Ser más autónomos ante un contexto geopolítico cada vez más competitivo, o al menos intentarlo. Eso es lo que buscarán los líderes de los Veintisiete durante su retiro este jueves en el Castillo de Alden Biesen. A lo largo de los debates, en los que también participarán otras voces del panorama europeo, la Moncloa se alineará con aquellos gobiernos que piden pasar a la acción “a diferentes velocidades”.
España está entre los países que ya abogan en Bruselas por una Europa a dos velocidades. El presidente Pedro Sánchez la defenderá durante la jornada como una de las claves del proyecto comunitario, de la mano de una mayor integración. Desde su gabinete recuerdan que vienen apostando por avanzar en esa integración europea en el ámbito de la seguridad y la defensa, “aunque no sea con el acuerdo unánime de todos los Estados miembros”. “A diferentes velocidades”, explican.
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, abrirá la puerta a decisiones por mayoría entre los Veintisiete, impulsando inversiones multimillonarias en inteligencia artificial, gigafactorías y soberanía tecnológica, con el objetivo de que la UE reduzca su dependencia de Estados Unidos y China y recupere el liderazgo global en innovación digital.
Madrid -París
En el gabinete del presidente defienden la idea de la preferencia europea, así como la creación de mercados tractores que impulsen la capacidad industrial del continente, una propuesta planteada por el vicepresidente comunitario Stéphane Séjourné. La iniciativa “Made in Europe”, que previsiblemente aprobará el Colegio de Comisarios la próxima semana, plantea priorizar la adquisición de materiales del continente en los contratos públicos.
“Apoyamos el establecimiento de condiciones de inversión extranjera productiva en sectores clave para garantizar empleo de calidad, integración en cadenas de valor locales y transferencia de tecnología”, apuntan fuentes gubernamentales.
En los últimos días, la voz del presidente francés, Emmanuel Macron, ha sonado con más fuerza en los despachos de la rotonda Schuman, donde se encuentran las instituciones europeas. Desde París planteó la posibilidad de emitir deuda conjunta para sectores estratégicos. Algo que el líder socialista apoyará ante sus homólogos europeos, según confirman en su equipo.
Durante diversos foros y discusiones, Sánchez ya ha defendido la emisión de eurobonos como una estrategia para impulsar la inversión pública hacia objetivos clave para la Unión. Creen en Madrid que esta medida potencia, además, un gran activo europeo como es su propia moneda.
Más allá de estas propuestas, en el Ejecutivo español están convencidos de tener la receta para garantizar el futuro del continente. El máximo responsable del Gobierno apostará en sus intervenciones por reforzar las políticas sociales en formación, reciclaje de capital humano, así como seguir trabajando para atraer talento extranjero en un contexto de reducción y envejecimiento de la población. “El reciente acuerdo de la UE con India para facilitar la llegada de profesionales e investigadores es un ejemplo de cómo avanzar en ello”, subrayan desde Moncloa.
Un impulso político a la competitividad europea
La reunión ha sido organizada por el presidente del Consejo Europeo, António Costa, tras las demandas de varios jefes de Gobierno, entre ellos el primer ministro belga Bart De Wever. Costa busca que la competitividad deje de ser un concepto abstracto y se traduzca en una agenda operativa con compromisos concretos.
“Necesitamos redoblar nuestros esfuerzos para reducir las barreras nacionales y lograr que el marco regulatorio sea más propicio para la inversión”, sostiene el portugués. Su diagnóstico es claro: el mercado único sigue fragmentado en demasiados sectores estratégicos, lo que impide que las empresas europeas alcancen la escala necesaria para competir globalmente.
La fragmentación no es solo económica. También alimenta la percepción de que Europa es lenta e incapaz de actuar con rapidez frente a competidores que movilizan recursos de manera más centralizada. En este debate, España se alineará con aquellos gobiernos que defienden avanzar “a diferentes velocidades”. El presidente Pedro Sánchez respaldará durante la jornada la idea de una Europa a dos velocidades como una herramienta para desbloquear decisiones estratégicas.
Von der Leyen: el giro hacia decisiones por mayoría
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, jugará un papel central en la reunión. La alemana abrirá la puerta a un cambio significativo: permitir que determinadas decisiones estratégicas puedan tomarse por mayoría cualificada entre los Veintisiete. El objetivo es impulsar inversiones multimillonarias en inteligencia artificial, gigafactorías, digitalización y soberanía tecnológica, con la ambición de que la UE reduzca su dependencia de Estados Unidos y China.
En una carta dirigida a los jefes de Gobierno, Von der Leyen reconoce que “lo digital y la Inteligencia Artificial transformarán profundamente todos los aspectos de nuestras economías”. Bruselas articula su estrategia en varios ejes: innovación, capacidad industrial y liderazgo global en tecnologías críticas.
Draghi y el riesgo de una Europa subordinada
Uno de los invitados destacados del retiro será el ex primer ministro italiano Mario Draghi, cuya intervención se espera como una de las más influyentes de la jornada.
Hace apenas unos días, desde la Universidad de Lovaina, Draghi llamó a Europa a convertirse en una “auténtica federación”, alertando del riesgo de quedar “subordinada, dividida y desindustrializada”. Su mensaje ha resonado en Bruselas como una advertencia directa: sin integración económica real, Europa corre el riesgo de quedar atrapada entre dos gigantes —Estados Unidos y China— sin capacidad propia para marcar las reglas del juego.
Una batalla económica e institucional
Las capitales quieren, además, mayor control sobre el ritmo de acción de la Comisión. Países como Francia o Alemania presionan para que en marzo se fijen plazos concretos y se evite que Bruselas despliegue legislación considerada excesivamente regulatoria. Incluso se debate una posible “cláusula freno” que permitiría a un Estado detener normas comunitarias si detecta que actúan como barreras desproporcionadas.
La batalla por la competitividad europea se librará, por tanto, no solo en el terreno económico, sino también en el equilibrio institucional entre Bruselas y los gobiernos nacionales.
Europa ante una decisión histórica
La reunión de Alden Biesen refleja la urgencia del momento. Europa se enfrenta a un dilema estratégico: profundizar en su integración económica e industrial o arriesgarse a quedar rezagada en la nueva competencia global.El debate sobre la autonomía, la soberanía tecnológica y la preferencia europea no es un ejercicio teórico, sino una respuesta a un mundo donde las dependencias se han convertido en vulnerabilidades.
La cuestión ahora es si los Veintisiete serán capaces de traducir este impulso político en decisiones concretas antes de la cumbre de marzo. Porque, como repite Von der Leyen, “el tiempo apremia”.