Una obsesión que incomoda al Partido Republicano
La insistencia de Donald Trump en incorporar Groenlandia a Estados Unidos -por presión económica, amenazas arancelarias o incluso mediante una mayor presencia militar- ha pasado de ser vista como una excentricidad geopolítica a convertirse en un problema político interno.
Según informa Politico, varios senadores republicanos han comenzado a activar canales diplomáticos paralelos con Dinamarca y otros aliados europeos para rebajar tensiones y marcar distancia con la Casa Blanca. El objetivo no es solo preservar la relación transatlántica, sino evitar que Trump cruce una línea que obligue al Congreso a intervenir formalmente.
Advertencias explícitas desde el Senado
Una de las figuras más claras ha sido la senadora Lisa Murkowski (Alaska), referente republicano en política ártica, que ha calificado la idea de una anexión forzada como “irrealista” y potencialmente dañina para la seguridad de EE.UU. y la OTAN.
Otros senadores, como Thom Tillis, han ido más allá al advertir que cualquier paso hacia una acción militar o coercitiva requeriría autorización expresa del Congreso, abriendo un frente institucional directo con el presidente.
¿Impeachment? No oficial, pero ya en la conversación
No existe por ahora ningún procedimiento formal de impeachment en marcha. Pero el solo hecho de que el término empiece a circular en conversaciones internas del Partido Republicano marca un punto de inflexión.
Fuentes citadas por Politico y The Guardian señalan que algunos legisladores temen que Trump esté forzando los límites constitucionales al plantear una anexión sin base legal ni consenso internacional, algo que podría encajar en un abuso de poder si se tradujera en acciones ejecutivas unilaterales.
El factor electoral: encuestas en contra
El malestar no es solo institucional. Según una encuesta de Reuters/Ipsos, solo uno de cada cinco estadounidenses apoya la idea de que EE.UU. intente adquirir Groenlandia. Entre independientes y votantes moderados, el rechazo es aún mayor.
Esa combinación —conflicto con aliados, desgaste interno y rechazo electoral— es la que ha disparado las alarmas dentro del GOP, especialmente de cara a unas elecciones legislativas clave en las que los republicanos defienden mayorías muy ajustadas.
De gesto simbólico a riesgo político real
Lo que empezó como una demostración de fuerza geopolítica amenaza con convertirse en una prueba de estrés para el propio sistema estadounidense. El Congreso observa, los aliados presionan y el Partido Republicano empieza a preguntarse si seguir a Trump hasta el final en Groenlandia compensa el coste político.