Una máxima limitante que se aplica a la política comunitaria, y que día a día despliega la Comisión Europea. Cuando existen diferencias entre departamentos, se traduce en retrasos en la tramitación de expedientes legislativos o en la cancelación de ruedas de prensa de comisarios. Sin embargo, en las últimas 24 horas, las discrepancias entre dos de los puestos más relevantes de la Unión han trascendido del ámbito privado.
La vicepresidenta ejecutiva y responsable de Transición Ecológica, Teresa Ribera, está dispuesta a marcar perfil propio en un Colegio de Comisarios que no se caracteriza por los choques públicos. En concreto, la española se alejó de la postura que la presidenta Ursula von der Leyen había seguido ante una reunión de embajadores europeos, en la que pidió a Europa dejar de ser la guardiana de un orden internacional basado en reglas.
Equilibrios de poder
Para Ribera, entrar en un debate en el que parece cuestionarse el derecho internacional o la necesidad de trabajar al margen de él “es muy peligroso”. En cambio, abogó por una Europa que cierre filas con el secretario general de Naciones Unidas ante la escalada de tensión en Oriente Medio, tras el inicio de la invasión militar por parte de Estados Unidos e Israel contra Irán. “El respeto al Derecho internacional es una premisa básica, no solamente desde el punto de vista moral o de construcción de la paz, sino también desde el punto de vista de la seguridad”, añadió.
Horas más tarde de haber abierto fuego contra su superior, la vicepresidenta reculó asegurando que era “justo” decir que la alemana “pudo no haberse expresado de la manera más adecuada, pero está plenamente comprometida con el orden internacional”. En una rueda de prensa tras la reunión del Colegio de Comisarios en Estrasburgo, apuntó que la intención era fijar la atención en otros aspectos de la acción externa y de las políticas de la Unión Europea.
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Choque energético
Tras el primer frente, Ribera volvió al ataque el mismo día. En concreto, replicó a Von der Leyen por intervenir en la política energética de los veintisiete estados miembros. Durante una cumbre del sector nuclear en París, la líder del ejecutivo había apelado a las capitales a apostar por el liderazgo de este tipo de tecnologías. No solo eso: había calificado como un “error estratégico” haber dado la espalda a las nucleares, anunciando 200.000 millones de euros en nuevas inversiones para microreactores.
Durante la misma comparecencia desde el Parlamento Europeo, recordó a sus superiores que deben ser los estados los que, de acuerdo con sus circunstancias, preferencias culturales e industriales, fijen su propio “mix eléctrico”, evitando que ningún actor “les imponga que actúen de forma distinta”.
“Mientras formé parte del Gobierno de España, no podía decirle al Gobierno francés qué hacer o qué no hacer”, expresó la vicepresidenta, afirmando que actualmente “ocurre lo mismo como miembro de la Comisión Europea”. Las declaraciones se producen el mismo día en que Bruselas aprueba su nueva estrategia diseñada para impulsar reactores modulares pequeños, que, a juicio de Von der Leyen, podrían consolidarse como un nuevo sector industrial europeo de alta tecnología y alto valor añadido.
Ribera se mantiene en la idea de que existe una cantidad relevante de Estados miembros interesados en avanzar hacia estándares comunes para este tipo de reactores. “No creo que haya nada que pueda cuestionarse sobre el papel de la Comisión al proporcionar este marco común para quienes quieran avanzar en este ámbito”, recalcó, pese a advertir que el Ejecutivo no puede intervenir en la política energética nacional.
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Este juego de fuego cruzado no es nuevo en la rotonda Schuman. Ya en septiembre, ambas dirigentes mostraron sus diferencias a la hora de calificar como “genocidio” o no la guerra de Gaza. Ante un grupo de periodistas en los pasillos de la Eurocámara, Ribera expresó que Von der Leyen era consciente de que “el asunto de Gaza no es un asunto que solo me preocupa y me incomoda”, sino que entendía “que puedo opinar personalmente al respecto”. Lo cierto es que Ribera fue la primera de sus colegas en la Comisión Europea en desmarcarse al emplear el término para hablar de la situación en Oriente Medio.
Eso sucedió un jueves. Un día después estaba previsto que la Comisión anunciase una multa millonaria a Google. Debido a sus competencias como responsable de la Competencia Comunitaria, Ribera era la encargada de anunciar la sanción. Según pudo saber Demócrata en su momento, la predisposición de la vicepresidenta era presentar ante los medios la medida. Esto no acabó sucediendo y hubo quien en Bruselas lo interpretó como un intento por parte de la presidencia de que se le preguntase por Gaza. “Nunca jamás me he encontrado con ningún tipo de veto”, aclaró Ribera, explicando que la multa “hablaba por sí sola”.
La voz de los socialistas europeos
Ribera es la socialista más influyente en el organigrama de la Comisión Europea y se ha desmarcado también en otros debates, como la flexibilización del recorte de emisiones de CO2 a los fabricantes automovilísticos. En el asunto de la guerra de Irán, ha estado respaldada por el otro socialista de mayor rango en la política europea, el presidente del Consejo Europeo, António Costa.
Ante la conferencia anual de embajadores de la Unión Europea, donde Von der Leyen habló del fin del viejo orden mundial, el portugués enfatizó la necesidad de garantizar que el mundo siga basado en reglas, en un momento en el que Washington estaría desafiando el orden internacional. “Este mundo multipolar requiere soluciones multilaterales, no esferas de influencia donde la política de poder reemplace al derecho internacional”, exclamó.
Con todo, el ex primer ministro sí reconoció lo complejo de coordinar y generar consenso en una Unión Europea en la que conviven hasta veintisiete políticas exteriores diferentes. Eso sí, celebró que “esa diversidad es la riqueza de nuestra Unión”.
En un claro guiño a la jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas, que ha visto relegado su papel en esta crisis por parte de Von der Leyen, recalcó que es vital que el continente “hable con una sola voz para defender sus valores e intereses”. “En tiempos como estos, los valores y la confianza son los fundamentos de nuestra influencia. Eso es lo que nos hace poderosos”, concluyó.