico. Además, el despliegue español trabaja directamente en el refuerzo del espacio aéreo letón.

En el Ministerio de Asuntos Exteriores no sorprendieron las palabras de Rutte. Sin embargo, el ministro José Manuel Albares aprovechó una visita a Bruselas para reafirmar que no existe incoherencia alguna entre desarrollar una soberanía europea en defensa y, al mismo tiempo, reforzar la seguridad de la OTAN.

Una oportunidad para la industria española

Este debate sobre la construcción de una nueva defensa europea abre un abanico de oportunidades para las pequeñas y medianas empresas españolas, que pueden acogerse a instrumentos específicos de la Unión y a líneas de financiación más amplias para tecnologías duales y seguridad, tanto de la Comisión Europea como del Banco Europeo de Inversiones (BEI).

El principal programa de subvenciones para I+D e I+DT en defensa, con convocatorias anuales para proyectos colaborativos multinacionales, es el Fondo Europeo de Defensa (EDF). Este reserva partidas específicas para pymes y para el desarrollo de tecnologías disruptivas.

A ello se suma el Programa para la Industria de la Defensa Europea, presentado a finales del pasado año, que permite financiar acciones de refuerzo industrial como aumentos de capacidad productiva, modernización de plantas o integración en cadenas de suministro. Las intensidades de ayuda pueden alcanzar el 50% cuando la mayoría de los beneficiarios son pymes o empresas de mediana capitalización.

Los programas temporales y los esquemas de compras conjuntas están orientados a acelerar la producción de munición y equipos críticos mediante adquisiciones comunes. En ellos, las empresas medianas suelen participar como proveedoras dentro de consorcios liderados por grandes integradoras.

El peso de España en los programas europeos

El ecosistema español es diverso y abarca desde grandes contratistas hasta centros de investigación. Las empresas tractoras constituyen la columna vertebral del sector y lideran la participación en los programas europeos. Indra participa en tres programas, Navantia en dos y Sener en otros dos, al igual que Airbus y Santa Bárbara.

Junto a ellas, existen productores tecnológicos especializados como Escribano, Instalaza, AERnnova o GMV Aerospace and Defence, que aportan capacidades específicas en ámbitos como la aviónica, los sistemas submarinos o los misiles. España mantiene una sólida red de unas 45 pymes y centros tecnológicos de doble uso, que participan en actividades de innovación gracias al impulso del Fondo Europeo de Defensa a las sinergias civil-militar.

Según un estudio del Real Instituto Elcano, la industria de defensa española se ha consolidado como un actor clave en el marco europeo, especialmente a través de su participación en el EDF. El informe destaca que España ha liderado 19 de los 101 proyectos financiados hasta 2022, incluyendo iniciativas estratégicas como la arquitectura digital de buques impulsada por Navantia o el interceptor hipersónico desarrollado por Sener.

Solo por detrás de Francia e Italia, y por delante de Alemania, España es el tercer país con mayor número de entidades involucradas en proyectos europeos. Mientras la contribución anual estimada ronda los 200 millones de euros, las empresas españolas participan en proyectos valorados en 1.900 millones de euros.

La inversión se concentra principalmente en el combate naval, el combate aéreo, la transformación digital, el espacio y la innovación abierta.

Nueva fase de financiación europea

La financiación europea para la defensa y las tecnologías de doble uso ha entrado en una nueva etapa. El BEI ha abierto líneas específicas dirigidas a pymes y empresas tecnológicas con soluciones aplicables tanto al ámbito civil como al militar, eliminando muchas de las restricciones previas. Iniciativas como la Strategic European Security Initiative (SESI) o programas como TechEU permiten acceder a recursos financieros antes fuera de alcance.

Estas líneas hacen posible cubrir inversiones en I+D, escalado industrial, activos productivos y capital circulante ligados a tecnologías críticas como la inteligencia artificial, la ciberseguridad, los sensores avanzados, el espacio o las comunicaciones seguras. Todo ello bajo el cumplimiento de los criterios ESG del BEI y manteniendo las exclusiones relativas al material letal, reforzando así el enfoque de doble uso e innovación responsable.

ADELANTO DEMÓCRATA

En una conversación con Demócrata, su presidenta, Nadia Calviño, afirma que la institución es la única que puede, a través del sistema bancario, apoyar a las pymes de la cadena de valor de la seguridad y la defensa.

European Comission -

“Somos el único que puede asumir riesgos en proyectos innovadores de alto riesgo tecnológico o en programas de investigación, gracias a nuestra calificación triple A y a nuestra fortaleza de capital”, afirma en la entrevista que será publicada la próxima semana al completo. 

En el caso español, el Ministerio de Defensa desempeña un papel clave como intermediario con Europa. A través de la DGAM y la Subdirección General de Planificación, Tecnología e Innovación, actúa como punto de contacto nacional del Fondo Europeo de Defensa, canalizando información sobre convocatorias, prioridades estratégicas y mecanismos de apoyo.

Además, el acceso a los fondos europeos no se limita al EDF. La Comisión ha propuesto incrementar este instrumento en 1.500 millones de euros, hasta alcanzar los 9.500 millones en el periodo 2021-2027, y ha puesto en marcha nuevos mecanismos como ASAP, destinado a apoyar la producción de munición, o EDIPRA, orientado a la contratación pública común. A ello se suma la plataforma STEP, que prevé una inversión de 10.000 millones de euros en tecnologías estratégicas.

Este esfuerzo se complementa con la Estrategia Industrial de Defensa 2023 de España, cuyo objetivo es reforzar el talento y las capacidades de la Base Tecnológica e Industrial de Defensa para evitar un “punto de saturación” por falta de recursos humanos o técnicos. En este contexto, varias comunidades autónomas ya utilizan la compra pública de innovación y la contratación de tecnologías de doble uso para integrar startups y pymes en proyectos ligados al aumento del gasto en defensa.

España emplea los fondos europeos no solo como una fuente de financiación, sino como una palanca estratégica para posicionar a su industria en las cadenas de suministro globales y participar en el desarrollo de capacidades militares avanzadas para la defensa de Europa.