Soltar el freno de mano del crecimiento de Europa

Valdis Dombrovskis, comisario de Economía y Productividad y de Aplicación y Simplificación, explica en Demócrata que la economía europea necesita menos burocracia y más crecimiento

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Ilustración Demócrata

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La economía europea necesita menos burocracia y más crecimiento. La Comisión Europea trabaja desde el año pasado en un programa de simplificación sin precedentes, tanto en escala como en aspiraciones, cuyo objetivo final es hacer que nuestras normas funcionen a favor de nuestros ciudadanos, nuestras empresas y nuestro crecimiento.

Estamos avanzando con rapidez y determinación. Ya se han presentado diez propuestas de gran calado, que deberían suponer un ahorro de al menos 15 000 millones de euros para las empresas de la UE cada año. En el último año se ha hecho más para simplificar las normas de la UE que en los diez años anteriores juntos.

Sin embargo, esto no es más que el principio. Estamos decididos no solo a mantener el impulso, sino a acelerarlo. Hemos elevado el programa de simplificación a un nuevo nivel: a más tardar a finales de 2029, revisaremos todo el corpus legislativo de la UE para identificar y eliminar los requisitos obsoletos, redundantes e innecesarios. Se examinará cada sector y se analizará hasta el último detalle. Esta es la «limpieza a fondo» que ha pedido la presidenta Von der Leyen.

En el último año se ha hecho más para simplificar las normas de la UE que en los diez años anteriores juntos

La Comisión Europea no puede llevar a cabo la simplificación por sí sola. Las instituciones nacionales y de la UE deben conseguir que los resultados estén a la altura de las aspiraciones, desde la elaboración de leyes en Bruselas hasta la aplicación sobre el terreno. Todos debemos empujar en la misma dirección para que nuestro sistema regulador sea más claro, sencillo e inteligente.

La simplificación, en el centro

Por nuestra parte, hemos situado la simplificación en el centro de la labor de la Comisión Europea, sin excluir ningún ámbito de actuación. Al igual que el año pasado, la mayoría de nuestras nuevas propuestas en 2026 tendrán una marcada dimensión de simplificación. Además, el número de actos delegados y de ejecución inicialmente previsto para 2026 se reducirá en un 30 %. Sin embargo, la gran mayoría de lo que la Comisión adopta cada año son actos de ejecución técnicos, que no crean nuevas normas, sino que explican cómo aplicar las existentes. El debate no tiene que ver con el número de leyes, sino con lo fácil o lo difícil que es invertir en Europa.

Está claro que hay que actuar urgentemente. En la actualidad, el exceso de obligaciones reglamentarias y su solapamiento aumentan los costes, desincentivan las inversiones y restan recursos a la innovación. Esto es especialmente grave para las empresas más pequeñas, cuyos recursos son de por sí más limitados. El efecto acumulativo supone un lastre para nuestra productividad y nuestro crecimiento en general.

El exceso de obligaciones reglamentarias y su solapamiento aumentan los costes, desincentivan las inversiones y restan recursos a la innovación

La simplificación, por el contrario, crea las condiciones necesarias para el dinamismo. No se trata de una afirmación de carácter ideológico, sino práctico. Un informe reciente de la OCDE pone de relieve el problema esencial: el 3,9 % de los empleados de la UE desempeña funciones relacionadas con el cumplimiento, mientras que solo el 1,7 % desempeña funciones relacionadas con la investigación. Europa necesita mucho más personal trabajando en laboratorios y mucho menos cumplimentando formularios.

Los cambios deben tener repercusiones reales y no ser meramente cosméticos. Deben marcar una diferencia tangible en las operaciones cotidianas de nuestras empresas y en la vida de nuestra ciudadanía. Esta es la razón por la que estamos colaborando sistemáticamente con los profesionales mediante «diálogos sobre la aplicación» y «comprobaciones de las situaciones reales» para determinar qué aspectos funcionan y cuáles deben mejorarse. Solo en 2025, la Comisión celebró más de 50 diálogos sobre la aplicación, en los que colaboró directamente con más de 1 000 partes interesadas de una amplia gama de sectores, entre las que se encontraban empresas, asociaciones, administraciones nacionales y ONG.

Cuando las empresas noten los beneficios de esta labor, la economía europea también lo hará. Hasta los pequeños cambios pueden tener grandes repercusiones, ya que, cuando afectan a cientos de miles de pequeñas empresas de toda Europa, el ahorro total de tiempo y costes se dispara rápidamente. Si se aplican sistemáticamente, la suma de estos beneficios puede mejorar la posición competitiva general de Europa. Asimismo, repercutirá sobre el mercado laboral, ya que creará más puestos de trabajo para nuestra ciudadanía.

Nuestra importante iniciativa de simplificación por lo que respecta a la diligencia debida de las empresas en materia de sostenibilidad y presentación de información se convertirá pronto en un acto legislativo. Eximirá a más del 80 % de las empresas de requisitos de información complejos o excesivos, de manera que protegerá a las empresas más pequeñas y reorientará las obligaciones de diligencia debida hacia donde realmente puedan marcar la diferencia. Es un claro ejemplo de cómo las normas inteligentes pueden contribuir a alcanzar nuestros objetivos y reducir de forma considerable las cargas para las empresas.

Durante demasiado tiempo, las tasas de crecimiento de Europa han sido más bajas de lo que hubieran podido y debido ser. Mientras que otros crecen a un ritmo más rápido, el peso económico de Europa está disminuyendo. En un mundo en el que el tamaño importa, esto nos hace más vulnerables y menos capaces de defender nuestros valores e intereses y, en resumen, afecta a la soberanía de Europa.

Hemos intentado impulsar la economía europea con el freno de mano echado. El resultado era predecible: Europa no ha podido aprovechar todo su potencial de crecimiento. La simplificación es nuestra oportunidad de corregir el rumbo, soltar el freno de mano y liberar todo el potencial productivo de Europa.